En 1968, cuando el narrador e historiador estadunidense Theodore Roszak publicó su bien conocido ensayo El nacimiento de una contracultura, este último término funcionó a la perfección para teorizar acerca de las manifestaciones culturales que no encajaban en las categorías del estatus quo, ya fuera por simplemente distintas o por francamente opuestas. Con el tiempo, al menos en México, el concepto sufrió algo que sólo cabe considerar un abuso: demasiadas expresiones –literarias, teatrales, musicales, plásticas, etcétera– recibieron la denominación “contracultural” incluso por simple y desagradable presuntuosidad. Casi tres décadas más tarde, con su bien conocido libro La contracultura en México, José Agustín historió y dio la pauta de lo que sí y lo que no forma parte de ésta. En lo que hay consenso es el carácter contracultural de un movimiento colectivo como el Tianguis del Chopo, en Ciudad de México, no sólo en cuanto a la música sino a un modo entero de ser y pensar. Sobre ese y otros asuntos afines versa la presente entrega.