Vagabundo, marinero y escritor autodidacta, el estadunidense Jack London, autor de la célebre novela Colmillo Blanco entre otras, refleja en su obra todo aquello que vivió y de lo que fue testigo: lo mismo su vida como obrero en una empresa enlatadora que sus viajes al lejano Oriente, que sus experiencias en la cárcel, cuando fue apresado por vagabundeo. Sensible y de visión certera, London tiene la rara virtud de narrar abismos y volverlos no se dirá buenos o amables, pero sí comprensibles y capaces de suscitar más que asombro u horror, solidaridad con sus protagonistas –humanos o animales–, así convertidos en auténticos espejos del alma de quien lee. A ciento cincuenta años de su nacimiento y ciento diez de su muerte –tan prematura, con apenas cuatro décadas–, y a ciento veinte de la primera aparición de la citada Colmillo Blanco, sin duda su obra más conocida, honramos la memoria de un novelista y también periodista que se cuenta entre lo mejor que ha dado Estados Unidos, y lo acompañamos con un fragmento de El mexicano, otro libro suyo poco recordado.