Alejandro Massa Varela: 3,2,1…o la trinidad del amor homosexual

- Gonzalo Valdés Medellín - Sunday, 11 Oct 2026 00:08 Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp
Este artículo es un elogio de 3,2,1…o la trinidad del amor homosexual, de Alejandro Massa Varela (CDMX, 1989), obra inteligente y contestataria que busca analizar, pero también reivindicar, la relación amorosa homosexual. “Con humor, destreza en los diálogos y eficaz planteamiento de espacio y tiempo, Massa ha sabido jugar deliciosas aristas que logran conmover, pero también divertir y ser a un tiempo acicate para la autocrítica existencial y espiritual.”

Hay el dramaturgo detrás del escritorio, que sólo extiende con su mano su libreto para que se le escenifique; y hay el que no puede contener su necesidad de expresión y se lanza al ruedo con los elementos que tiene a su alcance para llevar a efecto la representación de su texto; es un dramaturgo que no escribe para el cajón y la espera, sino para la inmediatez, la suya es una obra que está clamando por ser vista y escuchada, y es la clase de dramaturgos a los que pertenece Alejandro Massa Varela (1989), su lucha no se libra en el escritorio concibiendo sólo literatura dramática, sino teatro vivo, que debe encarnarse.

3, 2, 1… o la Trinidad del amor homosexual de Alejandro Massa Varela es un teatro que pedía confrontar al público contemporáneo en calidad de urgente. Teatro iconoclasta que, si estuviéramos en los años ochenta, el dramaturgo habría sido masacrado como el grupo Cúcara, mácara dirigido por Enrique Pineda, en plena UNAM, por fanáticos religiosos, caso de intolerancia que, sin sangre, vivió también Jesusa Rodríguez con El concilio del amor de Oskar Panizza, y que se cuentan entre las propuestas escénicas más emblemáticas y representativas del teatro contestatario mexicano de los ochenta, junto a, en el tenor político, Nadie sabe nada de Vicente Leñero, dirigida por Luis de Tavira, provocando escándalos mediáticos, movilizaciones artísticas de resistencia contra la censura, y que hoy extrañamente son olvidadas en los recuentos históricos del teatro mexicano de la segunda mitad del siglo XX.

Cúcara y Concilio fueron obras que retaron a los espíritus regresivos y retardatarios. Y sin embargo, se movieron. Su valor artístico trascendió a lo social y en mucho coadyuvaron a una mayor libertad de expresión en nuestros escenarios, que se traduciría años más tarde en garantías logradas para lo comunidad LGBTTTI+.

La obra de Varela establece debate en una pareja de jóvenes homosexuales de la actualidad, que viven el homoerotismo, el crushing (ligue y sexo en las calles), la promiscuidad, el desamor, la necesidad de reflexionar la condición del amor homosexual no sólo a través del placer, sino de la inteligencia. Y es un personaje nodal el que opera este andamiaje dialéctico: el Espíritu Santo. No cabe duda que los tiempos han cambiado. Y que ya el fanatismo –que no el catolicismo–, al menos en ciertos contextos urbanos como CDMX no puede acometer como décadas atrás para bañar en sangre, literalmente, a los actores de Cúcara o provocar virulentos actos de censura como los que enfrentó Jesusa. Los tiempos han cambiado. Hoy se puede encarnar la imagen del mismísimo Espíritu Santo aplicada al amor homosexual, utilizar la idea de la Trinidad católica, sin que el público se incomode, sino, mejor aún, aprehendiendo el ecuménico discurso de Massa Varela sobre cristianismo, catolicismo y budismo, desde el manga que hoy por hoy ha devenido en expresiones como el anime y el teatro cual forma amable de dialogar en el siglo XXI sobre la religión y su impacto en la vida sexual y amorosa, no sin seguir considerando amenazas las inquisiciones, prejuicios, fobias y racismos.

En su comediografía, Varela permite al espectador anclarse a Emmanuel y Eduardo, quienes intentan entender su papel como homosexuales y el peso del amor en su vida de pareja, para lo cual el Espíritu Santo aparece como conciencia: advierte, cuestiona, aconseja, encamina y pone a trabajar el libre albedrío. Con humor, destreza en los diálogos y eficaz planteamiento de espacio y tiempo, Massa ha sabido jugar deliciosas aristas que logran conmover, pero también divertir y ser a un tiempo acicate para la autocrítica existencial y espiritual.

Y sí, los tiempos han cambiado, la obra, en los espacios escénicos que ha recorrido como teatro emergente, sin apoyos institucionales o privados, con sólo la voluntad expresa del dramaturgo y director, ha constituido un enorme éxito de público y crítica, lo que sorprende sobremanera, porque en este caso las notas de prensa han sido unánimes al valorar y destacar la importancia de los cuestionamientos de Massa Varela en un momento como el que vive la humanidad, donde la violencia y la insania permean.

Es admirable que Massa emprenda la lucha sin recursos oficiales, sin producción, sólo con la voluntad de ampararse en el Espíritu Santo para hacer un teatro cuestionador, filosófico, en el panorama actual del arte LGBTTTI+, sin complacencias y con solvencia creativa.

3, 2, 1… o la Trinidad del amor homosexual señala a Alejandro Massa Varela (premiado en México, Premio Poesía en Voz Alta de la UNAM, 2013, y en el extranjero: Finlandia, España, Uruguay y Bosnia Herzegovina) como uno de los dramaturgos mexicanos más radicales y propositivos de nuestro momento.

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