A 250 años de su muerte David Hume y el teatro de la mente

- Omar de la Torre - Saturday, 19 Sep 2026 21:40 Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp
El 25 de agosto pasado se cumplieron doscientos cincuenta años de la muerte del gran filósofo escocés David Hume (1711-1776), autor de Tratado de la naturaleza humana, así como Investigación sobre el entendimiento humano, a quien hoy en día se le considera “un precursor de las discusiones que se realizan en las ciencias cognitivas en lo relacionado a las neuronas espejo, la empatía y el contagio emocional, los estudios sobre el Alzheimer o la imaginación”.

 

La mente es una especie de teatro”: hace dos siglos y medio David Hume describía así el funcionamiento de la conciencia humana. Sorprendentemente, esa metáfora sigue dialogando hoy con la psicología, la neurociencia, la filosofía de la mente o las ciencias cognitivas. Hume escribió ensayos sobre filosofía, historia, economía y crítica literaria. Es considerado en la tradición filosófica como uno de los personajes que representan los ideales de la ilustración y el pensamiento moderno en

Occidente.

Perteneciente al movimiento intelectual conocido como los ilustrados escoceses, junto con Adam Smith, Francis Hutcheson o Anthony Ashley Cooper (tercer conde de Shaftesbury), mantuvieron una postura escéptica ante el racionalismo y sus leyes, además de proponer en términos de percepción y sentimientos el sentido sobre la moral y el conocimiento.

David Hume nació en 1711 en Edimburgo, Escocia. Pertenecía a una rama de la nobleza británica baja en el pueblo de Chirnside, lugar cercano a la frontera entre Escocia e Inglaterra. A temprana edad, relata en su autobiografía titulada My Own Life, muere su padre. Tras esto, su educación formal la realizó en Edimburgo para titularse como abogado. Sin embargo, tras encontrar su vocación en la Filosofía, abandona su educación en Derecho para concentrarse en los problemas filosóficos que rodearían su vida. Entre los años de 1739 a 1741 termina de escribir y publica su magna obra Tratado de la naturaleza humana, junto con otros ensayos donde aborda, explica o profundiza algunos temas que escribió en su tratado filosófico.

La influencia directa en el pensamiento de David Hume radica en la lectura temprana de los clásicos grecolatinos, pero dentro de su aprendizaje escolar podemos encontrar la influencia de Isaac Newton, John Locke o George Berkeley. En Tratado de la naturaleza humana, Hume busca criticar las teorías filosóficas racionalistas (Descartes) que imperaban en la Ilustración. Con un método escéptico, Hume propone que el conocimiento proviene de los sentidos, todo aquello que no proceda de la experiencia o que trasciende la experiencia posible se formula en términos de creencias, costumbres, hábitos mentales, gracias a las estructuras mentales (facultades) como la memoria o la imaginación. Hume afirma que la mente se compone de las percepciones, es decir, aquellos objetos presentes o recibidos por medio de alguno de los cinco sentidos. Éstas, a su vez, se dividen en dos categorías: impresiones e ideas, cuya división únicamente recae en la vivacidad. Entre impresiones e ideas, las primeras evocan, por ejemplo, a la sensación presente, mientras que las segundas, los pensamientos que pueden presentarse. Asimismo, con el paso del tiempo, todas las impresiones se convierten en ideas ya que las impresiones pierden su vivacidad. De algún acontecimiento o hecho se generan impresiones e ideas, cualquier otro pensamiento que no provenga de la experiencia debe ser tomado como ficcional. Como menciona Hume: “La mente es una especie de teatro en que distintas percepciones se presentan en forma sucesiva; pasan vuelven a pasar, se desvanecen y mezclan en una variedad infinita de posturas y situaciones”.

Las ideas no aparecen de manera aislada, sino que la mente las relaciona constantemente. Si bien en apariencia podrían mostrarse que existe una cantidad innumerable de formas, Hume las categoriza en tres: el principio de semejanza, que únicamente es la unión símil entre ideas, por ejemplo, como al percibir un perro y unir las ideas asociadas a los perros como las mascotas o recuerdos que tengas al respecto. Otro principio sería el de contigüidad, que son las asociaciones cuando los pensamientos comparten un espacio o tiempo específico: ver un arcoíris nos lleva a pensar sobre los colores o los fenómenos meteorológicos. Y, por último, asociación por causa y efecto, las que pensamos si los objetos que pensamos están relacionados causalmente, como pensar un golpe y el dolor que se siente.

En esta última asociación, el filósofo escocés escribe en Investigación sobre el entendimiento humano (1748), un tratado epistémico donde profundiza algunas críticas sobre su Tratado, que el razonamiento humano procede de dos formas distintas: relaciones de ideas y cuestiones de hechos. Las primeras se componen de certezas por medio de las deducciones (como las matemáticas, la lógica y los principios que hacen posibles las ciencias exactas por medio de axiomas), mientras que las cuestiones de hecho se entienden por mediación de la inducción (presente en el principio de asociación por causa y efecto). Sin embargo, todos los razonamientos que existen en las cuestiones de hecho no tienen certeza (o veracidad). No podemos percibir las condiciones necesarias ni suficientes de un objeto, sólo percibimos dos estados distintos sobre los fenómenos que, por medio de la psicología y ciertas creencias relativas a la expectativa, se repiten una y otra vez hasta que, en nuestra mente, se origina una costumbre.

De estos conceptos, David Hume también deriva su ética. A diferencia del conocimiento y la verdad, la ética no procede del razonamiento y sus conclusiones, sino a través de los sentimientos. En sus análisis sobre sentimientos, o estética, la valoración de la moral radica en el gusto que despiertan las personas que nos rodean. Y este despertar de los sentimientos la nombra simpatía. Su generación se realiza al percibir alguna afección, por medio de la imaginación, reconstruye un estado sentimental similar al que percibimos de las otras personas.

Las influencias de este pensamiento se reflejan en la epistemología o la filosofía de la ciencia contemporánea con problemas llamados por la tradición como los problemas de inducción o el falsacionismo. Además, Immanuel Kant es inspirado por David Hume (según escribe en el prólogo de Prolegómenos a toda ciencia futura que haya de poder presentarse como ciencia), trazando desde las perspectivas humanas las ideas kantianas en sus planteamientos y argumentos relativos al conocimiento. También, estos planteamientos tienen su repercusión en la actualidad sobre el estudio de la empatía (concepto que es utilizado por error como un sinónimo) en la psicología evolutiva o la neurociencia.

David Hume trasciende la Filosofía al ubicarse como un precursor de las discusiones que se realizan en las ciencias cognitivas en lo relacionado a las neuronas espejo, la empatía y el contagio emocional, los estudios sobre el Alzheimer o la imaginación. Dos siglos y medio después de su muerte, pocas imágenes conservan tanta fuerza como aquella con la que describió nuestra vida mental al compararla con el teatro.

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