Escándalos en los premios literarios

- Vilma Fuentes - Sunday, 11 Oct 2026 00:09 Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp
Ganar un premio literario da mucho prestigio y no es raro que genere entusiasmo, desacuerdo o polémica debido al criterio utilizado por la institución que lo otorga. Aquí se comentan algunos casos de autores que han sido objeto de críticas severas por la forma o las circunstancias en que obtuvieron uno.

El ecosistema literario, como cualquier otro –político, social o económico–, no es la excepción en cuanto a escándalos. Quien se interese en este ámbito precisamente ya conoce los más famosos. Algunos son fruto de mentiras perpetradas por parte de los interesados. Otros, sin embargo, no tienen raíz fraudulenta y son escándalos desatados por razones políticas.

Así, por ejemplo, el rechazo del Premio Nobel de Literatura en 1964 por parte de Jean-Paul Sartre. El filósofo y escritor nunca quiso representar una institución literaria, por más honorable que fuera, porque deseaba conservar su total independencia. A pesar de haber explicado los motivos de su posición, la atribución del Premio Nobel de Literatura y su consecuente rechazo por Sartre causó un escándalo mayor en esa época. La posición del filósofo existencialista, tachada de intransigente por algunos, no fue del gusto de la élite literaria. Los miembros de la Academia Francesa se ofendieron sobremanera y una mayoría de escritores calificó su gesto de altanero, “un acto de orgullo insensato” y de gran descortesía hacia la Academia Sueca. Una minoría de intelectuales de izquierda lo defendió por su congruencia.

Otro escándalo mayor de las letras francesas es el que desató el escritor Romain Gary, quien tuvo la audacia, en 1975, de competir por un premio que ya se había ganado, el prestigioso Goncourt, sometiendo un libro firmado con el seudónimo de Émile Ajar. Los miembros de la Academia Goncourt le otorgaron el premio a este misterioso autor del que no se sabía nada, salvo que había escrito la excelente novela La vida por delante. Romain Gary le pidió a un pariente suyo, Paul Pavlowitch, que se hiciera pasar por Émile Ajar en las entrevistas. El reglamento del Premio Goncourt prohíbe premiar dos veces a un mismo autor y Gary ya se lo había ganado en 1956 por su novela Las raíces del cielo. Esta mistificación tiene su desenlace años después, cuando Gary mismo revela la superchería en su libro póstumo Vida y muerte de Émile Ajar.

Más recientemente, el escritor Michel Houellebecq, al igual admirado que odiado por sus posiciones provocadoras en un sinfín de temas –todo esto para alimentar el auge mediático de sus publicaciones–, fue criticado porque su novela El mapa y el territorio, con la que obtuvo el ya mencionado Goncourt, contenía pasajes enteros copiados de la enciclopedia en línea Wikipedia, como, por ejemplo, la descripción de la mosca doméstica o la de la ciudad de Beauvais. Debo confesar que yo también habría copiado Wikipedia si me hubiesen preguntado por la mosca doméstica. Houellebecq y su editor asumieron este “préstamo” como un procedimiento literario. A pesar de todo, Houellebecq fue premiado, pactó un acuerdo con Wikipedia y hasta le dedicó unos agradecimientos en las versiones de bolsillo posteriores de su libro.

Hoy la polémica está enfocada en la novela C’était ça ou mourir (Era eso o morir) de Thélyson Orélien. Esta vez la acusación no es de plagio sino haber usado la inteligencia artificial para redactar su libro. Orélien estaba en las listas de nominados para varios premios literarios, entre ellos el famoso Goncourt, y además ya había sido ganador del premio de la cadena de librerías FNAC.

La acusación fue puesta a la luz por una cuenta anónima de las redes sociales y suscitó inmediatamente reacciones apasionadas en el mundo literario, en defensa y en contra. El desafortunado autor fue eliminado sin más proceso de la lista de los candidatos al premio literario y la polémica sigue ardiendo.

Una de las reacciones más curiosas de muchos autores fue la de autoadministrarse una verificación preguntándole a la IA si sus textos habían sido escritos por ellos mismos o por la propia IA. La mayoría, en cuanto pasó la prueba, suspiró de alivio y publicó inmediatamente los resultados del porcentaje humano de sus escritos; entre más alto, mayor fue su satisfacción y regocijo. Otros guardaron silencio. La escritora Virginie Despentes declaró que ella no ve por qué habría que justificarse. Pero añade también que ya no usa más que un cuaderno para escribir sus textos.

Todo este escándalo sobre la autoría del texto de Orélien me hace pensar en la formidable novela La más recóndita memoria de los hombres de Mohamed Mbougar Sarr, Premio Goncourt 2021, que narra la historia de un misterioso escritor, autor de una novela llamada El laberinto de lo inhumano, que se revela ser un plagio extraordinario y que lleva a su autor a desaparecer.

¿Qué es escribir? ¿Qué es una obra original? ¿Cuál es la parte de nuestra humanidad y de nuestra individualidad que podemos plasmar, de manera intrínseca, en una novela, un cuento, un poema? Roland Barthes, en su ensayo La muerte del autor, nos dice que el texto es “un tejido de citas”. La esencia de una obra depende, para Barthes, de lo que el lector recibe más que de lo que el autor propone. Los lectores somos, entonces, los jueces supremos en literatura, sin escándalo
ni premios.

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