Cinexcusas / Cien tendencias y un solo cine

- Luis Tovar @luistovars - Sunday, 11 Oct 2026 00:15 Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp

Mujeres cineastas, cortometrajistas, documentalistas y, circunscribiéndose a largometrajes de ficción, operaprimistas, realizadores de segunda película y aquellos que cuentan al menos con tres, son los apartados en los que habitualmente Jorge Ayala Blanco cataloga el contenido de su bien conocido abecedario del cine mexicano, que con la entrega más reciente, titulada La tendencia del cine mexicano, alcanza la cifra de veintiuna.

Una particularidad de la más reciente letra del abecedario ayalablanqueano consiste en la inclusión de un capítulo más, dedicado a “aquellos que replican películas extranjeras en versión nacional”, titulada con mucho acierto “La tendencia franquicia”, en la cual conviene hacer hincapié para empezar pues en ella, de manera quizá más acusada que en el resto, se revela una de las peores tendencias para el cine, por perjudicial, y no sólo el mexicano: dicho con la palabra que Jorge decidió evitar, se trata de meras copias, de suyo simples o simplificadas –tal vez mejor dicho simplonas–, nacidas con el único propósito de replicar el éxito en taquilla que tal o cual película tuvo en su país de origen y no tanto la película en sí pues, como es obvio, a los copiones les resulta indiferente el argumento,
los personajes y los contextos a copiar, siempre que les vean posibilidades económicas –lo cual, por cierto, suele cumplirse de manera
muy escasa.

Como lo menciona en el prólogo y lo comentó el propio autor en la presentación del libro, no se trata sólo de una sino, más bien, lo que hay es un haz de tendencias: la ya mencionada del refrito y, dentro de cada uno de los apartados, posiblemente tantas como la centena de películas que son analizadas aquí; al azar, pónganse como ejemplos La tendencia migrañoguiñolesca de ¡Que viva México! (Luis Estrada, 2023), La tendencia felizmatricida de ¿Cómo matar a mamá? (José Ramón Chávez Delgado, 2023), La tendencia sexopermisiva de Amores permitidos (Raúl Martínez Reséndiz, 2022), en los dos primeros capítulos del libro; La tendencia mamboeterna de El sueño de ayer (Emilio Maillé, 2022), La tendencia usurpadora de La usurpadora (Santiago Limón, 2023) y La tendencia rupturista de Minezota (Carlos Enderle Peña, 2016) en el tercero…

De inercias y cosas peores

Así pues, en el que su autor define como Pentateuco Pandémico debido a los años de producción que abarca La tendencia..., que se suma a La potencia…, La querencia…, La resiliencia… y La sapiencia..., naturalmente todas del cine mexicano, los lectores van a encontrar el análisis de una enorme cantidad de filmes que, precisamente por haber coincidido con la pandemia de covid, en una buena cantidad no pasaron por las salas de cine sino que fueron exhibidas directamente en plataformas cibernéticas, con lo que tal modo de distribución/exhibición tiene de ventajoso y de todo lo contrario, pues en una enorme medida, bastante difícil de calcular, la experiencia misma de ver cine ha sido trastocada por dos hechos/condiciones que tocan lo que, en otros tiempos, era parte de su esencia: uno, que se trataba de una experiencia colectiva, incluso si en la sala no hubiese sino unos cuantos espectadores; y dos, que las películas tenían que verse de corrido, del primero al último minuto del pietaje. Actualmente, y si bien va la cosa, viendo la película con uno está una persona más, quizá un par, y si detienen la película nada más un par de ocasiones ya puede uno decir que le fue bien…

Esto último, por cierto, bien puede ser considerado una tendencia más, y de nuevo no sólo para el cine mexicano; proclividad, propensión, inercia que al parecer, y como rezaba el eslogan de la estación 620 de la radio, llegó para quedarse. Un cine fragmentado, visto de manera ídem para un público ibídem, al cual cada año que transcurre resulta más cuesta arriba hallarle una identidad que no sea, con y sin juego de palabras, la más absoluta falta de la misma.

Cien tendencias y un solo cine... ¿verdadero?

Versión PDF