Tomar la palabra / Preguntas desafinadas
- Agustín Ramos - Sunday, 18 Oct 2026 00:12
‒Sabemos que para donde se incline Brasil se inclinará América Latina ‒dijo Richard Nixon en la Casa Blanca, durante un encuentro en 1971 con el dictador del país de la samba. Sabía de lo que hablaba; se fortalecerían las existentes dictaduras paraguaya y boliviana, a la vez que se posibilitarían los golpes militares de Uruguay, Chile y Argentina. Y no es que Nixon fuera omnipotente o clarividente, el cumplimiento de su dicho requirió, como siempre, de la CIA y de la posterior instauración del Plan Cóndor (saluditos, Gertz Manero).
A la cuestión planteada en 2018 sobre el significado del primer triunfo electoral genuino desde 1911 en México, correspondía una respuesta sin ilusiones ni falsas esperanzas; una respuesta consistente en asumir tal triunfo ‒esperado, deseado y deseable‒, como un respiro, como la oportunidad, ante la debacle del bipartidismo fraguado por la usurpación salinista y sus intelectuales, para construir una auténtica democracia: la revolución de las conciencias y la extensión y profundización de la organización popular.
Sí, las victorias históricas sólo son obra del pueblo, y es el pueblo quien más sufre las derrotas. Esto lo saben quienes proclaman que sólo el pueblo puede salvar al pueblo y que con el pueblo todo y sin el pueblo nada. Lo saben, pero su conclusión práctica no derivó en la extinción del PRI (con el PRI nada y sin el PRI todo); por el contrario, su pragmatismo otorgó impunidad al monstruo, triplicándolo.
Hoy hay un PRI de conversos trepados en el gabinete, en la cúpula partidista y en las cámaras, en gobiernos estatales y municipales con barniz guinda y en candidaturas negociadas. Otro PRI es el de las nupcias con el PAN, el PRIAN, que posiciona la difamación del “narcogobierno” y compite internamente para ver quién traiciona más a la patria. Y está el PRI tricolor, irrelevante e inepto hasta para comparecer en tribunas a modo.
¿El pueblo está politizado? Quizá, pero, ¿a cuánta gente le dicen algo, algo significativo, los genocidios en Palestina y
Cuba difundidos en directo?, ¿cuánta sabe, aunque sea lo mínimo, de la intervención trumpista en Venezuela para tomar el control del gobierno y robarse su petróleo?, ¿y a cuánta más le preocupan las causas que han entronizado últimamente a neofascistas criminales en Argentina, Honduras, El Salvador, Chile, Perú, Ecuador, Bolivia y Colombia?
En cuanto al Brasil de la aquarela y la saudade, ¿no representa su situación, acaso, un angustioso aviso para México? ¿Qué comprendemos, como mexicanos, sobre las consecuencias ominosas que ésta implica para nuestra soberanía? Las explicaciones sobran: injerencia imperialista, desgaste, guerra legal y mediática, fraudes cibernéticos, etcétera. Los diagnósticos, también: inanidad del voto, carencia de vanguardias... Entonces, ¿no es urgente divulgar análisis concretos y promover movilizaciones preventivas? ¿Conviene seguir cediendo política, económica, militar, judicial y culturalmente para no provocar al agresor imperialista y a sus lacayos? ¿Es prudente aceptar sin críticas la postura de quienes llegaron al gobierno por haber representado con coherencia y constancia las diversas luchas populares? ¿O ya es tiempo de la organización y la autogestión al margen de un movimiento inmóvil, impotente, acosado y cada día más institucional y menos regenerador?
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“Es cierto, las puertas de la curia estaban abiertas, y cualquiera podía asistir a las sesiones del Senado; pero ésta era la única libertad concedida al pueblo, la más traidora de todas las libertades populares, ¡el permiso de atestiguar cómo se decidían leyes para su opresión y expoliación por pura falta de conciencia!” Hermann Broch, La muerte de Virgilio.