Biblioteca fantasma / Déjate llevar

- Evelina Gil - Saturday, 19 Sep 2026 21:58 Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp

No todos los escritores(as) aspiran a hacerse ricos ni a acaparar reflectores. Tampoco es que escriban por hobby, pues se lo toman muy en serio… lo suficiente para trabajar esmeradamente cada texto forjado, incluso desecharlo sin miramientos. Macarena Muñoz Ramos (Ciudad de México, 1972) ya tenía una reputación labrada antes de publicar su primera compilación de cuentos titulada Sacrifícate (La tinta del silencio, México, 2025); era “la chica de los cuentos de horror”, “la vampiresa”, “la editora resiliente”. Como ella misma narra, coeditó y codirigió la legendaria revista La Mandrágora, consagrada a promover los llamados “subgéneros”, es decir, noir, fantástico, ciencia ficción y horror, siendo este último el cultivado por nuestra autora. Pese a los prejuicios aún vigentes, una Macarena de veintitrés años se propuso hacer una revista “en serio” y no un fanzine, como le dicen por ahí. Se empeñó en que fuera un producto artesanal, con el mejor papel y la mejor tinta, aunque surgió rispidez entre ella y sus socias que, aún compartiendo su amor por los “subgéneros”, se dejaban llevar por la negatividad de los “conocedores”.

Sacrifícate reúne catorce relatos que Macarena viene trabajando desde aquella época, y nunca ha dejado de desarrollar. Aunque el género de horror moderno en Latinoamérica parece invención de Marina Enríquez, o al menos es así como lo presentan, en México ya estaba Macarena, desde la década de los noventa, y estos relatos no pretenden rehuir de sus máximas influencias, más aún, les rinde tributo, como sería el caso de “Lo muerto, muerto está”, cuyo personaje principal es nada menos que Stephen King, a quien coloca en el centro de una historia digna del propio King, resuelto a todo con tal de revivir a la amada mascota de su hijo, un perro de nombre Thor. No cambia los nombres de la familia King (Owen y Joe, los hijos, asimismo autores del género; Tabitha, colaboradora y esposa) y nos brinda una prístina reescritura de uno de sus autores predilectos. Dicho por la propia Macarena, sin embargo, su personal diosa literaria es Anne Rice que, aunque para algunos pudiera despedir cierto tufillo a bestseller es, en realidad, una de las grandes autoras de otro subgénero del horror que son los vampiros. El relato que abre este precioso libro, una pieza de arte en sí mismo, “Inside the devil”, posiblemente el de mayor antigüedad en cuanto a trabajo de escritura, es una de las cosas más sensuales y sensoriales que recuerdo haber leído. Macarena va más allá de contar una historia; de narrar un encuentro erótico que involucra sangre: logra lo que pareciera difícil, cuando no imposible, tratándose de un texto tan breve: crear una ambientación tan mórbida como fabulosa; hacernos ver a los personajes con sus suntuosos atuendos (sin describir demasiado). Inevitable preguntarse: ¿qué pasaría si la autora
se decidiera a emprender una novela? Por desgracia, la idea no parece entusiasmarle demasiado.

A través de estos catorce relatos nos encontraremos con múltiples mundos y facetas de una misma autora, más allá de las influencias ya mencionadas, como las leyendas mexicanas de tiempos de la Revolución, el horror inserto en episodios históricos muy definidos, modernas maldiciones, el gore y las creepypastas. Tenemos, pues, que Macarena no es una simple aficionada al género, sino una ardua estudiosa del mismo; es capaz de describir qué se siente ser mordida por un vampiro como si lo hubiese vivido en carne propia; expone miedos ancestrales que, salta a la vista, ha pensado y repensado y columbrado, con una imaginación más que meramente cinematográfica; nos envuelve con la extraña melodía de una banda alemana de medieval metal que no es necesario conocer para escuchar a través de sus palabras. Cuando se cuenta con semejante habilidad narrativa, aunque prosperada en relativo silencio, no hay cosa fascinante, tanto en lo terrible como en lo sublime, que no se manifieste ante un lector resuelto a dejarse llevar.

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