Desde Italia Las voces del aire, los árboles y el mar
- Franca Mancinelli - Sunday, 06 Sep 2026 00:37
Pocas poetas italianas contemporáneas han sabido imponerse a la atención de la crítica y de los lectores como Franca Mancinelli (Fano, 1981). Su obra, frecuentemente densa y enigmática por la concentración del dictado y la búsqueda de un estilo incisivo, que excluya del texto toda palabra innecesaria, ha sido traducida al inglés y al español, y sus poemarios se siguen reimprimiendo y leyendo con creciente interés. La autora se describe de la siguiente manera: “Mi rostro está trazado con lápiz. Me gusta confundirlo con el de los demás. Estar al aire libre, frente a la brisa del mar y al soplo custodiado por las copas de los árboles. De niña tenía dos señas: al lado de un dedo el callo de la dibujante y en ambas palmas la línea sutil del que queda largo tiempo aferrado a una rama, meciéndose hasta que se ve forzado a dejarse caer al suelo como un fruto. Vivo junto a una pequeña maleta abierta. Nací entre las colinas y el mar Adriático, en Fano, en 1981. Parte de mi adolescencia queda en el fondo de un ropero, en dos cajas de libretas, cuadernos, hojitas atravesadas por una grafía sutil, de vez en vez confundida con la lluvia. Mi primer poemario, Mala kruna (2007), lo tengo casi tatuado en mi cuerpo. El segundo se ha formado como una infiltración en el silencio: Pasta madre (2013). El tercero se titula Libretto di transito (2018) y salió el mismo año que su traducción al inglés, Little Book of Passage. El título de mi más reciente poemario me lo sugirió un árbol: Tutti gli occhi che ho aperto (Todos los ojos que he abierto, 2020). Mis prosas sobre la infancia, el paisaje y la escritura se recogieron en un libro que por lo pronto ha salido sólo en inglés: The Butterfly Cemetery. Selected Prose (2008-2021)”.
Bajo estas líneas proponemos una selección de poemas y prosas poéticas inéditas en español y en parte también en Italia.
Stefano Strazzabosco
u
acá donde cada palabra es rama rota
árbol de música a la orilla del mar
cual llaga juntos estamos
lejos
sólo saliva quemada, magullado pecho,
mas si los ojos apoyaran a tus ojos
cada nudo en la sangre sería moño.
u
cuando me duermes en la mente
el cuarto tiene tu perfil
y cada cosa un sitio
como las venas.
Seremos dos camisas
colgadas una dentro de la otra.
u
que algo termine
y no quede el afecto
como espina en la boca.
Así deshago la ropa que los labios
cosieron punto a punto.
u
pero siempre tengo un amor que me lleva
como si fuera su perro
me jala si me paro a olfatear
estas gotas oscuras mías
antes del temporal.
u
aun cuando es el hacha que nos abate
uno sobre el otro en su montón de leña,
o cuando en una plaza nos rozamos
las lenguas como tallos sin flor,
estamos unidos y trenzados con paciencia,
un canasto que se balancea en los dedos
u
con un costado inmerso en el seto
y las manos que trituran feroces
fraternos andamos acariciando
el tórax de las rejas. Niños
deslizándose por la calle, una música
de barrotes y verjas.
u
por aceras y trenes
en pocas líneas una existencia
traducida en letra de imprenta temblorosa.
Escribirá siempre
porque no sabe hablar
su lengua tiene un hoyo como un céntimo.
u
que un cebo nos conduzca dentro
las luces del verano. Que un alfiler
nos sostenga las pupilas, nos fije
a una pared, decididos
a pertenecer a cualquier
colección de la especie.
u
con la constancia de los insectos
volvemos contra esta
luz que no se abre, que nos quiebra
¿cuánto tocaremos aún
en el vidrio que divide
al oxígeno del corazón?
u
Viajo sin saber qué me lleva hasta ti. Sé que estás yendo más allá de los confines de la hoja, de los campos cultivados. Es tu manera de venir a mi encuentro: como agua en camino derramándose. Mirando desde la ventanilla, te he leído en el rostro hasta que hubo luz.
u
Nadie calma el grito. No hay nada por donar como alimento. No se duerme con éstos pidiendo comida, rascan con el pico y las uñas, en vuelo quebrado, sucio sobre toda cosa. La mañana, las calles, y su grito insatisfecho. La taza grande de la plaza.
u
Con tu bien continúas tejiendo este espacio, a llevarle detalles y densidad. Tu bien es un hilo que se regenera de continuo formando una telaraña. Estoy envuelta allí, un poco viva y un poco muerta. Pero si desenrollaras el hilo y volvieras a ver, encontrarías una cruz rematada por un círculo. Tan sutil y leve, trazada en el polvo. Un soplo tuyo me liberaría.
u
Pero llevas arcilla. Agregas más arcilla del principio del mundo. Vas hacia los lugares rotos y vacíos. Te llaman desde los espacios cálidos, un albañil sudado sonriendo de su trabajo que se cae.
Sonríes, comienza de nuevo el tiempo. Una túnica tibia te envuelve hasta las sienes, te regresa a la cocina, en la vasija sobre la mesa. Te moja los cabellos, entre las manos grandes de tu madre.
u
la alarma no suena, mas es un hurto
con allanamiento. El amor
colgados nos lleva: su bolsa,
adentro nos pone nuestra miseria.
u
la pisas a diario
la más pequeña gracia,
flor hormiga en la hierba que crece
nomeolvides.
u
regreso, escucho el aire. Y luego salto.
Los dónde todos son provisionales.
Crecen como ramas.
u
estas páginas de cartílago
son el esqueleto en donde merodeas
como sombra en la sangre.
u
no crece, no echa raíces.
Lo que llevas está cortado.
Tengo un agua tibia y oscura
en mi tiesto de carne
para hacerlo vivir.
u
ve desde el cuerpo
como desde una boca abierta.
Es un rabdomante de precipicios.
En los ojos tiene astillas de obsidiana. l
Versiones de Marco Antonio Campos y Stefano Strazzabosco.