Anécdotas / Vikingos en América: Anderson vs. “el descubrimiento”

- Beatriz Gutiérrez Müller - Sunday, 18 Oct 2026 00:03 Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp

Leyendas hay muchas, doña Clofis. Y pueden no pasar de ser fantasías que una disfruta leer o recrear o bien, que, con el tiempo, alguien las tome con alguna seriedad, incluso, con un ímpetu investigativo y se hurgue sobre la verdad de ellas. Me referiré a una vinculada con los vikingos, del siglo X dC. En el XIII alguien las transcribió con el nombre Grœnlendinga Saga.

No pasaban de ser mitos. En México, una de las más populares es la de “La Llorona”, una arrepentida alma en pena que ahogó a sus hijos y gime con sofocado dolor nocturno al vagar y buscarlos con su: “¡Ay, mis hijos!”

Aquella saga de que los vikingos fueron los primeros en avistar América e incluso asentarse en Groenlandia y, más al sur, en la actual isla de Terranova, Canadá, quedó como cuento. Los siglos corrieron. Apareció Cristóbal Colón en 1492, luego Hernán Cortés y así, sucesivamente.

Se quedó como oficial, única e inapelable verdad la de que el primer avistamiento fue el de don Cristóbal. Todo mundo se apropió de esta que hoy se sabe no es del todo cierta: que nuestro continente fue “descubierto”, como si se escondiera; algo chistoso, doña Clofis, porque equivale a decir que usted estaba haciendo sus exquisiteces de repostería en la cocina y alguien la “descubrió”, como si insinuara que la cachamos in fraganti y usted no existía hasta que un tercero la vio y la dio a conocer. Anacronía pura y ya: a partir de que un tercero la vio, usted comenzó a existir. Los estudiosos calculan que, al menos hace 5 mil años aC, había civilizaciones pobladas en nuestra América.

Corrieron los siglos y, en 1874, el estadunidense Rasmus B. Anderson publicó el osado estudio América no descubierta por Colón. El libro tuvo inesperadas ventas y ediciones en varios idiomas durante los años siguientes… menos en el mundo hispano. Aceptar lo que él evidenciaba era desmentir la versión canónica sobre el “descubrimiento”. Aseguró que Colón viajó hacia 1477 a Islandia y allá se enteró de que, desde hacía casi quinientos años, los islandeses tenían contacto con tierras ignotas. Así que el navegante “debió saber que existía el continente americano antes de emprender su primera excursión”, siguiendo a Anderson.

El autor del siglo XIX reveló que los primeros europeos en pisar el continente americano fueron los norsemen, o vikingos, a su vez descendientes de los teutones, emigrados de Asia hasta la actual Noruega. “Eran independientes. Sus reglas se votaban en asamblea por todos los pobladores, y también en estas decidían sobre asuntos importantes.” Sus descendientes fundaron Islandia, Dinamarca y… Groenlandia. Afirma que Leif Erikson, en el siglo XI, “fue el primer europeo que vio el continente americano”. ¿Se da cuenta, amiga mía? No habla de descubrir sino de haber visto.

Con los datos de don Rasmus, y de posteriores investigadores, llegamos al siglo XXI. Un grupo de versados publicó sus resultados en 2022 en la revista Nature. Tomaron varias muestras de árboles de L’Anse aux Meadows (Terranova, Canadá) y concluyeron que los vikingos, con toda seguridad, fundaron un campamento allí en 1021.

¡Sorprendente! Leí entero el volumen de Anderson y me sentí como se proclamaba en la Antigüedad: “Yo solo sé que no sé nada.” De alguna manera, doña Clofis, no hay verdades definitivas que duren por siempre. El conocimiento está en cambio permanente. Siga con sus pasteles, son una delicia.

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