La flor de la palabra / Defender los territorios: defender la culturas
- Irma Pineda Santiago - Sunday, 13 Sep 2026 01:53
Hoy en día los pueblos indígenas encuentran que el colonialismo tiene nuevos rostros: el Estado, las empresas y la delincuencia organizada, pues son los nuevos actores que generan violencia en las comunidades, el desplazamiento forzado, el despojo de sus territorios y recursos naturales que hoy se siguen viendo con la mirada de codicia que tuvo Cortés sobre el oro, aunque ahora ese oro se traduce en agua, en plantas, en maderas o piedras preciosas, en cultivos encarecidos como el aguacate, en especies animales, en conocimientos, además de los mismos minerales.
¿Qué tiene que ver lo anterior con la cultura de los pueblos? Déjenme compartirles que para las cosmovisiones indígenas la cultura está inextricablemente ligada al territorio, porque las personas nos consideramos una sola entidad con nuestro entorno natural. En nuestros territorios enterramos los ombligos y enterramos a nuestros muertos, lo que nos rodea es sagrado pues nos da la vida; los ríos, los mares, los aguajes, las montañas, la milpa, las cuevas, los desiertos y todos los espacios que también son el hogar de nuestros dioses y de los guardianes del monte, de la señora del agua, del venado azul, de los chaneques y de todos los seres que nos acompañan y que no pueden ser separados de los territorios que custodian o de los que son dueños. Del territorio se obtienen elementos para sanar el cuerpo y el espíritu, para teñir nuestros huipiles, para crear los hilos de lana o de algodón que nos visten, los carrizos para las flautas para hacer música, los cueros para los tambores y chivarras de las danzas, la madera para las máscaras y alebrijes, el barro para las ollas y comixcales, la inspiración para la poesía y la narrativa.
Por eso, para los pueblos mantener sus espacios, medios y sistemas de vida en la actualidad es un gran reto, pues hay que hacer frente al acoso de autoridades, de empresarios e, insisto, de la delincuencia organizada que en algunos estados es el brazo armado de las empresas para obligar a los indígenas a vender sus tierras o a cederlas para instalar megaempresas, como las eólicas, gaseoductos, mineras, cerveceras o embotelladoras de agua, entre otras, extrayendo “legalmente” los recursos naturales que, aunque cuentan con permisos y concesiones por parte del Estado, esto no quiere decir que estos procesos de extractivismo sean legítimos, pues tales permisos y concesiones se otorgaron violando el derecho de los pueblos indígenas a la consulta previa, libre, informada y culturalmente adecuada.
Los pueblos indígenas levantan la voz y ejecutan acciones legales para protestar por la imposición de la planta de amoníaco en Topolobampo (Sinaloa), los parques eólicos y el Corredor Interoceánico en el Istmo de Tehuantepec, o la Presa Mujer Solteca en Villa Sola de Vega, Oaxaca, por mencionar algunos ejemplos. Los nuevos colonizadores continúan con el acoso, el extractivismo tanto material como cultural y epistemológico, pero la población indígena se ha organizado y ha logrado detener algunos proyectos, como el carretero conocido como Corredor Zapoteca, por generar graves daños ambientales, despojo del territorio y del agua en el valle de Oaxaca.
Asimismo, luchan por ganar espacios, pero al mismo tiempo tienen la claridad de que el Estado también los abre por un tema de legitimidad, porque necesita responder a su argumento de “respeto a la diversidad y aprecio por los pueblos indígenas”, entonces crea instituciones y leyes que atiendan a esta población, para dar un trato paternalista que permita el control sobre los pueblos y territorios. Es por ello que, como pueblos, debemos evitar las divisiones internas, pues si no aprendemos a convivir con nuestras diferencias, si no aprendemos a organizarnos y unirnos para la defensa de nuestra vida, territorio, pensamiento, conocimiento y cultura, estamos condenados a desaparecer.