Maneras de leer: la revista Ideal

- José María Espinasa - Saturday, 19 Sep 2026 21:41 Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp
En el mundo de la edición y concretamente en el de la edición de revistas literarias en plataforma de papel o en versión digital, se discuten mucho los atributos y acaso limitaciones de una y otra. Este artículo trata ese tema a partir de la aparición en papel de la revista Ideal, lo cual celebra.

 

Alos lectores que no somos nativos digitales nos da un vuelco cada vez que escuchamos de una revista en papel. A los que lo son también les debería suceder, al menos una sensación de sorpresa. No es un gesto vintage sino la reivindicación de una manera de leer, de una atención distinta con el texto. Así, la aparición de Ideal, cuyo primer número, de la primavera de 2026, llega a mis manos, me provoca no sólo sorpresa sino alegría. Tal vez el papel como soporte del texto sea hoy, en el terreno de las publicaciones periódicas, “un sueño que se hace realidad”, como señala la editorial de la revista. La dirige (en el directorio aparece como director fundador) Gonzalo García Barcha, notable diseñador mexicano que se ocupó, entre otras, de las portadas de La Jornada Semanal en este diario durante un largo período, ha creado una fuente tipográfica inspirada en los primeros impresores mexicanos y ha desarrollado una labor diversa en editoriales como El Equilibrista. Sus raíces familiares lo ligan con Colombia y en la revista esto es evidente.

Los nexos culturales entre Colombia y México son muy estrechos y han dado no sólo la presencia de artistas y escritores de ese país en el nuestro, sino iniciativas notables, como la revista La Casa Grande, hace unos años. El título Ideal, no sé si afortunado, no deja de sorprender en esta época cuando lo que priva es un pragmatismo global (donde México tiene el aspecto de un oasis) que mueve a los gobiernos de algunos países, a Trump (EU), Milei (Argentina), Netanyahu (Israel) y De la Espriella (Colombia). La palabra, además, se ve atravesada por el tener (un ideal) o el ser (ideal). El diseño de la publicación tiene hallazgos destacados a la vez que muestra una sobriedad que hay que agradecer en tiempos de estridencia gráfica, y un equilibrio notable entre los tonos y géneros de las colaboraciones. En esa lectura azarosa que es frecuente en una revista, quiero empezar por destacar un par de ellas. El poema, intenso y hermoso, “Un leve aullido bajo la arena”, de María Baranda, una de las escritoras mexicanas con mayor proyección actual, en la línea de depuración formal que ha emprendido desde hace algunos años, pero sobre todo el relato “Ángeles & otros demonios”, de Mateo García Elizondo, de atmósfera rulfiana que no desmerece ante la comparación con el modelo. El relato está acompañado de fotografías de Graciela Iturbide, tan extraordinarias como todas las suyas, y que ya por sí solas merecen el gasto de comprar la revista (300 pesos mexicanos).

Uno de los rasgos perjudiciales que tuvo la irrupción de la web en las prácticas lectoras fue el descenso vertiginoso de las publicaciones en papel, sobre todo revistas. Hay, sin embargo, que reinventar y cargar de un sentido nuevo ese universo textual. Pienso, por ejemplo, la manera en que se ha replanteado la noción de actualidad. Desde la vieja noción de actualidad Ideal no lo es, pero replantea esa noción para que, si se me permite el juego de palabras, lo actual no se apoye en la actualidad sino en la permanencia. Algunas publicaciones en papel buscan eso, un ejemplo notable es la Revista de la Universidad. ¿Cómo integrar las revistas a las costumbres lectoras actuales, cómo hacer que convivan con la lectura de libros y que permanezcan en el librero? Hay que recuperar esa costumbre: leer revistas, y de manera subrayada las que se hacen en papel. En ese sentido es muy interesante la nota/entrevista, firmada por la redacción, que abre la revista sobre el portal de la web, Péndola, animado por Malva Flores, junto a David Medina Portillo, que crea un librero/hemeroteca en la red y que permite acceder a publicaciones de distintas geografías.

Esa noción, la duración, que es la de la actualidad, tiene diversos ritmos. Esa nueva manera de concebir las revistas, ligada a ella, empieza con el siglo actual, con la muy buena revista (Paréntesis) y prosigue con otras notables como Lenguaraz o Cuadernos Salmón (las tres ya extintas) Son, a pesar de manifestarse al margen de la web, revistas en busca de su modernidad, su contemporaneidad, su actualidad, matices sutiles del tiempo que además tiene un condimento afectivo. Por ejemplo, leo de inmediato los textos de Baranda y García Elizondo porque los conozco tanto literariamente hablando como en persona. Lo haré posteriormente con el poema de Frank Báez, dominicano, a quien no conozco ni he leído, pero cuyo título, “Desarmando la biblioteca de mi padre” me resulta muy sugerente, o con las notas, reseñas y ensayos que complementan el número.

Pienso en aquella manera de concebir esos pequeños muebles que llamamos en su tiempo revisteros, un triángulo en el que esperaban nuestra lectura y eran después desplazadas por otras. Ahora, como lo demuestra Péndola en la red, las revistas se comportan como libros con relación al tiempo: duran. Hay tela de donde cortar en esta Ideal (Revista de literatura y artes visuales) y la iremos cortando con la demora que el placer requiere.

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