Bemol sostenido / Metallica, entre títeres y abrazos
- Alonso Arreola @escribajista - Sunday, 08 Nov 2026 00:36
Hay algo terrorífico en la relación política y música. Los músicos pasan décadas cantando contra el poder y su corrupción, contra la manipulación mediática y contra la obediencia para, tiempo después, pedirle a su fanaticada que deje la conciencia en la puerta del concierto. ¿Cobardía, conveniencia?
Hace unas semanas James Hetfield, vocalista de Metallica, dijo en el escenario Sphere de Las Vegas que su banda no existe para influir políticamente en el público. Su agenda, gritó impulsivamente, consiste en “amor, energía y música pesada”. La declaración señalaba despectivamente a los muchos músicos que comparten su posicionamiento político.
Se entiende el deseo de convertir un concierto en espacio de descanso. Empero, cuando esa neutralidad se vuelve conformismo da la espalda a la música que construye miradas críticas del mundo, mediante letras y acciones que resuenan con quienes la escuchan. A ver si recuerda lo siguiente, lectora, lector.
En el año 2000 Metallica emprendió acciones legales contra Napster por fomentar la circulación gratuita de su música. Entonces la defensa por derechos de autor era comprensible, pero su estrategia puso a los melómanos al centro de una disputa que exigía cuestionar la industria, el acceso a la cultura y la carrera tecnológica.
En contraste, durante 2022 su fundación All Within My Hands apoyó a World Central Kitchen para atender la emergencia en Ucrania. Metallica participó, por tanto, en acciones concretas, políticas, frente a una crisis humanitaria. O qué tal si pensamos en su Master of Puppets, disco que retrata fuerzas capaces de someter y destruir la voluntad humana. O en el And Justice for All, allí donde el grupo aborda la corrupción judicial. Destaca entre sus piezas “One”, contra la guerra. Se trata de discos y canciones que reconocen mecanismos de dominación. Entonces, ¿qué le pasó al grupo?
Su conveniente residencia en Sphere integró sonido, imagen y tecnología en forma extraordinaria, sí, pero también permitió cuestionar qué sucede cuando un concierto de “metal” se aproxima al espíritu ñoño de un parque temático. Porque ante el asombro y la emoción el pensamiento encuentra menos espacio; se vuelve enemigo de la celebración. Afortunadamente, las reacciones y críticas son incontables. No enunciaremos ninguna. Mejor aplaudiremos otra acción, muy distinta.
El próximo 18 de noviembre, en el Teatro Metropólitan de la Ciudad de México, ocurrirá el Concierto por un abrazo. Caifanes, Ely Guerra, Vivir Quintana, Meme del Real, Kevin Kaarl y Contingentes Jaraneros se reúnen con un objetivo: financiar la organización del encuentro entre el Ejército Zapatista de Liberación Nacional y los colectivos de madres buscadoras. Ellas representan una profunda herida en México. Ante su mirada la evasión deja de ser legítima.
Por más que no le guste a Metallica, todo concierto puede proponer una idea de comunidad más allá de la experiencia deslumbrante y efímera. En su Master of Puppets el titiritero termina sometiendo a quien presumió tener el control. La metáfora continúa en muchas formas de obediencia disfrazadas de libertad. Sin embargo, todavía podemos tirar de los hilos en dirección contraria. Conocemos el poder de la multitud que se pone al servicio de alguien más. Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos.