Cinexcusas / Morelia 24 (II de III)

- Luis Tovar @luistovars - Sunday, 01 Nov 2026 00:22 Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp

Lo que sigue es un par de muestras del excelente nivel de calidad que, en materia de cine internacional, pudo verse en la recién concluida vigésimo cuarta edición del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM24).

Un cineasta de culto

A sus sesenta y nueve años de edad, y al menos desde hace un cuarto de siglo, el realizador y guionista polaco Pawel Pawlikowski es lo que todavía suele llamarse un autor de culto; en su caso no por una sola película ni una sola razón, sino muchas: My Summer of Love (2004), La femme du Véme (2011) e Ida (2013), por mencionar sólo tres de sus filmes, son testimonio de un dominio absoluto de las herramientas del lenguaje cinematográfico, en virtud del cual despliega una eficacia fílmico-narrativa notable y, al mismo tiempo, una fuerza visual deslumbrante –uno de los rasgos más celebrados de su cine– y con razón, pues si alguien ha dignificado y resignificado el uso del blanco y negro cinematográfico, es este cineasta fuera de serie de quien uno suele esperar su siguiente obra –y esta vez fueron nada menos que trece años. La espera culminó con Fatherland (2026), en español La tierra de mi padre, que este año le significó a Pawlikowski el Premio al Mejor Director (ex aequo) en el más reciente Festival de Cannes.

Fatherand demuestra que, a diferencia de muchos que no pueden respaldar sus dichos, Pawlikowski ha leído a Thomas Mann y lo ha leído bien, además de hurgar a fondo en la biografía del autor de La montaña mágica, La muerte en Venecia y Doktor Faustus: Mann es el protagonista del filme y el momento es cuando el escritor, tras la segunda guerra mundial, viaja por Alemania causando un revuelo que se corresponde con la impronta de su obra y su relevancia como personaje público. En el mundo dividido que daría paso a la Guerra Fría, Mann se conduce con una libertad que ni estadunidenses ni soviéticos, nuevos dueños del mundo en general y de la Alemania dividida en particular, son capaces de asimilar. Es la misma libertad que, paradójicamente mezclada con reproches filiales y admiración y respeto, su hija le revela en el viaje –lo acompaña en calidad de secretaria–, mostrando así al hombre detrás del héroe intelectual.

De periódicos y periodistas

Mucho más mediático, el británico Danny Boyle –recordado sobre todo por Trainspotting (1996) y Slumdog Millionaire (2008)– festejó siete décadas de vida con Ink (tinta, en inglés), muy acertado título para resumir la historia de ficción en la que cuenta, con una notable proximidad a los hechos reales, el quién/quiénes, los cómos y los porqués del ascenso inaudito de circulación e influencia periodística que, a finales de la década de los años sesenta del siglo pasado, experimentó el diario inglés
The Sun, cuya adquisición por el
hoy hipermillonario/nonagenario Rupert Murdoch fue el verdadero comienzo de una acumulación impresionante de dinero y poder, mientras que para Larry Lamb, editor en jefe, significó una revancha personal y el encumbramiento absoluto en su profesión, sólo que al precio de la respetabilidad misma del oficio periodístico. Para quien lo ignore, The Sun fue el primer periódico que explotó eso que vox populi llama “morbo”, compuesto por un sensacionalismo sin ambages en el enfoque y el lenguaje periodísticos, a lo que se añadió algo que hasta hoy permite identificar al peor pseudoperiodismo: la inclusión de pornografía suave a través de las infaltables “encueradas” –vox populi de nuevo–, todo lo cual garantiza altas ventas y bajo nivel informativo: hasta el día de hoy, The Sun es el diario más vendido en todo el mundo y, también, uno de los peor reputados. Sea por cálculo o por otro motivo, en lo que Boyle no metió ni la punta de la nariz es en los tumbos políticos que la publicación ha dado, antes y después de Murdoch, aunque con éste como propietario no extraña en absoluto el alineamiento del tabloide con el neoliberalismo más recalcitrante. (Continuará.)

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