Anécdotas / El cacao mexicano

- Beatriz Gutiérrez Müller - Sunday, 11 Oct 2026 00:16 Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp

Es fascinante enterarse de la cantidad de alimentos que México ha aportado al mundo y uno de ellos es el cacao. Entre los indígenas prehispánicos se consumía como una bebida caliente sin azucarar y su fama era la de ser un excelente afrodisíaco. A su vez, cada grano tenía un valor, era el antiguo dinero. En el siglo XVI, los españoles llevaron tal dinero a Europa y el resto es historia. Los suizos y los alemanes, según algunos estudios, son requete chocolateros hoy en día.

Hace algunos años, querida amiga Clofis, y es lo que le quiero contar en esta ocasión, me tocó atestiguar una apasionada y luego altisonante discusión sobre el origen del cacao, pues uno de los dos disputantes aseguraba que su cuna era Brasil. Como tomé partido por el que dijo que era nativo de México, comencé afirmándolo así: es una semilla que nuestro trópico dio al mundo. Ay, querida amiga: no vaya a ser que estas cartitas que a usted dirijo caigan un día en sus manos y se reviva semejante palmoteo y borlote, y acabe una servidora en mala posición y, de nuevo a la batalla campal que, como todas en esta cotidiana vida, comienzan con una nimiedad y se desvían por vericuetos: que si hace diez años tú, no, que yo, peor contigo porque esa vez blablablá…, y de qué presumes si esa ocasión te fuiste blablablá, ya me harté de ti, nunca me escuchas blablablá…

Lo cierto es que la palabra cacao proviene del náhuatl cacahuatl. Su planta es el cacahuacuahuitl, según lo publicado en el Journal de la Société des Américanistes, en 1920. Su autor, Philippe Marcou, siguió la vieja duda que acompañaba a la etimología desde hacía siglos; esto es, si de ese nahuatlismo había surgido nada más la palabra “cacao” o también “cacahuete”. Su pormenorizado estudio lingüístico lo llevó a revisar bibliografía antigua y se topó con que en Vocabulario en lengua castellana y mexicana [1571], para cacauatl la traducción es “grano de cacao”, mientras que en el Diccionario de la lengua náhuatl o mexicana [1885] de Rémi Siméon se halla “cacahuatl” o “cacauatl”: “cacao, fruta de la cual hay cuatro especies principales y que los mexicanos usaban como moneda”.

Marcou se topó también con el término tlalcacauatl, “planta llamada cacahuate por los españoles y cuyo fruto se come tostado como café. También se extrae aceite para quemarlo”. Sus raíces están en tlalli, tierra y cacauatl, cacao: ‒tlalli significa tierra, “por tanto, tlalcacauatl significa cacao de la tierra, es decir, cacahuete; cacahuetes”. De este modo, el cacao también fue conocido, por la mediación de los españoles, como cacahuete que, en francés sería, de acuerdo con el investigador, “nuestro cacahuete (Dictionnaire de la langue française, É. Littré) o ‘cacaouèt’.” En síntesis, el investigador dejó en claro que una cosa es la semilla del cacao de donde proviene el chocolate y, otra, el cacahuate o maní, del trópico sudamericano.

Ahora le obsequio una receta a la manera en que la preparaban los antiguos mexicanos. Para ingerir el xocolatl, primero necesitamos granos de cacao y de maíz ya tostados y molidos. Se machacan para obtener de ellos una pasta. Se deposita en una olla hirviente de barro y se añade agua. El secreto está en batir una y otra vez con un molinillo e ir espumando. Hasta entonces se puede servir en una jícara. Como cada región conserva, hasta la fecha, sus notas finales, algunos lo saboreaban con chile, que entró con paso respetuoso a la misma olla; otros añaden flores aromáticas, semillas o plantas. El azucarado se dio a partir del siglo XVI. Comerlo en barras, hasta el XIX. En aras de honrar la ancestral tradición, reciba la pasta como obsequio del dios Quetzalcóatl a los hombres, según la leyenda. Revéleme si, como cuentan los antiguos, nadie muere por beberlo; al contrario, revive en cada sorbo.

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