Tomar la palabra / Gracias, PRT

- Agustín Ramos - Saturday, 19 Sep 2026 21:57 Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp

 

 

A mis queridos viejos sabios

‒Soy militante free lance ‒me dijo uno de esos viejos sabios. Le llevaba un libro mío (creo que era La visita, un sueño de la razón, entonces recién reeditado en Sonora) para reconocerle su humanismo como docente de la Escuela Nacional de Danza (END)… Al leer la solapa, me preguntó si era yo militante.

‒Ya no ‒le dije‒, pero sigo considerando vigentes las propuestas de quien Isaac Deutscher llamó profeta. Y cuando le hice la misma pregunta fue cuando el viejo sabio se declaró free lance.

La directora de Era, Neus Espresate, me había preguntado algo muy parecido décadas antes, cuando fui a su oficina para firmar el contrato de Al cielo por asalto. Yo le respondí lo mismo: ya no, pero etcétera. Entonces, un novelista ahí presente, citó a no sé quién: Con el profeta todo, con la corriente algo, con sus militantes nada. Le aclaré que había podido terminar el libro gracias a esos militantes (muy en especial a mi hermano Gume, el camarada Renán; pero también a La Maga, mi pareja; a la camarada Rocío, mi madre, y a mis compañeros de las células estudiantil y obrera en las que anduve).

Otra influencia decisiva para concluir Al cielo por asalto fue mi lectura de Literatura y revolución, Historia de la revolución rusa, Programa de transición, La revolución permanente… (Acabo de releer Terrorismo y comunismo, también del profeta, ahora con un soberbio prólogo de Slavoj Žižek. Por supuesto, no soy nada estudioso, mucho menos soy intelectual, pero aquella experiencia fue tan importante para mí como la literatura, o casi.)

Mi experiencia comenzó en un movimiento académico de la UNAM, cuando el poeta Miguel Ángel Galván, el novelista Carlos Chimal y yo, improvisamos una asamblea para exponer a nuestros condiscípulos de Letras las tres opciones políticas entre las que podíamos elegir para apoyar al magisterio.

Por los Salvajes habló Miguel Ángel; por el PC, Chimal, y yo por el Grupo Comunista Internacionalista (GCI). Ninguno de los tres pertenecía a esas agrupaciones. Tampoco nos interesaba defenderlas o atacarlas. Sólo queríamos que Letras se diferenciara de los apolíticos de Derecho, Odontología y Comercio.

Así que cada uno decidió exponer la postura más afín. Y aunque la mayoría votó por mi exposición, la única réplica en mi contra fue de alguien del GCI (como para darle la razón a la vulgaridad clasemediera de que con esos militantes nada). Con el tiempo, sin embargo, Miguel Ángel Galván y yo nos unimos al GCI en Filosofía y Letras, con los seudónimos de Lisandro Traveler y Adrián Bustrofedón.

A mí me convenció el internacionalismo del GCI, derivado
del concepto de revolución permanente, que postula la transición contin
ua al comunismo, en oposición al reformismo y a la consigna del socialismo en un solo país. Y, por lo mismo, adopté
sus demandas de lucha, siempre vinculadas a objetivos
revolucionarios.

Ahora también comparto sus principios ecosocialistas y antiheteropatriarcales, así como sus críticas anticapitalistas al progresismo y su apoyo a luchas gremiales, ambientalistas, territoriales, de familiares de desaparecidos y de pueblos indígenas. Y, en general, considero que su praxis fue y es la más coherente de la izquierda mexicana.

Para no seguir simplificando, resumo diciendo que reivindico la clase de marxismo sustentada por el GCI de entonces y por el Partido Revolucionario de las y los Trabajadores (PRT) de hoy, que ni se rinde en la práctica ni renuncia a sus teorías (a propósito de esto, recomiendo el luminoso Marx intempestivo. Grandezas y miserias de una aventura crítica, de Daniel Bensaïd, traducido por otro querido viejo sabio).

EL PRT se fundó en 1976, un día como ayer, 19 de septiembre. Gracias siempre por estos cincuenta años.

Versión PDF