Bemol sostenido / Bajo Capital. Primera llamada

- Alonso Arreola @escribajista - Sunday, 13 Sep 2026 02:03 Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp

 

Tiene mucho de misterioso eso de las bajas frecuencias. La convención entre ingenieros y expertos dicta que por debajo de los 20 Hertz dejamos de escucharlas, aunque no de percibirlas. Para su conquista se necesita mayor energía que con las frecuencias altas, eso está claro. De allí que las bocinas más capaces de expulsarlas sean de gran tamaño y peso, así como los amplificadores que las animan. En relación directa con ello, por supuesto, está la participación de nuestro cuerpo, independientemente de los oídos. Tórax, abdomen, piel y huesos; información vestibular relacionada con el equilibrio y la aceleración, todo se confabula para que las frecuencias graves conquisten nuestra vida borrando la frontera entre escuchar y sentir. Diversos géneros musicales se sirven de ello.

No es casual que su existencia sea fundamental para el desarrollo de la vida, sobre todo en los mamíferos. Por eso los elefantes con sus retumbos infrasonoros, eficaces en la comunicación a larga distancia. Ondas que, como las de los tambores, viajan sin importar el contacto visual. Algo similar pasa con las ballenas barbadas, dada su anatomía coclear. Se trata de especializaciones semejantes por caminos evolutivos distintos. Rinocerontes, jirafas y aligátores se acercan a ese territorio sonoro, subrayando la idea de que lo grave es, probablemente, “grande”.

Truenos, maremotos, tornados, terremotos, erupciones y avalanchas se conectan, más allá de lo evidente, en un mundo de rumores asesinos. Lo acabamos de ver en la tragedia de Nepal y el Tibet. La anunciación de su catástrofe llegó con antelación desde lo profundo de la tierra y las montañas. La gente no veía, no entendía, pero escuchaba y, aun antes, sentía su destino. Los registros que nos quedan de teléfonos y cámaras fijas comparten justo eso: la gravedad aproximándose.

Así es. En la naturaleza hablamos de animales y eventos compatibles con una experiencia ancestral de escala, distancia, masa y fuerza. En otras palabras, de sonidos y vibraciones que pueden sugerir tamaño, proximidad, poder, profundidad, amenaza… Aunque también y, por lo contrario, solemnidad, estabilidad, soporte y cobijo. Quién diría que en una misma zona de la escala comparten sitio la violencia y la paz.

Pensamos, verbigracia, en los pedales en un órgano de iglesia ‒monumentales desde lo grave‒, lo mismo que en la expansión propuesta por los bajos del reggae o de la música tecno. También en el sonido dentro del útero. Esa es la propiocepción que nos ubica a través del oído, incluso antes de la conciencia. Por ello se dice que las altas frecuencias describen, las medias identifican y las bajas sitúan

Y bueno: ¿por qué acercarnos a este asunto un día como hoy, lectora, lector? Porque deseamos dar la: Primera llamada ¡Primera! de un evento que, según lo expuesto, tiene razón para existir. Se trata de Bajo Capital. Primer Encuentro Internacional de Frecuencias Graves (@BajoCapital). Un evento que nos involucra felizmente ‒bajistas como somos‒ y que durará tres días (diciembre 11, 12 y 13), dividiendo su contenido entre la Fonoteca Nacional de Coyoacán y el Foro La Paz de San Ángel, en CDMX.

En la Fonoteca ocurrirá una jornada académica, mientras que en el Foro La Paz sucederán paneles, un Bass Karaoke y un concierto con exponentes notables del bajo eléctrico, el contrabajo, el stick, el warr guitar, el bass synth y el hyperbass, pero también de instrumentos hermanados con sus frecuencias desde las músicas tradicionales: el tololoche, el guitarrón, el marimbol, la leona, el bajo cuarto y la tuba. Pronto daremos la Segunda llamada ¡Segunda! Con ella, grandes nombres involucrados. Mientras tanto… Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos.

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