Biblioteca fantasma / Inocencia devorada

- Evelina Gil - Sunday, 01 Nov 2026 00:35 Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp

Carlos es joven aún, no mayor de cuarenta años, y habita una casa ruinosa con antecedentes señoriales. Trabaja en la policía como vigilante de cámaras por internet. Es un absoluto misterio, hasta para sí. Desearía replegarse hacia adentro y velar el único amado recuerdo que mora en su mente surcada de pesadillas. Conocerá el amor, o algo parecido, en la persona de Fátima, una cellista que aprecia su hábitat debido a una virtud que sólo un músico es capaz de advertir: aquella casa posee una acústica maravillosa. Empieza siendo su inquilina y terminará siendo su novia. Pero Carlos es de pocas palabras, no sabe expresar sus sentimientos. El dolor de las pérdidas (la pérdida de una vida amada y la de la confianza que de niño depositó en los adultos responsables de aquella tragedia) le ha borrado todo rastro de expresividad. Sin embargo, Fátima quiere estar a su lado. Incluso cuando descubre lo que oculta la habitación del fondo que no debió abrirse de nuevo. Jamás.

Santita del agua clara (Alfaguara, México, 2026), la nueva novela de Laura Baeza, es un enigma desde su título; una historia que, pese a lo bien definido de sus personajes y la claridad con que se expone cada situación, mantiene un hermetismo similar al del propio Carlos. Hasta la explicación de la cuarta de forros resulta confusa, lo sé ahora, de forma intencional. La novela empieza con dos hermanos, un niño y una niña, absolutamente normales, sin ningún rasgo distintivo, como no sea la habilidad para la natación de Mari, la niña, y la tremenda inseguridad que causa en el pequeño Carlos su sobrepeso y las burlas cotidianas. Su único refugio es un walkman con música en inglés que no entiende, pero disfruta. Lo insólito, en este caso, es un padre que se ha ausentado para participar de la lucha zapatista, en la selva de Chiapas, en 1996. Un padre que, contrario al Carlos adulto, necesita sobresalir en algo, aunque para “salvar al mundo” haya que apartarse de su familia. La madre se vuelve un poco espectral y los niños serán acogidos, temporalmente, por una sofisticada abuela materna que conduce un Grand Marquis, habita una casa porfiriana y es supersticiosa a extremos patológicos y, por consiguiente, fácil de engatusar. Está convencida de que uno de sus nietos no es tan normal como parece; que ha nacido con un don y con un destino que no se cumplirá si ella no permite que un par de aterradores personajes, Teresa y el “maestro” Nicolás, intervengan de forma directa sobre el cuerpo de la criatura. Esto producirá una concatenación de tragedias marcadas por la incapacidad de un niño para explicar lo que no consigue entender y por la insensibilidad de los cuidadores hacia los misterios que moran al interior de esos niños que no es que sean “callados”, sino que han sido silenciados por el terror a lo desconocido, generado por la maldad de los adultos. De la noche a la mañana se verán rodeados de otros niños, raros en verdad; los únicos, sin embargo, en quienes es posible confiar. Tanto el padre y la madre, como la abuela, en especial la abuela, están demasiado inmersos en sus asuntos para protegerlos contra un trauma o peligro material. Y ocurre lo peor.

Un Carlos adulto necesita respuestas que a Fátima le resultan entre vagas y obvias. Es necesario regresar a San Simón, aquel poblado perdido en los mapas, pero detectado por los GPS y Google Earth. Ahí, donde ocurrió lo que lo deshabitó por dentro. Fátima se ofrece a acompañarlo pese a que, para entonces, ya ha confrontado el horror y su propio cuerpo parece empeñado en desobedecerla. Baeza crea una trama terrorífica sin recurrir a situaciones criminales o sobrenaturales (aunque lo de Fátima nos hace dudar respecto a esto último). En un mundo que pareciera ausente de Dios, la autora plantea una dualidad fascinante: la posibilidad de que el horror tenga su origen en la psique o en la simple maldad, pero sin descartar, del todo, la presencia de un demonio que exige el sacrificio de un ser inocente.

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