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El Estado y sus problemáticas: un estudio

El concepto de Estado en Marx: lo común por monopolios, Álvaro García Linera, Ediciones Akal, México, 2025.
Mario Bravo

Á

lvaro García Linera se define como un actor-investigador del Estado moderno. Nacido en 1962, en su ensayo El concepto de Estado en Marx, este intelectual y político boliviano parte de una premisa: “Todo indica que la mayoría de las teorías sobre el Estado funcionan parcialmente en momentos de estabilidad social. Sus hipótesis quedan arropadas por la regularidad predecible de los acontecimientos. Pero se desmoronan en los tiempos de inflexión histórica, y es cuando se develan sus inconsistencias.”

A partir de dicha premisa el autor emprende, con rigor, una revisión de las principales corrientes teóricas sobre el Estado: Maquiavelo, Hobbes, Locke, Rousseau y Hegel, para arribar después al marxismo de Lenin, Gramsci, Althusser, la mirada derivacionista y Jessop. En ese recorrido también dialoga con Weber y Bourdieu.

En tiempos como los actuales, cuando se desmantela el Estado con motosierra en Argentina y, al norte del Continente Americano, la maquinaria estatal estadunidense se utiliza para cazar migrantes, el ensayo de García Linera cobra una notable pertinencia política y ética. Sus páginas ofrecen herramientas teóricas para responder preguntas fundamentales que el propio ensayista formula en su obra: “¿Cuál es el origen del Estado moderno? ¿Qué es el Estado? ¿Cómo funciona el Estado? ¿Por qué obedecemos al Estado? ¿Y cómo desaparecerá el Estado?”

Si es verdad que, como sostiene el autor en el capítulo Estado y mercancía, “nadie escapa a la relación del Estado, desde su derecho de gestación y nacimiento hasta las implicancias jurídicas de su muerte”, entonces resulta insuficiente entenderlo únicamente como un lugar que debe ser asaltado tras una revolución o como un mero apéndice del sistema económico capitalista. Ahí reside una de las virtudes centrales del libro, pues evita los reduccionismos habituales en las discusiones sobre tal concepto: “así como el Estado no es una ‘cosa’, tampoco es un simple reflejo de la economía, una mera derivación de las relaciones económicas”, sostiene el teórico marxista.

Pero, entonces, ¿qué es ese “espantoso organismo parasitario que se ciñe como una red al cuerpo de la sociedad”, tal como lo caracterizó Carlos Marx en El Dieciocho Brumario? García Linera comparte una de las ideas más potentes de su obra: “el Estado es la continua centralización, monopolización y universalización de los comunes que surgen de la sociedad”. Es decir, la lógica estatal fagocita la vida social y comunitaria. La hace suya, la institucionaliza y la exhibe socialmente bajo el manto del “interés superior”, con el afán de transformarla “en actividad privativa de la burocracia estatal”.

García Linera argumenta esta tesis con riguroso método. Estamos ante un científico social que escudriña al Estado. Allí habita, paradójicamente, una de las pocas debilidades del libro: ¿puede escribirse sobre los dominados y los explotados en un registro menos academicista? Este ensayo es un arma para potenciar el cambio social, pero un arma con el seguro puesto, lo que podría dificultar su apropiación por parte de sectores populares y todo aquel que no conozca la jerga marxista o del pensamiento crítico. Ahí emerge un reto didáctico para la pluma del intelectual nacido en Cochabamba.

Asimismo, en El concepto de Estado en Marx podría echarse en falta algo no menor: un puente explícito entre la teoría y la experiencia del autor dentro de las fauces del Estado boliviano. No debe olvidarse que tuvo un papel protagónico como vicepresidente –de 2006 a 2019, en los tres mandatos de Evo Morales– y que padeció el golpe de Estado que lo llevó al exilio, primero en México y, más tarde, en Argentina. Esa dimensión testimonial, en primera persona, habría enriquecido el análisis sobre los entretelones del campo estatal en América Latina. ¿Esta omisión responde a un deliberado silencio personal, político o intelectual?

En resumen, si “nadie está fuera del influjo del Estado. Para bien o para mal, para dominar o ser dominados, todos los habitantes forman parte de la trama estatal y no pueden sustraerse a sus determinaciones”, tal como advierte Álvaro García Linera, sirva entonces dicha aseveración para aceptar la invitación del autor: preguntarnos por qué el Estado mantiene y –en algunos casos, aumenta– su legitimidad en nuestras sociedades y mediante cuáles procedimientos continúa organizando la vida de la mayoría de los seres humanos en el mundo.

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