San Cristóbal de Las Casas: la sonrisa del día

- Norberto Freire - Sunday, 01 Nov 2026 00:16 Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp
Esta crónica tiene como protagonista a una ciudad situada en Los Altos de Chiapas, al sureste de México. Entre poesía, literatura y arte urbano, el texto ofrece distintas miradas sobre este valle que, a lo largo del tiempo, ha recibido diversos nombres, entre ellos Jovel, en la época prehispánica –denominación que aún emplean indígenas de la región–; Ciudad Real, durante la Colonia y, desde 1848, San Cristóbal de Las Casas.

 

I

En estas calles es habitual preguntarse lo mismo que la poeta chiapaneca Ruperta Bautista. Ella, indignada, interroga a la justicia: “¿Existes y tienes acción por ti misma/ o eres instauración de los acaudalados?/ ¿O eres acaso sólo la mancha/ que camina en los ojos tristes del campesino?/
¿O quizá sólo la frase en el periódico?/ Porque
por donde camina/ la gente de mi pueblo/ te encontré nunca...”

II

En el CIDECI-Unitierra, al norte de la ciudad, el capitán insurgente Marcos –otrora subcomandante– explica a La Jornada Semanal lo que representa San Cristóbal de Las Casas para el Ejército Zapatista de Liberación Nacional. ¿Es posible que un país olvide las imágenes del 1 de enero de 1994, cuando miles de indígenas encapuchados tomaron esta ciudad y declararon la guerra al Estado mexicano bajo un ensordecedor “¡Ya basta!”? Marcos, con indumentaria oscura y una pipa humeante entre los labios, afirma: “Por un lado, significa el símbolo del desprecio, del colonialismo y del racismo; pero, por otro lado, el símbolo de una esperanza acerca de que puede nacer algo nuevo.”

III

“¡Aquí odiamos al zapatismo! Mi papá tenía muchas tierras y ellos se las robaron. No sé por qué hoy tantas leyes favorecen a los indígenas cuando todos deberíamos partir de la igualdad ante la ley. ¡Ahora vale más ser indígena que no serlo!”, enfatiza el propietario de un café del Centro Histórico de San Cristóbal. Y es inevitable recordar al personaje de don Agustín Velasco, descendiente de conquistadores, que en el cuento “La suerte de Teodoro Méndez Acubal”, de Rosario Castellanos, califica a los indígenas de esta ciudad como “una raza de ladrones”.

IV

En estas tierras, según escribió la poeta Ruperta Bautista, existen “Letras moldeadas con hambre de justicia,/ delineando los caminos de
la libertad,/ tinta y lágrimas que bajan de las
montañas de esperanza.” Andando por el Barrio del Cerrillo esos versos adquieren la forma de paredes y techos que cobijan palabras. Así, la librería La Cosecha recibe a sus visitantes con este letrero: “Aquí la lectura es libre”. Desde hace una década este proyecto no cubre los libros con
retractilado: cualquiera puede leerlos sin necesidad de comprarlos.

V

En “La música del agua”, Javier Molina –poeta y periodista oriundo de San Cristóbal– nos recuerda la belleza inherente a esas lágrimas de nubes que son las gotas de agua pluvial, entendidas como “escritura del tiempo,/ en los árboles del patio,/ en el color del barro de las tejas,/ en las huellas de la lluvia/ y de tus pasos”. Aunque en este valle también sus muros hablan, no sólo los poetas o las gotas. “Libérame, alma mía. Duerme un sueño pesado”, se lee en la fachada lateral de una vivienda. En otro muro, una denuncia: “43. Fue el Estado”. Caminando un poco más se vislumbra una frase de Umberto Eco: “Cuando el fascismo regrese, no dirá ‘Soy el fascismo’; dirá ‘Soy la libertad’”.

A pocas cuadras de la Plaza 31 de Marzo, un par de muros muestran algo tan devastador como mirar a un pájaro sin alas: decenas de imágenes de chiapanecos desaparecidos, vestidos con la camiseta de la selección mexicana de futbol, en alusión a las estampitas coleccionables durante el Mundial. Luis Fernando, Mariselda, Alejandro, Néctar, Emmanuel, Urbano y Rosario, entre tantos otros. ¿En dónde están y cuándo volverán a casa?

VI

Anochece. Decenas de tsotsiles y tseltales comercializan textiles en la Plaza de la Paz. A partir de las 18 horas se ubican bajo lamparitas que emanan una luz blanca: ¿un ejército de luciérnagas rasgando la oscuridad? A pocos metros se erige la Catedral de esta ciudad, presidida durante cuarenta años por Samuel Ruiz –tatic [padre], en tsotsil, como cariñosamente lo llamaron los indígenas de Chiapas. De nuevo, Marcos habla con La Jornada Semanal y comparte aquello que más extraña de don Samuel: “Su honestidad y su compromiso. Siempre estuvo dispuesto a reconocer cuando cometía un error y eso es algo que no cualquiera hace.”

VII

Amanece. El cerebro implora un buen café y aquí eso sobra. Entre voces en tsotsil, tseltal y español, mientras las manos de una jovencita no dejan de dar vuelta en el comal a decenas de tortillas azules, al recorrer el tianguis de la calle Díaz Ordaz se vuelve imposible no citar, entre labios, a Javier Molina. Pensando en esta ciudad, el poeta evocó: “Una niña/ mostraba/ el comienzo del mundo.// La mañana era azul/ era clara/ la sonrisa del día.”

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