Anécdotas / La atleta, la nieve y el catecismo

- Beatriz Gutiérrez Müller - Tuesday, 10 Mar 2026 13:46 Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp

Hace no mucho se realizaron las Olimpiadas Invernales 2024. ¿Tuvo tiempo de mirar algo, doña Clofis? Supongo que sí. Nuestro país no es muy afecto a deportes invernales por su situación geográfica, su orografía y sus coordenadas y la nieve es antes bien un “fenómeno” para la mayoría.

Por ser el Día Internacional de la Mujer, quería hablarle de Sybil Queenie Newall, pionera en más de un sentido porque las damas, hacia 1908, no estaban, en su inmensa mayoría, entrenando para competencias internacionales. Tampoco hoy, siendo honestas. Pero dudo mucho que, de hecho, se les diera permiso de viajar si no fuese acompañadas de sus maridos. Me temo, por lo que he leído, que de hacerlo (entrenar y viajar) las atletas deberían pertenecer a una “clase social alta”, como se le llamaba en esos años al espectro de quiénes son y cuántos lingotes preservan en el banco, en la chequera y activos en empresas.

Le remarco que iba a homenajear a la pionera de las mujeres en competir en unos Juegos Olímpicos, proeza singular porque era, aunque hubiese sido millonaria, una afrenta al rol asignado para ellas hace más de cien años. Además, ganó la medalla de oro en tiro con arco a los 53 años. Es hacer historia porque la manera en que era descrita una dama de 53 años en ese entonces dista de lo que hoy se escucha: es una “anciana”, “peinacanas”, “jorobada” y más. Los poetas de comienzos del siglo XX las asociaban al cansancio, la veteranía, la resignación, la fatiga, la docilidad y a un buen número de nietos. Todo debido a la creencia de que éramos el “sexo débil” o el “bello” mientras que los hombres, se alzaban como el “fuerte” o el “feo”. ¿Se acuerda del dicho popular de que “el hombre es como el oso; entre más feo, más
hermoso”?

Pues bien, en esas estaba, queriendo saber cuáles son las regiones en donde más nieva en el mundo, cuando me topé con este sugerente libro: Catecismo de Geografía. ¡Catecismo de geografía!, repetí en voz alta. Un compendio bajo ese nombre resultaba más que sugerente. Por este dejé todo lo de la campeona Queenie Newall.

Me detengo en Suecia. La pregunta, como la del catecúmeno, es: “¿Cuál es el carácter de los suecos?” A lo que el prosélito debía responder: “La fuerza y la resistencia al trabajo.” Otra: “¿Cuáles son las costumbres dominantes en Suecia?” “La urbanidad, la afición a la guerra, el valor, la actividad, la aplicación al estudio, el lujo.”

Me quedé ahí, pasando las páginas, como en parroquia por las tardes de sábado. Me llamó la atención que los noruegos “son fuertes, valientes, amistosos, apasionados y vengativos”. Lea conmigo esta chistosa pregunta: “¿Qué especie de país es Prusia?” ¿Cómo que los países se dividen en “especies”, doña Clofis? Y… en la respuesta estaba la clave: “Es un país muy rico y fértil que produce con abundancia lino, cáñamo y trigo.”

El Catecismo de geografía fue publicado primero en inglés por Rudolph Ackermann (Londres, 1823). Me volví loca cuando hallé una página aclaratoria. ¿Qué va a explicarnos el británico? Leamos: “Nota para vencer todos los escrúpulos que pudiera ocasionar el uso de la palabra ‘catecismo’ aplicada generalmente a libros de religión. Debemos prevenir a nuestros lectores que no está exclusivamente consagrada a materias religiosas, sino que indistintamente significa todo libro escrito en preguntas y respuestas.” Ah, gracias por aclarar, Mr. Ackermann, iba a entrar en un shock lingüístico.

Sin embargo, destacan en ese peculiar libro los estigmas ideológicos para cada nación: mientras que lo relevante es que se sepa que los lapones hablan un “idioma apenas articulado”, es imprescindible reconocer que no hay ningún “Estado” más extendido en “el Universo”, que el imperio ruso.

¡Feliz primavera a todas las mujeres del mundo! l

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