A 25 años de su muerte José Antonio Alcaraz, adalid e iconoclasta
- Gonzalo Valdés Medellín - Sunday, 27 Sep 2026 00:48
“Buenas noches, mi nombre es José Antonio Alcaraz, soy el director de esta obra y soy homosexual”: así se presentaba el creador de …Y sin embargo se mueve(n), vámonos viniendo juntos, título extenuante que en el ya desaparecido Teatro Arcos Caracol de la UNAM se escenificaba como una provocación, una transgresión a las normas heteronormadas. Alcaraz abordaba el ser homosexual en aquellos finales de los años setenta desde el teatro y en primera persona. Se debía tener mucha valentía para hacerlo, plantarse en escena y espetar al respetable: “soy el director y soy homosexual”.
José Antonio Alcaraz se convertía así en adalid, protagonista abierto, desenmascarado, de la lucha por los derechos homosexuales ya en ese tiempo azuzándose en México con varios grupos
de liberación.
Alcaraz inició una lucha que iba de lo personal a lo colectivo, por darle una presencia digna en los medios y frente a la sociedad misma al homosexual. Histórica sería la entrevista que le hizo Cristina Pacheco sobre el tema en ese tiempo. Asumido públicamente como homosexual, marcó la pauta para que otros creadores de su época también salieran del clóset.
Pero la asunción pública como hombre homosexual la encarnó Alcaraz. Director de teatro y ópera, cineasta (hizo sólo una película, Pubertinaje), docente, compositor e intérprete de música nueva, musicólogo, periodista cultural, crítico de teatro y música, actor en filmes de Jodorowsky y Gavaldón, músico de películas del propio Gavaldón, Antonio Aguilar, Luis Alcoriza… Alcaraz desde entonces asumió que su figura pública no podía disociarse de su condición homosexual y, tanto en su trabajo periodístico como en la docencia, el teatro y donde fuera, su homosexualidad iba en paquete. En Televisa aparecía cotidianamente en Para gente grande, de Ricardo Rocha, como uno de los colaboradores estrella. Esto significó mucho para la lucha gay de entonces, LGBTTI+ de hoy.
Alcaraz era estentóreo. Jamás fue políticamente correcto o poco arriesgado en los espacios heteronormados e insistió con sus propuestas de alto calibre, incomodando a propios y extraños como ya lo había hecho, con ¡Novísimo!, homenaje a Salvador Novo.
En 1982 propone el recital Nocturno fuera del clóset. Estamos en todas partes, con poesía de Novo, Villaurrutia y Pellicer, germen de su obra magna como compositor: Sol de mi antojo, la primera (y quizá única hasta ahora) ópera homosexual mexicana estrenada en la Sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario, en la que aquellos poemas seleccionados para Estamos en todas partes cobraban nueva vida cantados, con partitura de música nueva, vanguardista, compuesta por Alcaraz y donde puso toda su creatividad y amor por las artes sonoras, vocales y escénicas. El estupendo actor universitario Gustavo Torres Cuesta sería el gran protagonista de Sol de mi antojo (en la que quizá haya sido su más relevante actuación antes de su prematura muerte como una de las primeras víctimas del VIH en nuestro medio).
Alcaraz seguía dando la cara, desde una plataforma universitaria, como representante de la comunidad homosexual que combatía desde su trinchera: el escenario, como músico, director y dramaturgo de vanguardia.
Pero no sólo ahí: ya había convencido –antes del estreno de Sol de mi antojo– a Luis G. Basurto, dramaturgo, de llevar el tema de la homosexualidad, en vivo y directo a Tribuna pública, un popular programa de Imevisión, entonces televisora del Estado mexicano, conducido y producido por Basurto (homosexual discreto ante la oficialidad, abierto ante el medio teatral y cultural), donde se tocaban temas sociales; el proyecto, audaz, osado, subversivo, presentaría a dos homosexuales conocidos públicamente, pero disociados diametralmente: Alcaraz y Xóchitl, la Reina de Reinas, enigmático travesti. El programa se dio, se presentaron los invitados, comenzaron a charlar ante las cámaras, de pronto: CORTE. El programa fue sacado del aire sin ton ni son. Homofobia absoluta y, también, atentado del Estado a la libertad de expresión. No hubo represalias contra nadie, Basurto continuó con su programa y Alcaraz con su viva imagen del homosexual abierto que, con su sola presencia recordaba a la sociedad que el homosexual pensante, creador, inteligente, existía lejos de los estereotipos homofóbicos vergonzantes que el cine de ficheras esparcía a diestra y siniestra.
La presencia de José Antonio Alcaraz en la década de los ochenta fue más que importante para la cultura mexicana que empezaría a asimilar al homosexual desde formas más dignas y humanas. Fue Alcaraz quien abrió brecha, indudablemente, para que la homosexualidad dejara de ser marginada, escondida, negada, satanizada, para convertirse en una diversidad sexual reconocida por todos, de frente al mundo. Contrario a Juan Gabriel, Alcaraz parecía decir, “lo que se ve sí se contesta, y se respeta”.
A veinticinco años de su muerte, acaecida
el 1 de octubre de 2001, a los sesenta y tres años, no debemos olvidar al gran José Antonio Alcaraz, el adalid de la causa homosexual, el maestro, el brillante disertador, el iconoclasta propositor estético y social.