Claudio Magris, escritor ejemplar

- José María Espinasa - Sunday, 13 Sep 2026 01:44 Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp
En el marco de la literatura italiana actual, y con los grandes antecedentes del siglo pasado, Claudio Magris (Trieste, 1939), autor de la novela Danubio, considerada su obra maestra, es también un asiduo escritor de artículos que son, se afirma aquí, “ecuánimes, sagaces, admirativos, inteligentes, expresan gusto literario e ideas políticas, amistades intelectuales y curiosidad por lo que ocurre en la cultura y en la sociedad”.

Los escritores italianos al final del silgo XX, sin hacer mucha alharaca, fueron ocupando un lugar sobresaliente. Después de la gran generación de narradores de entreguerras los autores italianos tenían siempre una condición, si no de excepción sí anómala, subsidiarios de lenguas dominantes en la cultura europea, como el inglés, el francés y el alemán. Pero de pronto estaba allí una serie de autores, fundamentalmente ensayistas, aunque no sólo, instalados en un quehacer literario absolutamente normal y cotidiano, marcado por lo excepcional –de éstos, el mejor ejemplo es Pasolini, por su obra y por su vida (incluido su lamentable asesinato).

Tal vez el mejor representante de esa tendencia sea Claudio Magris. Hay que agradecerle a Teresa Meneses el trabajo que se ha tomado traduciéndolo y dándolo a conocer entre nosotros. Fue un libro suyo, Danubio, a medio camino entre el ensayo y la ficción, hilado con el fluido tono del periodista, lo que lo situó en el panorama contemporáneo.

Magris tiene un aspecto académico, pero del bueno, en el que las herramientas son el rigor y la información, pero que no desdeña el estilo y la gracia narrativa. Al leer El tallo entre las piedras, antología de textos periodísticos suyos, me surge una imagen distinta de la que me había formado al leer sus obras mayores, Danubio o Microcosmos, por los artículos allí incluidos –y pocas veces esa designación “artículos”, ahora poco usada, es tan pertinente. Magris siempre se ha revindicado como lector y comparte sus hallazgos, descubrimientos, gustos y disgustos, inquietudes políticas y estados de ánimo. Escribir en los diarios le permite llevar una especie de bitácora pública de sus lecturas, en las que se mezclan clásicos y libros de actualidad, debates públicos, admiraciones intelectuales, afectos y amistades, sin romper un tono a la vez intenso y claro, que forma en sus lectores una cultura literaria. No es fácil hacerlo tan bien.

Fascinación por Trieste

No se trata de volver a repetir que el periodismo es a veces también gran literatura, sino refrendar la idea de un tejido de prácticas culturales que incluye desde los lugares –plazas, cafés, teatros, calles– hasta las costumbres, todo ligado a una ciudad fascinante, Trieste, con unas condiciones extrañas, que han provocado una gran literatura. No es una urbe en el sentido en que lo son París, Nueva York, Londres (no aspira a capital del mundo). Es una ciudad fronteriza, límite, pero sin la condición infernal que se suele asociar a esas ciudades (como por ejemplo Tijuana). La ciudad tiene rasgos propios de la Europa central –el bilingüismo, por ejemplo, en donde el alemán y el italiano conviven, pervivencia de dialectos y presencia de la parte balcánica. En esa ciudad vivió una temporada Joyce y allí nació, escribió y vivió Ítalo Svevo. Es, en el sentido más pleno, un cruce de caminos, es decir una encrucijada. Se ha dicho en muchas ocasiones, y Magris es muy consciente de ello, que es una ciudad con una personalidad propia, pero no deudora del turismo y de la historia, como Venecia y Florencia, ni de la economía y la industria, como Milán.

No es una ciudad alemana ni italiana ni yugoslava: es triestina, es decir, todo lo primero más algo más, no del todo fácil de definir. Las dos guerras mundiales del siglo pasado fueron un desgarramiento y remató el asunto la Guerra de los Balcanes. Los artículos de Magris son una lección de ética y un ejemplo de actitud ante la vida: ecuánimes, sagaces, admirativos, inteligentes, expresan gusto literario e ideas políticas, amistades intelectuales y curiosidad por lo que ocurre en la cultura y en la sociedad. Lo que busca es compartir esas lecturas, hacerlas comunes. Por eso puede ocuparse de autores en una visión de conjunto, de libros puntuales o hasta de tópicos o del contexto en que fueron escritos; no tiene posturas radicales y en él el pensamiento políticamente correcto no parece impostura. Además, si bien su intención es compartir lecturas y experiencias, no deja de proponer una mirada pedagógica que, sin embargo, no incomoda.

Danubio: la crónica fluvial

La considerada por muchos su obra maestra, Danubio, es uno de esos libros inspirados desde su origen: tomar como hilo conductor un río y sus orillas, lo que en ellas sucedió y está sucediendo desde un punto de vista literario y artístico, o cultural en su sentido más amplio. Pocos ríos en el mundo tendrán ese abolengo, tal vez por eso resulta extraño que no haya habido otros libros que lo tomen de modelo y hacer el Tajo, el Tigris, el Nilo o el Papaloapan. Sería un interesante desafío. En cierta manera es como si Magris y sus contemporáneos italianos hubieran leído Pueblo en vilo y hubieran aprendido en esa lectura una particular forma de la microhistoria. Si Luis González nos enseño a hacer de la historia una novela, en los italianos el ensayo se vuelve crónica fluvial, narración viajera. Frente a los abstrusos ensayistas franceses del postsesenta y ocho, los italianos recuperaron la levedad de Calvino y la densidad de Pavese mezcladas en una receta ideal. A veces pienso que fue un canto del cisne del ensayo nacido quinientos años antes con Montaigne y que el mundo del internet convertirá en obsoleto.

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