Ataques a la diversidad: la lectura como antídoto

- José María Espinasa - Tuesday, 10 Mar 2026 13:35 Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp
Estos tiempos aciagos han tenido un profundo efecto en todos los ámbitos. En México, la cultura, específicamente en el mundo de los libros y las editoriales, ha reaccionado para mantener y fomentar la diversidad que tanto irrita a los Trump y los Milei, mediante la traducción de autores de distintas latitudes. Este artículo da algunos ejemplos.

 

Hoy la noción de exilio cambia con las políticas fascistas de Donald Trump, la persecución del migrante económico lo transforma en un exiliado político: lo exilian de su migración, lo exilian de su exilio; no regresa, lo expulsan. ¿Cómo asumir la actitud de Trump ante Gaza o ante Venezuela o Cuba? Dice, desde la posición del propietario, que a Gaza la “vamos” a hacer nuestra para reconstruirla y volverla un lugar civilizado, y a Venezuela y Cuba libres según su muy estrecho concepto de libertad. Lo que entiende por civilizado es un resort turístico. Las comillas en la palabra “vamos” tienen como finalidad expresa referirse a todos aquellos que no nos sentimos representados por ese plural retórico. Igualmente comprar Groenlandia: apropiarnos del territorio o del otro, por amplios o estrechos que sean los márgenes de su otredad, no importa, hay que anularlo, someterlo a un bloqueo homicida o secuestrar a sus gobernantes.

Frente a la condición siniestra de esta ideología hay algo peor: la anulación de la misma cultura desde sus raíces, precisamente las otredades. Si esa visión triunfa no nos podemos siquiera imaginar lo que se habrá perdido en la idea de civilización. Habremos pasado a ser exiliados del mundo democrático, frente al arraigo deseado seremos seres condenados ‒porque no es elegido‒ al nomadismo espiritual. Por eso es tan importante la defensa de las diferencias.

Frente a la razón del “propietario del planeta” que representa el discurso de Donald Trump es evidente que, en distintos ámbitos, desde el político y el cultural, pasando por el espiritual y el social, hay una razón, a veces ni siquiera racional sino puramente instintiva, de proteger una idea de civilización. En México, por razones de vecindad física y dependencia económica hay un miedo que está a punto de volverse terror. El buen quehacer político del gobierno de Claudia Sheinbaum no nos quita del todo esa sensación. En el terreno de la cultura es evidente que, planeada o no, hay una reacción del organismo reforzando anticuerpos, por ejemplo, los de la bibliodiversidad.

He puesto en otras ocasiones el ejemplo de una experiencia propia: en una Feria del libro de Guadalajara estaban uno junto a otro los stands de la editorial Akal, en donde trabajaba yo, con una oferta de más de quinientos títulos, y una en que se vendía un solo libro, del cantante Diego Verdaguer. El contraste era evidente: multitudes con el libro de cienciología (según recuerdo).

Hoy las editoriales, sobre todo las pequeñas y las independientes, están apostando por una diversidad que no sólo atañe a los temas y géneros, sino también a los ámbitos geográficos. Los Premio Nobel Han Kang y a László Krasznahorkai son una buena muestra en el aspecto más visible que contrasta con el ridículo Nobel de la Paz a María Corina Machado. Así, en México se empieza a dar un lugar a las literaturas en lenguas indígenas escritas hoy, es decir, no a recuperaciones de carácter antropológico e histórico, sino a una literatura actual. En los festivales de poesía suele haber autores en esas lenguas que sorprenden a los que escuchan con una sonoridad extraña, como venida de otro mundo (y es más que una metáfora: sí es otro mundo). La alteridad, la convivencia con ella y su fomento, es una manera de defenderse del neofascismo a la Trump o a la Milei.

Como lector me pregunto cuál es mi ámbito lingüístico y geográfico: leo mucho a escritores mexicanos y en español, menos a aquellos que escriben en francés o en inglés, con la dificultad del manejo de la lengua y de conseguir los libros, incluso en el universo de Amazon. Ya olvidémonos de lenguas más lejanas o simplemente totalmente ajenas (por ejemplo, el caso de la literatura coreana).

Me sorprende, sin embargo, el interés que despiertan en otros y a veces también en mí, literaturas de distintas regiones y lenguas que tengo que leer en traducción, porque eso, la traducción, es un esfuerzo adicional al editar. Aumenta los costos y no siempre parte de una certidumbre en las ventas. El Nobel asegura un cierto número de lectores para un autor noruego o coreano que no sea conocido en español. Por eso me parece importante resaltar la labor que está haciendo en este momento Ediciones del Lirio. Menciono algunos ejemplos: Diez poetas clásicos irlandeses (traducción y prólogo de Jorge Fondebriden). En efecto, está el original escrito en inglés, pero es un inglés de Irlanda, en muchos sentidos otro inglés, como puede ser el de Australia (Les Murray) o el del Caribe (Derek Walcott). A los dos los ha traducido de manera espléndida José Luis Rivas.

Sobre el asunto irlandés volveré en el futuro. Me interesa destacar tres libros de narrativa: Pescador del río Padma, cuya primera edición se publicó en 1936, hace noventa años, y en bengalí y en juego de espejos, la novela Princesa negra de dos estambres de Anisuz Zaman, traductor de la primera. Si le pregunto al lector ¿qué escritores indios ha leído? Es posible que me diga, si acaso, el hoy un poco olvidado Rabindranath Tagore, pero nada más. Y para terminar agrego otra novedad de Ediciones del Lirio, Brisa Marina de la escritora austríaca Carolina Schutti (traducción de Johanna Malcher). Cada vez que en la televisión o en la web se dé noticia de alguna de las barbaridades de Trump, corra a buscar y a leer libros como éstos l

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