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Premio Jaime Sabines-Gatien Lapointe 2026. Denise Desautels: la una y la otra

La infancia siempre será una zona fértil para la reflexión y la poesía, aún más si la muerte marca esa etapa de la vida de dos amigas, tema del libro Sepulcro de Lou con el que la poeta Denise Desautels (Quebec, 1945) recientemente obtuvo el Premio Jaime Sabines-Gatien Lapointe 2026.

La notable poeta y escritora quebequense Denise Desautels acaba de ganar el Premio Jaime Sabines-Gatien Lapointe 2026, que organizan el Seminario de Cultura Mexicana y el Festival Internacional de Poesía de Trois-Rivières, con el libro Sepulcro de Lou, que publicó en Guadalajara la Editorial Mantis, en una cuidada y bella traducción de Silvia Pratt. Es la versión veinticuatro del Premio, que empezó en 2003, y cuyo primer ganador fue Alí Chumacero, y el segundo, el poeta y cronista de Montreal, Claude Beausoleil.

El libro es un largo poema en prosa en el que, con inteligencia penetrante, la autora detalla hasta la última minucia, la enfermedad, el declive, la agonía y el fallecimiento de una amiga de la infancia, de quien nunca sabemos su nombre, como no sabemos en qué año de la transición de siglo ocurrieron los hechos, ni sabemos la enfermedad incurable que la amiga padeció. Lo que el lector conoce es que aquello que se narra acaeció entre un octubre y un diciembre, es decir, entre el otoño y el anuncio del invierno, los meses que oscilan en la escritura. En páginas del poema una frase musicalmente lleva a la otra, frases que parecen salir del cuerpo enfermo y herido de la amiga y entran con su dolor y tristeza en la escritura de Denise y ese dolor y esa tristeza entran, asimismo, al lector. La “mariposa mía”, como la llama Denise Desautels, va dejando de volar, deja de volar, pero en el aire y los árboles y las casas deja su belleza, su aleteo, su color.

La muerte existe, dice, repite Denise, y la palabra muerte se vuelve un ritornelo, la muerte es algo que sucede, surge en cualquier sitio, alcanza todo, y recomienza incesante como ese mar de mediodía de El cementerio marino de Paul Valéry.

Los hechos que se narran suceden en la vertiginosa ciudad de Montreal, que es para la autora como el centro del mundo. En la escritura surge la infancia, ahí van y ahí vienen las “pequeñas niñas”, divididas y unidas, extraviadas pero “adheridas a las faldas de las madres” y Denise evoca de entonces los paseos por “los parques, los jardines floridos y los
cementerios”.

En el libro se menciona principalmente de la ciudad el animado distrito de Mont-Royal, donde habitaron, y aunque se indican pocos sitios, asoman, por ejemplo, la calle Mont-Royal, el parque Lafontaine y la iglesia de San Juan Bautista.

Si el poeta sólo describe la parte oscura y sangrienta de la vida, el poema cae pronto de manera irremisible; deben ir unidas o acompañadas a esa oscuridad imágenes vívidas o luminosas, como es evidente en poemas de poetas fundamentales como Baudelaire, Rimbaud o Georg Trakl, lo cual le da más fuerza. En Sepulcro de Lou las encontramos cuando Denise, en contraste, en medio del desaliento, resalta “la claridad de abril”, la alegría y la mañana, o que se está “en lo más azul de
los otoños”.

En el prolongado poema la amiga es vista como la una y la otra o también la autora y la amiga son una y la otra, y una no deja de hablar a la otra, pero la otra sólo habla desde el silencio, y así, hasta que todo parece o es irremediable. Pero ¿a quién pertenecían el sombrero blanco y el sombrero rojo?, se pregunta, pregunta Denise. El sombrero blanco resiste todos los embates, y el rojo, en cambio, con las estaciones se desgasta cotidianamente.

Se trataba de perdurar, no de concluir, como dice un personaje de Borges en un cuento de El Aleph. “Vivir, vivir”, quería la una, quería la otra, lo repiten, “vivir, vivir”, porque todo, incluso el envejecimiento, es hermoso, porque la vida es hermosa desde lejos o cerca, y a fin de cuentas sólo se trata de “vivir, vivir”, porque se desconoce qué habrá en el después, cuando nos vayamos con la música a otra parte, cuando nos vayamos a los eneros y diciembres de miles de años.

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