Cinexcusas / Híbridos inconfesos y otros problemas (III y última)
- Luis Tovar @luistovars - Sunday, 27 Sep 2026 01:18
Hacia el final del libro Gobierno de izquierda, documental de derecha, el acucioso y lúcido ensayo de Carlos Mendoza y Alejandro J. Ponce Díaz, se explica y al mismo tiempo se deplora que “el discurso dominante en torno al documental en el mundo suele presentar a su vertiente social y a la asociada al conocimiento, al periodismo y a la televisión como una expresión caduca, agotada en sus formas y aburrida. Como una antigualla que sucumbió con el siglo XX, refugiada en la televisión”. Las cursivas son de este juntapalabras y quieren señalar enfáticamente la que, desde hace dos décadas y medio aproximadas, es la justificación recurrente que en la actualidad tiene al CDM convertido en un catálogo inabarcable, desde la perspectiva conceptual, de cuitas personales, visiones limitadas, temas que con trabajos alcanzan a serlo y, desde la formal, inconfesas pero flagrantes pretensiones esteticistas, hay que decirlo, cada una de plano más cursi que la anterior.
Al son de quitarle al documental lo supuestamente caduco y aburrido, se ha privilegiado el ombliguismo opinionista, por llamarle de algún modo a esos ejercicios fílmicos que, como bien exponen Mendoza y Ponce, son expresión final de una lógica individualista por un lado inevitable y por otro potencialmente saludable, incluso a pesar de sus taras y excesos, siempre que no se les privilegie y, sobre todo, no se les considere como la única forma válida, plausible, exhibible y premiable de documentar en imágenes la realidad, en detrimento del documental de corte social.
Sin “categoría”
No faltará quien lo considere teoría conspiratoria, pero los datos duros indican con claridad que en el financiamiento de la producción y difusión del CDM creacionista, ombliguista y esteticista están involucrados, en mayor o menor medida, dineros de la siempre turbia CIA, agencia de inteligencia estadunidense que desde su creación tiene entre sus cometidos el intervencionismo cultural. Antes de levantar la ceja y desechar la idea, remítase el lector al primer capítulo de Gobierno de izquierda…, donde a manera de ejemplo los autores reseñan, datos en mano, el modo en que la CIA propició, auspició y aprovechó el éxito de la corriente plástica conocida como la Escuela de Nueva York, tan temprano como la década de los años cincuenta del siglo pasado.
A través de brazos institucionales
como la USAID, hoy de memoria
tan nefasta como la CIA, de la cual proviene, esta última y, por lo tanto, el gobierno estadunidense –el formal y el económico de facto, se entiende–, intervienen y en más de un modo controlan aquello que, en materia documental, conviene que sea visto y celebrado; ¿qué? Simple: cualquier cosa que no altere en absoluto el estatus quo, despierte conciencias ni soliviante a las masas.
Una vez más: si lo anterior le suena descabellado por paranoico, déjese de lado el intervencionismo internacional y concéntrese la atención en el ámbito local, donde se encuentra, entre muchos otros y aquí referido sólo como botón de muestra, un documental –y llamarlo
de ese modo es un exceso en sí mismo– nefasto y deplorable como ¡De panzazo! (2012), hecho por encargo y a la medida de los particularísimos intereses de quienes, con Claudio X. González a la cabeza, estaban (y cabe suponer que siguen) interesados en la privatizar la educación en México.
Para quien lo ignore: los membretes creados por X. González han recibido financiamiento directo de la USAID, como lo ha recibido también el festival de cine documental Ambulante –y no es el único–, donde el CDM de esta naturaleza, así como el ombliguista infectado hasta la médula de solipsismo, dictan la pauta y perpetúan la idea de que si el documental informa, proporciona datos, revela situaciones colectivas y puede ser herramienta de cambio, entonces no tiene “la categoría” necesaria para ser difundido y visto en pantallas grandes, sino con trabajos en las de televisión.
No termina aquí la cosa, pero ya será más adelante que se aborde una vez más.