Cinexcusas / Morelia 24 (I de II)

- Luis Tovar @luistovars - Sunday, 25 Oct 2026 12:51 Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp

El día de hoy, 25 de octubre, concluye la vigésimo cuarta edición del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM24). Como cada año desde hace ya casi un cuarto de siglo, el FICM es un buen barómetro para estimar el estado que guarda la producción cinematográfica nacional, tanto en largometraje de ficción y documental como en cortometraje también de ficción y animado. Otro de los haberes del FICM es el convenio
que, desde su origen, mantiene con la Semana de la Crítica del Festival de Cannes, en virtud de la cual en Morelia se presenta una selección nutrida, de la cual aquí se abordan algunos ejemplos.

Cuatro caras de la adolescencia

A Girl Unknown (China-Francia, 2026), escrita y dirigida por Zou Ginj, abre una ventana a un aspecto desconocido en Occidente de la sociedad china a través de la historia de una niña, más tarde en la trama una jovencita, cuyos dos tercios de vida, cuando apenas cuenta con dieciocho años de edad, le han transcurrido con tres diferentes familias, incluida la biológica. Como es evidentemente inevitable, su constante proceso de adaptación, así de trompicado e interrupto, se mezcla con el de la etapa crucial de desarrollo psicoemocional correspondiente a su edad, de modo que el desconocimiento al que alude el título no sólo se refiere a los tres núcleos familiares que en un momento dado la acogen –no necesariamente de manera tersa–, sino a sí misma: sin un modelo y un referente adulto constante y con unos lazos afectivos transitorios, la protagonista de A Girl Unknown más que “encontrarse a sí misma”, lo que tiene es que inventarse.

Dua (Kosovo, Suiza, Francia, 2026), de la cineasta y escritora kosovar Blerta Basholli, ambienta a finales de la década de los años noventa del siglo pasado la historia de su homónima personaja, Dua, adolescente de trece años que, en caso totalmente opuesto al de la adolescente china arriba referida, es parte de una familia nuclear sólida e integrada de armenios en la ciudad de Pristina, región de Kosovo donde, como bien se sabe, en aquellos tiempos de desintegración de la extinta Yugoslavia se desató una muy cruenta guerra étnica, con la población serbia como victimaria de las minorías. En medio del acoso vecinal, las razzias policíacas y la constante amenaza de muerte, lo que Dua quiere es tan sencillo como imposible en su contexto: vivir su adolescencia como lo haría cualquier otra chica de su edad.

Adieu, monde cruel (Francia-Bélgica), dirigida por Félix de Givry a partir de un guión coescrito por él, Manon Messiant y Ugo Bienvenu, mueve a pensar –de un modo que a Másdeuno quizá le suene exagerado– que si hoy Truffaut viviera y tuviera unos treinta y tantos años, bien podría firmar/filmar una película como ésta, de amor adolescente purísimo, cálido, feliz por principio aunque de suyo difícil, y quizá malogrado en términos convencionales pero no necesariamente en términos espirituales. Otto y Léna, catorceañeros, literalmente crean un mundo aparte y secreto a partir de la falsa muerte del primero, y uno que los ve querría que el engaño y sus dulces consecuencias perdurara, si no por siempre, sí mucho más.

También de juventud y procesos psicoemocionales adolescentes, pero muchísimo menos idílica, es la historia que cuenta La Gradiva (Francia-Italia, 2026), dirigida por Marine Atlan, coescrita por ella y Anne Brouillet, muy largometraje –poco menos de dos horas y media– en el que se cuenta el viaje de fin de cursos preparatorianos de un grupo de jóvenes franceses a Nápoles y el estado de las relaciones entre ellas-ellos, ellas-ellas, ellos-ellos, permanentemente signada por la inestabilidad emocional y los excesos a veces riesgosos en los que incurren. Aun estando centrada en uno de los personajes, el filme tiene una trama más bien coral en la que se despliega buena parte del catálogo infinito de la problemática, las ansiedades, las preocupaciones y las insuficiencias adolescentes. (Continuará.)

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