Cinexcusas / Sorpréndeme, Oscar (I de II)
- Luis Tovar @luistovars - Tuesday, 10 Mar 2026 13:40
Puesto que jamás han faltado nexos entre cine y política –y tal vez dichos nexos son en estos días aún más acusados que de costumbre–, será interesante ver lo que suceda con Fue sólo un accidente (2025) en la nonagésima octava entrega de los premios Oscar, que se entregan de hoy en ocho. Escrita, coproducida y dirigida por Jafar Panahi, la cinta está nominada en la categoría de Mejor Película de habla no inglesa, y la razón de la expectativa es simple: si bien se trata de una coproducción entre tres países –los otros dos son Francia y Luxemburgo–, uno de ellos, y el principal, es Irán, es decir, el país más recientemente elegido para ser calumniado, asediado, bombardeado, intervenido e invadido –falta ver en qué medida lo consigue– por el actual gobierno estadunidense, con la colaboración del genocida Estado de Israel, principal brazo armado en Medio Oriente del igualmente genocida gobierno de Donald Trump.
A la muy politizada y muy poco seria Academia cinematográfica que despacha en Hollywood podría venirle bien premiar a un cineasta históricamente incómodo para el régimen islámico iraní, contra el cual Panahi se ha expresado en numerosas oportunidades, que lo ha encarcelado un par de veces, le ha prohibido salir del país y lo ha acusado de “antinacionalismo” precisamente por su obra. Es claro que, para los intereses de la poderosa y abundantemente proisraelí maquinaria fílmica estadunidense, sería muy provechoso premiar a Panahi, pero hay cuando menos un par de peros: a principios del presente siglo, el cineasta fue maltratado en Estados Unidos por un asunto meramente burocrático que derivó en exceso, grosería y escándalo, con Panahi esposado, retenido durante horas en los separos del servicio gringo de migración y devuelto a Hong Kong –sólo estaba de paso rumbo a Uruguay. Si acaso le dieran un Oscar, muy difícilmente iría a recogerlo, no sólo por el citado antecedente sino, sobre todo, por lo inmanejable que podría ser la presencia de un iraní en el país que está bombardeando su país –y claro, faltaría que Panahi quisiera.
De cualquier modo, y sólo hablando de calidad fílmica reconocida, Fue sólo un accidente, que ya ganó entre otros reconocimientos la más reciente Palma de Oro en Cannes, no necesita en absoluto al monigotito gringo.
Lo premiado y los premiadores
Para quien ignore la verdadera naturaleza del Oscar y siga creyendo que se trata de algo cinematográficamente serio, o que no se trata nada más que de un trofeo con el cual, además de grandes negocios, lo que suele hacerse es política, van algunos datos: de los aproximadamente 9 mil 900 miembros de “la academia” que votan en las diferentes categorías a premiar, setenta y cinco de cada cien son hombres, y sólo una quinta parte pertenece a etnias minoritarias. En otras palabras, entre setenta y cinco y ochenta por ciento de los premiadores son hombres blancos. Eso explica, y no sólo ahora sino en términos históricos, lo que le parece bueno a la poderosa industria cinematográfica estadunidense: todo aquello que convalide, reproduzca o ensalce sus “valores” y, para evitar señalamientos de racismo, clasismo y demás ismos, de vez en cuando y con cuidado uno que otro premio “a la diversidad”, ya sea étnica, de clase o de género.
Por lo demás, la decena de nominadas a Mejor Película –Bugonia, F1, Frankenstein –entran suspiros nacionalistas poco justificables–, Hamnet, Marty Supreme, One Battle After Another –la maravilla de Paul Thomas Anderson que “debería ganar”–, O Agente Secreto –la brasileña que muy probablemente gane como “de habla no inglesa”–, Sentimental Value, Sinners y Train Dreams–, unas más que otras pero en el fondo cualquiera, tiene lo suficiente como para que la panda anglosajona dominante la declare ganadora.
Otra cosa sería si en la hollywoodense competencia hubiera entrado Kuangye Shidai –“tiempos salvajes” en chino–, también llamada Resurrection, dirigida por Bi Gan, un filme prodigioso de los que se ven cada muchos años (Continuará).