Córdula
- Francisco Segovia - Sunday, 27 Sep 2026 00:43
También el hijo
del feroz rey de Inglaterra
‒el dulcísimo príncipe Etéreo‒
vio cómo casi se azolvaba el Rhin
entre tantos barcos atracados en el puerto
cómo casi encallaba en los escollos y arrecifes
que formaban los cadáveres deshechos
por las quillas de los cascos.
Córdula también vio
cómo se demoraba el agua
ahogada entre los cuerpos semihundidos
de Úrsula y su hueste de vírgenes doncellas
asaeteadas degolladas rotas por los hunos
de sacrílegas flechas.
El príncipe Etéreo de Inglaterra
no huyó no se ocultó.
Se unió al martirio de las mozas
con otros pocos santos: Ciríaco
de reciente renuncia al sitial de Pedro
(borrado luego de la lista de los papas)
el cardenal presbítero Vicente
un tal Santiago arzobispo de Antioquía
los obispos de Rávena Luca y Lavicana
‒hombres todos mencionados por su nombre
entre miles de doncellas sin nombrar …
Córdula en cambio se escondió
en algún recóndito rincón
de la bodega de algún barco.
¿Qué pensaría esa noche qué sentiría
Córdula apretando los dientes
y abrazándose las piernas con los brazos?
¿Que acaso la cobardía era un pecado
que no exculpaba su condición de moza
adolescente casi niña?
¿Que haber visto aquel horror la señalaba
la culpaba y condenaba?
Esa madrugada
en los muelles donde el alba
sacaba de la noche los reflejos rojos
malvas y violáceos
de las húmedas baldosas
Córdula ofreció el valiente pecho
de pechos incipientes
al bárbaro puñal de los paganos …
No murió con el rebaño inmaculado
de Úrsula y Gerásima en Colonia.
Su muerte por eso
se conmemora aparte
como si fuera una rareza
morir un día después.