SOS para un monumento histórico en Metztitlán, Hidalgo
- Xavier Guzmán Urbiola - Sunday, 08 Nov 2026 00:18
El crecimiento sin planeación técnica gubernamental a nivel federal, estatal y municipal es grave, añejo y debe hacerse un mayor esfuerzo para revertir los daños que causa. Existen asentamientos en barrancas que, en épocas de secas no presentan riesgo, pero durante las lluvias se convierten en trampas que cobran vidas o, es frecuente desde el siglo XIX hasta hoy, que los ensanches de las ciudades no los dicten las autoridades basadas en sus estudios, sino los desarrolladores inmobiliarios con base en sus intereses. Un caso sui géneris se vive desde hace treinta años en Metztitlán, Hidalgo.
Se trata de un poblado serrano asentado en un valle seco y portentoso. Esos son sus primeros datos. Dominado por la Sierra Madre Oriental, en ese costado las barrancas alcanzan un kilómetro. En el centro se encuentra una fértil vega alrededor del cauce del río Tulancingo y del arroyo Tlaxómotl. Al otro lado de la sierra se halla el estado de Veracruz. En el costado opuesto, el poniente, se encuentra la Barranca de Totolapan. El conjunto conventual agustino de los Santos Reyes se levantó ahí, sobre un pequeño promontorio que domina el paisaje, entre 1539 y 1569. Es un Monumento Histórico y cuenta con la protección del INAH.
El poblado ha crecido notoriamente desde
1980, pero lo venía haciendo sobre las laderas inmediatas de la Sierra Madre Oriental, tierras que presentan desde tiempo inmemorial un deslizamiento de sus capas de arcillas y lutitas, superiores e inferiores a una zona dura de basalto, entre los 8 y 25 metros de profundidad. Se trataba de un movimiento imperceptible. Así que, al permitir que se construyeran viviendas y tender redes de agua potable y drenaje en la vecindad del conjunto a una altura superior de éste, las fugas del agua potable y las descargas de aguas negras agravaron el deslizamiento provocando derrumbes en el convento, en las viviendas y edificios vecinos. Dichos problemas hicieron crisis en 1991.
El recién fallecido doctor Enrique Santoyo Villa, experto en temas del subsuelo, conoció el problema e hizo un dictamen en 1992. Recomendó concientizar a los habitantes de las viviendas construidas sobre el nivel del conjunto agustino y en seguida reubicarlos, para demoler sus antiguas viviendas, desmontar la red de agua ahí instalada, así como colocar testigos en el templo y construir un muro de contención sepultado en la colindancia más riesgosa del conjunto histórico, la oriente. Todo se llevó a cabo entre 1994 y 1997. Los resultados fueron exitosos, aunque surgieron nuevos problemas: la falta de mantenimiento y el olvido del monitoreo de los testigos del templo.
En 2010, Metztitlán sufrió el saqueo de su templo, en 2017 el sismo lo afectó y, el año pasado y el presente, atípicos en su volumen y cantidad de lluvias, lo que fue un alivio en diversas regiones del país, allá fue una tragedia, pues el montículo donde se halla el conjunto agustino se transformó en una isla. Esto afectó a un sinnúmero de viviendas. Pero, para el convento, si los derrames de aguas residuales eran graves, el agua que ahí se depositó durante 2025 fue peligroso para la estabilidad de su subsuelo. El muro de contención presenta hoy un pandeo ya no de milímetros, sino de 15 centímetros; las grietas en el convento se ampliaron; los murales del siglo XVI han sufrido daños, la obra mueble dentro del templo también muestra una situación frágil, mientras el suelo se mueve fatalmente. ¿Qué hacer?
La Dirección General de Sitios y Monumentos de Patrimonio Cultural de la Secretaría de Cultura federal, dirigida por el arquitecto Arturo Balandrano, es la instancia, junto con el INAH, que atiende los inmuebles Monumentos Históricos federales: palacios de gobierno, templos, puentes, acueductos, plazas, entre muchos otros. Ahí existe el Fondo de Apoyo a Comunidades para Restauración de Monumentos y Bienes Artísticos de Propiedad Federal (FOREMOBA), creado por el doctor Xavier Cortés Rocha, cuando fue su director, entre 2000 y 2007. Se trata de un noble instrumento, pues aporta el ciencuenta por ciento de los presupuestos para obras urgentes y de impacto social o cultural, con un proyecto serio y el compromiso de que el estado o municipio aporte el otro cincuenta
por ciento.
El municipio de Metztitlán solicitó dicho apoyo y le fueron concedidos en abril de 2026 los recursos para atender los problemas más graves de su conjunto monumental. Será sólo un paliativo, pero no puede desoírse su llamado de auxilio, pues la situación singularísima del lugar requiere atención.
Hoy un problema de tal complejidad puede transformarse en un ejemplo de cuidado de alta prioridad, donde nuestra investigación interdisciplinaria de vanguardia demuestre la calidad científica y humana de nuestros técnicos. Para aminorar el deslizamiento del suelo, Santoyo
en su dictamen dejó claros los límites de las acciones emprendidas, límites que ya se cumplieron. Sin embargo, en ese documento, sugerente como él lo fue, también abrió ventanas de exploración para continuar la experimentación e intentar detener ese grave problema. Se puede inducir un campo eléctrico de corriente directa para generar por electroósmosis que arcillas y lutitas drenen el agua que capturan, acompañando la acción anterior con la perforación de pozos. Se puede ensayar la integración de un agente que incremente las ligas químicas de las arcillas para eliminar su humedad y que adquieran mayor estabilidad.
Existe el compromiso formal del Municipio de Metztitlán para establecer contactos con la UNAM, el IPN, la UAM y retomar las investigaciones de Santoyo. Metztitlán necesita de nuestra ayuda. Mientras Ciudad de México se hunde por la sobreexplotación de sus acuíferos, ese poblado serrano, para no deslizarse, podría beneficiarse extrayendo su propio y estacional líquido vita.