Anécdotas / Santanón
- Beatriz Gutiérrez Müller - Sunday, 04 Oct 2026 18:41
Así como la historia nacional ha dado a héroes de la talla de Miguel Hidalgo y Benito Juárez, también nos ha obsequiado a otros personajes que oscilaban, según quién hablara de ellos, entre los límites del “bandolero” o del “héroe”, del “criminal” o del “santo”. Para los afectados, los justicieros eran unos malhechores pero, para otros, éstos desagraviaban a los pobres, a los marginados.
Esta vez le contaré sobre Santanón cuyo nombre real fue José Santana Rodríguez Palafox. Su “zona de operaciones” era el Sotavento veracruzano. Sus “delitos” o “hazañas” (de acuerdo con quien reporte los hechos) pasaron de ser un dolor de cabeza para el gobernador Teodoro Dehesa que, a estas alturas de la vida, no se sabe si él era el malhechor y Santanón el benefactor. Pero la fama de este último creció y las migrañas llegaron hasta a la cabeza de don Porfirio Díaz, ya decidido a hallarlo y darle crank.
Una anécdota chusca es que, por ahí de 1906, el afamado poeta Salvador Díaz Mirón se propuso buscarlo, encararlo y ajusticiarlo. Para ello, el vicepresidente Ramón Corral le ofreció unos guardias, policías o matones –como se les guste designar– y se dirigió al Sotavento, donde se desplazaba nuestro tigre de Acayucan. Pero José Santana se enteró de este ardid y se lo tomó a broma; va a ver enseguida de qué manera: con sumo descaro le plantó cara al poeta en Alonso Lázaro, una población que forma parte de la cuenca del río Papaloapan. Según la leyenda, el simpático Santanón le ofreció unos puros para fumar porque le habían informado que ya no tenía y, por ello, tenía la bondad de ir a regalárselos en persona. Don Salvador, quien de por sí me parece que era corajudo, entró en cólera, pero su rabia no le alcanzó ni para sacar una pistolita porque en segundos el “bandido” se esfumó. Muchos se pitorrearon de Díaz Mirón, como José Juan Tablada con este proloquio: “Hay vates de pistolita y vates de pistolón;/ unos van a Santa Anita y otros van a Santanón.”
Cuando iniciaron los preparativos para la Revolución Mexicana, Gustavo A. Madero consideró que el afamado “bandido social” podría contribuir al alzamiento programado para el 20 de noviembre de 1910. Era conocido que el “forajido” había pertenecido al Partido Liberal Mexicano, organización que, incluso, le extendió un nombramiento como delegado especial para trasladarse a Valle Nacional, Oaxaca, y liberar a los yaquis secuestrados durante el porfiriato, los cuales trabajaban como esclavos en haciendas de esa región.
Don Gustavo y la junta revolucionaria que encabezaba su hermano, Francisco, envió a un grupo para entrar en “pláticas” con Santanón. Así, Cándido Aguilar, Enrique Bordes Mangel, Vicente F. Escobedo, Severino Herrera y Pedro y Clemente Garibay se entrevistaron con él. Firmaron el Plan de San Ricardo en julio de 1910. Sin embargo, días más tarde, un soplón avisó de aquel intento. El gobierno de Díaz envió a combatir a los “sedicientes” poniendo al frente a Francisco Cárdenas, nada menos que quien, con mano propia, mataría al presidente Madero la madrugada del 23 de febrero de 1913. Además, los alzados no habían logrado reunir ni a una centena de voluntarios para levantarse en armas.
Sucedió, doña Clofis, que el legendario Santanón fue capturado y fusilado por este señor Cárdenas el 17 de octubre de 1910. ¿Quién se acuerda hoy de aquel gigantón valiente (medía 1 m 92) que luchó por la justicia social? Reciba un abrazo de pistolita o de pistolón, claro, metafóricamente hablando. Pásela bien en este bello mes de octubre. La quiero mucho l