No obstante su larga historia, que arranca con los pueblos originarios de lo que hoy es nuestra nación, la filosofía mexicana ha padecido múltiples adversidades que incluyen rupturas, fracturas, negaciones, minimizaciones y, se diría que de manera crónica, una invisibilidad por demás injusta que no se corresponde con su relevancia ni, sobre todo, con su utilidad en el enriquecimiento cultural colectivo y, por lo tanto, de la vida pública en general. El trabajo de filósofos y divulgadores como Miguel León Portilla, Leopoldo Zea, Gabino Barreda, Ramón Xirau, Antonio Caso, Vicente Lombardo Toledano, Samuel Ramos, José Gaos, Adolfo Sánchez Vázquez, Luis Villoro, Ricardo Guerra, Emilio Uranga, Enrique Dussel y Eli de Gortari, entre muchos otros, no sólo merece una difusión mucho más amplia sino es fundamental para cimentar y fortalecer nuestra identidad nacional y enfrentar de mejor manera los desafíos del presente.