Artes visuales / Bienvenida y despedida a la Colección Jacques y Natasha Gelman

- Germaine Gómez Haro germainegh@casalamm.com.mx - Tuesday, 10 Mar 2026 13:47 Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp

Encontrar una larga fila para ingresar al Museo de Arte Moderno (MAM) un viernes por la mañana es algo totalmente inusual. Por supuesto, la recién inaugurada exposición Relatos modernos. Obras emblemáticas de la Colección Gelman Santander es un gran acontecimiento, por tratarse del regreso a nuestro país de una de las más importantes colecciones privadas de arte mexicano tras una itinerancia por el mundo de más de veinte años. La exhibición, de sesenta y ocho obras excelsas de esta colección, que se pudo ver por última vez en México en el Centro Cultural/Arte Contemporáneo (CCAC) de Televisa en 1998, justifica la inusitada afluencia, pero lo cierto es que las noticias en redes y prensa a propósito del incierto devenir del acervo también ha contribuido a despertar la curiosidad (y el morbo) del gran público.

La presencia de las más emblemáticas y archiconocidas obras de Frida Kahlo, aunadas a la pléyade de autores clave del modernismo mexicano, como Diego Rivera, Rufino Tamayo, David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco, María Izquierdo, Carlos Mérida, Ángel Zárraga, entre muchos otros, hacen de esta exhibición una oportunidad única que el público podrá disfrutar hasta el 17 de mayo. La cara oscura de este acontecimiento es que la colección se va de México indefinidamente tras su inexplicable venta por parte del albacea ‒Robert R. Littman‒ a la familia Zambrano de Monterrey, quienes a su vez “cedieron” la gestión del acervo al Grupo Santander, cuyo nuevo recinto cultural, El Faro, en la capital cantábrica que está a punto de ser inaugurado, albergará la Colección.

¡Qué vueltas da la vida! Ni en su peor pesadilla, Jacques y Natasha Gelman habrían vislumbrado el oscuro destino de su colección. Tuve el placer de conocerlos a principios de los años ochenta. Coincidimos en una cena de Televisa en Nueva York donde tuve la osadía de presentarme con Natasha y comentarle que estudiaba Historia del Arte y había escuchado de su magnífica colección de arte moderno europeo que todavía conservaban en su departamento de Park Avenue, posteriormente donada al Museo Metropolitano (MET). Le habrá hecho gracia mi arrojo, pues al día siguiente nos recibieron a mi esposo y a mí, y gozamos de un inolvidable recorrido privado por la historia de las vanguardias europeas del siglo XX, aderezado con los comentarios personales y anécdotas sobre sus adquisiciones. Así eran los Gelman: de una generosidad, elegancia y sencillez poco comunes. Recuerdo a la bella Natasha, sonriente y platicadora, en tanto que Jacques, de carácter más sobrio, era sumamente discreto y ensimismado. En más de una ocasión escuché hablar de los planes para su colección mexicana, que habría de permanecer sin dispersarse en nuestro país, que les dio refugio y las oportunidades que el brillante productor de cine ruso supo aprovechar. Ya fallecido Jacques, Natasha depositó su confianza en el CCAC y su entonces director Robert R. Littman, para dejar su colección en préstamo entre 1992-1998, cuando el museo cerró tras la muerte de Emilio Azcárraga Milmo, su fundador y mecenas. A partir de entonces, el vínculo de amistad y confianza entre Natasha y Robert R. Littman se estrechó aún más y lo nombró albacea de su legado. Nadie nos ha explicado en qué momento el albacea pasó a ser el dueño de la colección y tan campante pudo venderla. Tampoco queda clara la negociación entre los nuevos propietarios y el Grupo Santander. Y no deja de llamar la atención el hecho de que el nombre de la colección ahora lleve un segundo apellido: Gelman Santander. ¿Es válido el atrevimiento? Los argumentos de nuestras autoridades culturales también dejan muchas dudas en el aire. ¡Cuántos atropellos, cuánto desacato! Queda el nombre de Jacques y Natasha Gelman impreso en la historia del coleccionismo y el mecenazgo en México. Pero el futuro de esta inigualable colección es incierto. La historia no para aquí… l

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