Cinexcusas/ Híbridos inconfesos y otros problemas (II de III)

- Luis Tovar @luistovars - Saturday, 19 Sep 2026 21:49 Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp

En Gobierno de izquierda, documental de derecha, Carlos Mendoza y Alejandro J. Ponce Díaz detallan a profundidad el origen, la prevalencia y el efecto nocivo que, para el cine de no ficción en su conjunto –no sólo mexicano, pero especialmente–, tiene la tendencia formal contemporánea “a la fusión indiscriminada de los métodos del documental con los de la ficción”, de la cual Un hijo propio, abordado aquí en la entrega pasada, es uno de los más acabados ejemplos.

No les falta razón a Mendoza y Ponce al encontrar, en la mayor parte del cine documental mexicano (CDM) durante las dos décadas y media más recientes, una propensión o franca moda “estética […] a favor de temas socialmente insignificantes, el individualismo de
sus enfoques, la propensión a
una subjetividad extrema”. De
nuevo, Un hijo propio es muestra irrefutable de esto, pero de ningún modo la única ni la peor. Lo que José Felipe Coria, citado por los autores, define bien como “vaciladas, ocurrencias, propuestas endebles”, es preponderante y mayoritario en el CDM por lo menos desde hace un par de décadas y media; los ejemplos abundan y aquí mismo se ha dado cuenta de varios: filmes centrados en la vida de a diario del tío extravagante del documentalista, la tozuda soltería de la realizadora, los recuerdos de la abuelita, la búsqueda de lazos familiares desleídos… esos y muchos otros asuntos de índole personalísima suelen ser re-tratados no como lo que son, meros fragmentos de una realidad infinita cuyo valor e interés casi nunca trasciende el ámbito individual, sino como lo que no son, es decir representaciones de un todo que definitivamente les queda enorme, en buena medida debido a que por un lado y como apuntan los autores, “entienden la verdad como un asunto de opiniones”, y por otro –preciso es insistir en este punto–, a que casi invariablemente se trata de intereses y visiones que pasan directamente de lo individual a lo individualista.

De lo bonito a lo importante

El maridaje del mencionado individualismo en las temáticas con la mezcolanza indiscriminada de ficción y documental en el CDM no es producto del azar, sino la deriva predecible en un medio fílmico que ha privilegiado precisamente dicho híbrido: entre más estetizante, personal y “artístico”, entre más contemplativo y centrado en el personaje o asunto a tratar, como si no tuviera todo un contexto sociocultural que lo define y explica; entre más estrecha sea la mirada, con la excusa de que sólo así es posible atrapar la esencia de aquello de lo cual trata, más apoyado para producirlo, más seleccionado para exhibirlo en festivales y más premiado resulta el documental.

En Gobierno de izquierda, documental de derecha, Mendoza y Ponce pormenorizan el momento y el modo en que tuvo lugar este fenómeno, tanto en el plano internacional como en el local, y refieren la gran división formal y conceptual, el divorcio definitivo que se dio entre lo que algunos llaman documental creativista, es decir el de los “enfoques ultrasubjetivos y la fusión de la representación documental con la de ficción”, por un lado, y por otro el documental social, sustentado en una investigación propiamente dicha, también conocido comúnmente como “periodístico”, que “puede establecer nexos confiables con el mundo histórico”.

Más allá de las claras y enormes diferencias de formato y estilísticas entre uno y otro, uno de los principales atributos de este último tipo de filme documental estriba en la palabra “social”: sus temas, perspectivas, preocupaciones y propósitos obedecen a lo colectivo y no a lo individual(ista); por lo tanto, y sin que esto signifique desinterés o descuido en la forma, su acento está puesto en la utilidad que pueda tener socialmente hablando y no, para decirlo claro, en “lo bonito” de la imagen, “lo íntimo” de la visión, “lo cálido” de la aproximación y sobre todo lo personal del interés. (Continuará.)

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