Cinexcusas / La reacción y sus tentáculos
- Luis Tovar @luistovars - Sunday, 04 Oct 2026 18:37
Esta semana, el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) emitió una resolución polémica hasta la médula, referida al libro Todo a la luz (Karla de
la Cuesta, Grijalbo, 2024), donde la
autora despepita los turbiosexuales tejemanejes de la dupla músicofarandulera Gloria Trevi-Sergio Andrade, perpetrados a finales de los años noventa, que tuvo a los susodichos un tiempo en prisión y de los que De la Cuesta fue una entre muchas otras víctimas. Hace dos años, alegando perjuicios en su contra, la compositora y cantante se lanzó legalmente contra editorial y autora por
“violar los derechos de su imagen”; en ese momento su demanda no prosperó, pero inesperadamente el IMPI acaba de emitir una resolución favorable a la del pelo suelto que, además de una multa superior al medio millón de pesos a los editores y la orden de sacar los ejemplares del libro de la circulación, prohíbe que el nombre y la imagen de la papa sin catsup figuren en el libro… que habla precisamente de ella.
Al tratarse de un asunto relativo a la publicación y posterior censura de un libro, naturalmente la Cámara Nacional de la Industria Editorial (CANIEM) se ha manifestado en contra de la resolución del IMPI. Otro tanto acaba de hacer la Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica (CANACINE), por el muy evidente y obvio conflicto de fondo, que involucra mucho más que la circulación, física o virtual, de una obra escrita, en tanto tiene todo que ver con la libertad de expresión en general y la de prensa y difusión en particular.
A la CANACINE le asiste la razón –y, si la memoria no le falla a este juntapalabras, hay jurisprudencia al respecto– cuando afirma que el marco legal vigente para salvaguardar el derecho a la propia imagen, es el mismo que “protege también las libertades de expresión e información y reconoce que, tratándose de figuras públicas y de asuntos de interés público, el derecho a la propia imagen queda limitado para generar espacios mínimos para la creatividad y el debate público”.
Frenar a los cangrejos
Es muy sencillo: hágase el ejercicio hipotético de trasladar una demanda como la de Gloria Trevi contra el libro que según ella denigra su imagen, a la inconformidad y los alegatos jurídicos que podrían hacer, y de seguro harían, cuantos políticos, autoridades vigentes o pasadas, empresarios, cantantes, actores, deportistas y cualesquier otra figura pública vieran exhibida su imagen y escucharan ser pronunciado su nombre en un filme documental o, para el caso, en cualquier tipo de obra audiovisual, si acaso sintieran que su sacrosanto derecho a la propia imagen ha sido vulnerado. No hace falta ser genio para saber lo que pasaría: en el IMPI lloverían las demandas y, en el ir y venir interminable de las contrademandas y los amparos, otro tanto sucedería en el Tribunal Federal de Justicia Administrativa, el cual por cierto está llamado, precisamente ahora, a instalar la sensatez en el caso Gloria Trevi contra Todo a la luz y así evitar, antes del aluvión, tanto despropósito.
También es posible que no sucediera nada de lo antedicho sino algo peor: los documentalistas –no los que se dedican al inane bonitismo intimista de vocación inofensiva, se entiende– que quisieran abordar, póngase por ejemplo, la criminal contaminación del río Sonora a cargo de la compañía Minera del Cobre, estarían impedidos de nombrar siquiera, ya no se diga incluir el rostro siempre socarrón y antipático del multimillonario Germán Larrea, por más que sea el dueño de Grupo México, al cual pertenece el negocio minero en cuestión.
Habría tantos ejemplos como granos de arena en una playa, lo cual debería haberle dejado claro al IMPI que, para decirlo de manera muy coloquial, en materia de derecho a la imagen/derecho a la libertad de expresión e información, están meándose totalmente fuera de la bacinica. Uno creería que debates como éste habían sido superados desde hace mucho pero, por lo visto, la reacción tiene más tentáculos de los que es
dable imaginar.