De Kandahar a Filadelfia: la lengua griega en el tiempo
- Alex Kalamarides* - Tuesday, 10 Mar 2026 13:20
Una lengua como la griega donde una cosa es el amor y otra cosa es el enamoramiento. Otra cosa es el deseo y otra la añoranza. Otra cosa es la amargura y otra el desasosiego. Otra cosa son las entrañas y otra los intestinos.
Odysseas Elytis
Hace alrededor de cuatro mil años algunas tribus de las que hoy llamamos indoeuropeas, pueblos que se había instalado en las estepas del norte del Mar Negro, se asentaron alrededor de los cerros del sur de la península balcánica. Las tribus traían consigo no sólo conocimientos de agricultura y de cerámica, sino también sus impresionantes caballos, sus armas metálicas, sus carros con ruedas y, parte muy importante, su religión y leyendas ricas en personajes y cuentos.
En el área actualmente conocida como Grecia, las tribus invasoras encontraron pueblos agrícolas con su propia civilización, costumbres y arte. En pocos siglos, mediante un proceso de invasión y conquista, se adueñaron de Grecia, mantuvieron su estructura tribal y su idioma indoeuropeo, y esclavizaron a la población local y se mezclaron con ella. El proceso de conquista probablemente fue algo parecido a la conquista de México por los españoles.
Los análisis de ADN revelan que los indoeuropeos, a pesar de dominar con su lengua y costumbres, sólo contribuyeron con un quince por ciento en el ADN actual de sus descendientes, los griegos. El ochenta y cinco por ciento restante viene de las tribus primigenias de Grecia, cuya cultura está preservada en cuentos, palacios, escultura, pinturas y hasta su escritura aún no descifrada, Lineal A, encontrada principalmente en el sur de Grecia y en Creta.
Hace tres mil quinientos años, el nuevo idioma, indoeuropeo en su núcleo pero con elementos autóctonos, adoptó y adaptó la escritura Lineal, en la forma de Lineal B, estableciendo el griego como el segundo idioma indoeuropeo más antiguo, y el idioma mundial más longevo en la historia.
Entre la multitud de héroes de la larga historia griega, él más cercano al arquetipo griego es Odiseo, mejor conocido en español como Ulises. Πολυμήχανος Οδυσσέας, (Polimíjanos Odiseas) el ingenioso Odiseo, que nunca se detiene, explora el mundo, se adapta a él, ingenia nuevos conceptos y soluciones a los retos encontrados en el camino, deja su huella, pero nunca olvida su origen, y así siempre regresa a su Ítaca en Grecia, la fuente de su nostalgia y su alimento espiritual. ¡Qué metáfora más apta para el viaje y el impacto de la lengua griega alrededor del mundo a lo largo de miles de años!
Nikos Kazantzakis, el griego universal, representa un ejemplo perfecto del arquetipo de Odiseo. Kazantzakis pasó largas temporadas en varias partes del mundo, lugares en donde, como una abeja, obtuvo el néctar que hizo posible la miel de sus obras. Desde su tierra natal en Creta, en Atenas, París, Monte Athos, Zurich, Tbilisi, Viena, Berlín, donde escribió su famosa Ascética, la isla de Égina, donde pasó los días oscuros de la ocupación nazi de Grecia y, eventualmente Antibes, en el sur de Francia, un medioexilio donde escribió algunas de sus obras maestras. Kazantzakis viajó siempre, hasta sus últimos días.
Letras y lugares
¿Qué tiene que ver todo esto con el idioma griego? En sus viajes, durante siglos, el griego, como Odiseo y Kazantzakis, se convirtió en un idioma universal y así interactuó y dejó su huella profunda de muchas e inesperadas formas alrededor del mundo.
La interacción más famosa fue la invención del alfabeto griego en el siglo VII aC, basado en las letras fenicias que dieron sonidos específicos a ciertos jeroglíficos egipcios: la cabeza de vaca con sus cuernos, boca arriba, se convirtió en la letra Α, manteniendo la palabra original semita, alfa; la casa se convirtió en “beta”, Β, de la palabra semita beth que significa casa, como en Beth-lehem o Belén, (“casa de pan” o panadería); el camello, así como se ve un camello de lejos en el desierto, dio la forma de Γ, la letra “gamla” o “gamma” manteniendo la palabra original hasta para el mismo animal; el triángulo, “delta”, Δ, de la palabra semita para el número “tres”, thalátha en el árabe hasta hoy en día; y las demás letras. Los griegos mantuvieron con fidelidad las formas originales de los jeroglíficos; esas formas se perdieron en otros alfabetos provenientes del fenicio, como el actual árabe, el hebreo, etcétera. Por su lado, el alfabeto griego dio luz a sus dos descendientes inmediatos: el nuestro, el alfabeto latino, y el cirílico, del imperio ruso.
El griego en la historia
Más allá del alfabeto, el idioma griego acuñó muchas de las palabras que se usan en cualquier idioma. La misma palabra “palabra”, como el verbo “hablar”, provienen del griego παραβολή (parabolí), que se usaba en la época romana para los discursos y los sermones de Jesucristo. Curiosamente, la palabra más común para discurso en el griego moderno es ομιλία (omilía), que existe así en español, “homilía”, y significa un discurso cristiano. La mayoría de las palabras del griego, sí, existen en español (aunque medio a escondidas) lo que en realidad facilita el aprendizaje del griego especialmente para un hispanohablante.
Cuatro razones generan el impacto extraordinario de un idioma que sólo se habla actualmente por apenas 0.2 por ciento de la población mundial. La primera es la cultura: Grecia desarrolló los elementos estructurales de la civilización occidental, como la lógica matemática, la filosofía, las instituciones políticas, la historia, las siete artes y muchos más. Por eso, las palabras asociadas con los conceptos se aplicaron alrededor del mundo. Palabras como música, hora, teatro, poesía, astronomía, geometría, física, geología, microbiología, anatomía, pero también gimnástica, carácter, problema, sistema, gastronomía, análisis, política, oratorio, y muchísimas más nacieron en Grecia. Un secretario de Hacienda de Grecia, Xenofón Zolotas, con mucho orgullo dio un discurso en el Fondo Monetario Internacional, en 1957, supuestamente en inglés, que consistía enteramente de palabras en griego.
La segunda razón tiene un nombre: Alejandro Magno. El joven heredero del reino griego de Macedonia en el norte de Grecia y alumno de uno de los filósofos más importantes, Aristóteles, pudo conquistar, en el año 330 aC, todo el imperio persa y así extendió el uso del griego desde Grecia hasta India. Fundó una serie de ciudades que llevan su nombre, Alejandría. La más famosa es la ciudad de Alejandría de Egipto, pero también Alejandría es la ciudad de Kandahar, con el mismo nombre hasta hoy en día en Afganistán. Alejandro fue tan famoso y respetado alrededor del mundo que varios héroes y reyes se identificaron con su nombre –del rey Iskandar de Malasia, hasta Skenderbeg, el héroe nacional de Albania. Alejandro convirtió el griego en el idioma internacional durante siglos después de sus conquistas, en las épocas llamadas helenística, romana y bizantina.
A pesar de la conquista romana, el griego siguió siendo el idioma internacional en la época de Jesucristo. Los romanos veneraban el griego por sus conceptos y civilización, adoptaron muchas de sus palabras al latín y los más cultos hablaban en griego entre ellos. Por eso el cristianismo se difundió en griego, el idioma original de los Evangelios y del resto del Nuevo Testamento. La traducción del Nuevo Testamento al latín clásico no tuvo éxito: sólo se adoptó, al final, la traducción en el siglo IV al latín de vulgar, cuando mucha gente en Italia, España, Francia y el norte de África ya no se educaban en latín clásico ni en griego como consecuencia de la derrota del imperio romano. La palabra cristo proviene del griego, así como iglesia, obispo, monje, ángel, diablo, etcétera. El nombre de Múnich, la ciudad alemana, proviene del griego, Μόναχον (monajón) porque era originalmente el sitio de un monasterio de monjas. De la misma época provienen palabras como: cielo, del griego κοίλον (kílon); cobre proveniente del nombre de Chipre, una fuente importante de ese metal en la Antigüedad; calamar del griego κάλαμος (kálamos), caña, porque el hueso de calamar se siente como una pequeña caña, y nombres como Esteban y Estefanía, que significan corona.
La tercera razón es por su parentesco indoeuropeo con la mayoría de los idiomas de Europa y de India, lo que hace su estructura más familiar y las palabras menos extrañas. Obviamente, algunas veces eso podría llevar a conclusiones equivocadas, por ejemplo, la palabra original de un campo cultivado, ager en latín, es muy parecida a αγρός (ágros) en griego, debido al parentesco indoeuropeo de los dos idiomas. Pero la palabra agricultura es de origen latino, no griego: en este caso la palabra en griego es γεωργία (georgía): trabajo (έργον/érgon) de la tierra (γαία/gaia) que generó los nombres Georgia y Jorge. Además, el griego tiene una incomparable agilidad para formar nuevas palabras precisas y elegantes y crear nuevos conceptos, por ejemplo filadelfia, el nombre de varias ciudades, incluso la más famosa en Pensilvania, que significa “amor o amistad de hermanos”, un nombre lleno de mensajes, significado y elegancia.
La cuarta razón emerge del reemplazamiento de la parte oriental del imperio romano debido a la conquista de su capital indispensable, Constantinopla, por los turcos otomanos en 1453. El imperio romano, al convertirse en un imperio cristiano por el emperador Constantino en el año 325, y establecer su capital en Constantinopla, la antigua colonia griega de Bizancio, pudo salvar y mantener la presencia imperial romana en el mundo por más de once siglos, a pesar de la caída eventual de Roma en el año 476. Sus habitantes, casi todos de habla griega, se definieron siempre como “romanos”, y su forma coloquial, ρωμιοί (romií) sirve de autodefinición entre los griegos modernos hasta el presente. Con su base en Constantinopla y la fuerza del idioma griego, los romanos del este pudieron mantener muchos aspectos de la cultura, civilización y pensamiento de los antiguos griegos, consiguiendo un sincretismo con una nueva religión dogmática. En contraste, la religión impulsó al resto de Europa a los siglos de la Edad Oscura, a pesar de la “reinvención”, en el oeste, de Roma como “Imperio Santo”, por Carlomagno y otros líderes durante esos tiempos turbulentos.
La caída de Constantinopla a manos de los turcos musulmanes, quienes establecieron su imperio otomano sobre las cenizas de los romanos, aceleró la migración de los griegos educados a Italia y a otros países cristianos de Europa. Ahí impulsaron el Renacimiento humanista de Europa, en los siglos XV, XVI y XVII. Los demás europeos, al redescubrir así la era clásica de Grecia, empezaron por fin a salir gradualmente del dogmatismo de la Edad Oscura. El griego se convirtió en el idioma de los educados de Europa y pronto formó parte fundamental en los currículos de las universidades que se fundaban por todas partes. Por ejemplo, el científico inglés más famoso, Isaac Newton (1643-1727), usaba principalmente el griego para anotar sus ideas y descubrimientos en sus diarios y cuadernos. Edgar Allan Poe (1809-1849) tradujo y adaptó poemas del griego antiguo, como parte de sus primeras obras.
La terminología del griego se estableció firmemente en la mayoría de los idiomas y la invención de palabras griegas para nuevos conceptos, lugares y descubrimientos se hizo práctica normal. De esa época provienen nombres de lugares como Polinesia, el lugar de muchas islas, Antárctica, el lugar opuesto a las tierras de los osos (árcticas, de άρκτος /árktos), oso en griego); Filipinas, las islas del rey Felipe de España, cuyo nombre significa “aficionado (φίλος/ filos) a los caballos (ίππων/ippón), Indianápolis, la ciudad (πόλις/ polis) de la tierra de indios (ινδιάνοι/ indianos). También nombres de descubrimientos y conceptos científicos, como “electricidad”, el efecto del ámbar (ήλεκτρον/ ilectron); “entropía”, la energía “que se torna (τροπή/ tropi) hacia adentro (εν/en); dinamita, el material lleno de fuerza (δύναμις/ dinamis); “psicología”, el razonamiento (λόγος/ logos) del alma (ψυχή/ psique) y muchos más.
Las colonias antiguas griegas alrededor del Mediterráneo necesitaban reclutar colonos que dejaran voluntariamente (¡por ser democráticos y ciudadanos libres!) sus hogares en Grecia para establecerse en las nuevas colonias. Por eso daban nombres a los nuevos lugares que fuesen lo contrario de alguna desagradable realidad: el Mar Negro, con los indígenas belicosos en sus alrededores, se estableció en griego como Εύξεινος Πόντος (Efxenios Pondos), la tierra buena y hospitalaria. La adopción de esa práctica por los europeos llevó, por ejemplo, al nombre “Groenlandia”, Tierra Verde, para una tierra que no tiene árboles Y “eucalipto” para un árbol útil pero cuyas hojas cubren la tierra con casi nada de sombra.
Para cerrar, he aquí la inscripción que adorna la entrada de mi alma mater, la Universidad de Rice en Houston: “Entonces fue Demócrito quien, como se pretende, decía que querer encontrar una razón de las cosas es más que hacerse el rey de los Persas”, el imperio más poderoso en su época l
*Alex Kalamarides, nacido y educado en Grecia, estudió en la Universidad Nacional Kapodistríaca de Atenas y es doctor en Física por la Universidad Rice en Houston, Texas. Vive entre México y Estados Unidos. Es además un políglota (español, inglés, francés, alemán y portugués) que se ha dedicado durante décadas a promover la lengua y la cultura griegas en el mundo.