Brevísima muestra poética

- Francisco Hernández - Saturday, 19 Sep 2026 21:48 Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp

Desde Gritar es cosa de mudos (1974), su primer libro, hasta ¿Cerdo o no ser? (2021), Francisco Hernández ha publicado una treintena de títulos, invariablemente de poesía. Esta es una muestra no breve, sino brevísima, de las numerosas razones por las cuales el hoy octogenario autor nacido en San Andrés Tuxtla es, y de modo indiscutible, uno de los poetas esenciales de la literatura mexicana.

Fade out

Cuando era niño

yo quería ser

un poeta maldito

¿tú a qué jugabas?

Conjuro

para que aparezcas

cierro lo ojos

y pronuncio tu nombre

en la mitad del día

surge la firmeza

de tu cuerpo delgado

tu alegría tentacular

tu pelo negro

como boca de loba

y abro los ojos

y no estoy

Canta Scardanelli

Las hojas de los álamos descienden.

Alguien te escribe así, Naturaleza.

Los colores del suelo se concentran.

Alguien te pinta así, Naturaleza.

Los truenos en el alba se adelgazan.

Alguien te canta así, Naturaleza.

Los insectos en vuelo se dispersan.

Alguien te olvida así, Naturaleza.

De cómo Robert Schumann fue vencido por los demonios (XXVIII)

Sueñas una sola nota sostenida.

Sueñas flores que se convierten en cicatrices.

Sueñas que tus hijos se vuelven locos y escriben

versos.

Sueñas las carcajadas de Félix Mendelssohn.

Sueñas tu lengua transportada por delfines.

Sueñas tus restos devorados por hienas.

Sueñas que cruzas el río Mulde

con la niña Clara de la mano

y que todo el pueblo entona tus canciones.

Cuaderno de Borneo.

Últimas páginas de

George Trakl (III)

Pega la lluvia en los tambores de las hojas.

Día y noche, sin descanso, sin ninguna intención,

sin importar la suerte de pueblos arrasados,

día y noche,

sin descanso, sin ninguna intención, pega la lluvia todo

el tiempo en los tambores de las hojas…

Paterson la horrible (14)

Giros negros

alrededor de un arma

de las llamadas

“cuernos de chivo”

bañada en oro.

Todas las pistas

son falsas,

aun las de aterrizaje.

Crece más frondosa

la amapola

cuando la riegan

con sangre fresca.

Collage impuro

(como todos) con puros versos

de Pura (3, 9)

Al escribir sabemos lo que es tener

una soga al cuello y lo que es caminar

y respirar y amar sobre la cuerda floja

de los relojes atrasados.

Pura, incapaz de ignorarlo, le da el avión

al nudo corredizo del tiempo y sonríe

sin dejar cabos sueltos ni serafines

en las vibraciones de la cigarra.

Al escribir, parece decirnos,

somos fluviales, pero nada sabemos.

Nada, ni siquiera flotar.

[…]

Así cruzan los versos muchas veces:

son algo negro con tripas en el pico

hacia un lóbrego atardecer

o un pensamiento con una mentira

entre las patas

o un ángel con los pelos de punta

sin nada que esconder

entre la bisutería de sus alas.

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