Galería / Vivian Maier, la fotógrafa que no conoció su legado artístico
- José Rivera Guadarrama - Sunday, 13 Sep 2026 02:08
Resulta curioso e interesante saber que una mujer que se dedicó a hacer fotografía sin ningún tipo de interés ulterior, sin remuneración, sin esperar reconocimiento alguno, y que murió sin haber visto las exposiciones a nivel mundial de su trabajo, se convirtió en una referente global por la calidad de su obra.
Esto nos remite al constante debate sobre la independencia del autor respecto de su trabajo creativo, en el que se supone que el resultado artístico se vuelve autónomo al poseer por sí mismo valores estéticos irrepetibles e irremplazables, más allá de la vida e ideología de su creador. Sin embargo, para poder apreciar esa totalidad, en determinadas ocasiones resulta indispensable hacer una revisión integral para revalorizar el mérito de ese legado artístico y así poder colocarlo en su justa dimensión.
De esta manera, podemos acercarnos al trabajo de la fotógrafa estadunidense Vivian Maier (1926-2009), quien durante su vida nunca realizó exposiciones, tampoco hay documentos que indiquen si tenía alguna formación artística o si perteneció a algún movimiento estético. Lo más claro que hay de su biografía es que se dedicó a ser cuidadora de niños y que en sus tiempos libres salía a la calle a tomar fotografías. Parecía llevar una vida simple, normal, sin grandes aspiraciones. Pero siempre llevaba una cámara fotográfica con ella; era su pasión, tanto así que a lo largo de cinco décadas acumuló más de cien mil negativos. La mayoría de esos trabajos fueron realizados en Chicago y Nueva York.
Vivian Maier nació en el Bronx, Nueva York, hija de madre francesa y padre austríaco. Se cuenta que en 1949, mientras se encontraba de viaje por Francia, comenzó a realizar sus primeras fotografías con una modesta cámara Kodak Brownie de tipo caja que contaba con una única velocidad de obturación, carecía de controles de enfoque y de selectores de apertura, es decir, no era fácil lograr buenas placas con ese aparato.
En 1951, Maier regresó a Nueva York y encontró trabajo con una familia en Southampton, por lo que se fue a vivir con ellos como cuidadora de sus niños y, en 1952, compró una cámara Rolleiflex. Este modelo ya contaba con todas las características profesionales para lograr buenos resultados.
De esa manera comenzó a captar la espontaneidad de las escenas callejeras ‒le interesaban las clases sociales desprotegidas‒, incorporando técnicas similares a las de grandes fotógrafos, como Henri Cartier-Bresson, Robert Capa, Ansel Adams, entre otros. Sin embargo, su falta de estabilidad económica y laboral le impidió revelar todos esos materiales. Lo más que pudo hacer fue acumularlos y guardarlos.
La amplia variedad de sus trabajos también incluye materiales a color. Utilizaba sobre todo películas Kodak Ektachrome de 35 mm, una cámara Leica y diversas réflex alemanas. Con ellas experimentaba y variaba de estilos, y sus tomas se volvieron más abstractas con el paso de los años.
Sin embargo, los problemas económicos de Vivian fueron aumentando. En 2008 se golpeó la cabeza mientras caminaba por las calles de Chicago y su salud se complicó, por lo que ingresó a una residencia de adultos mayores, de manera que todo su material quedó almacenado y olvidado.
Más adelante, parte de ese enorme legado llegó a manos de John Maloof, escritor y director estadunidense, quien lo compró en una subasta. Al revelarlo se dio cuenta de su gran calidad fotográfica.
Vivian Maier nunca se casó, no tuvo hijos y sí unos pocos amigos. Falleció en abril de 2009, a los ochenta y tres años de edad y dejó una importantísima obra fotográfica que ha sido expuesta en diferentes galerías del mundo. No pudo ver la enorme influencia que representa su legado artístico.