Cinexcusas / Películas lavacaras

- Luis Tovar @luistovars - Sunday, 06 Sep 2026 00:48 Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp

Sin importar quién la cuente, la historia de la llamada Operación Cisne Negro (OCN) siempre estará incompleta y será susceptible de toda suerte de sustracciones, añadidos, omisiones, desmentidos y súbitas revelaciones, como corresponde a los hechos y personajes en ella involucrados, a saber: OCN es como se le llamó al operativo de la Secretaría de Marina que condujo a la tercera y, al parecer, ahora sí definitiva captura de Joaquín el Chapo Guzmán, líder del Cártel de Sinaloa, hace una década y media.

Como consta en abundantísima videografía y hemerografía, el papá de los Chapitos llevaba casi seis meses prófugo –se fugó de la cárcel el 11 de julio de 2015–, escondiéndose en sus muchas casas de seguridad, y el 8 de enero de 2016 la Marina dio con él en Los Mochis, Sinaloa, en realidad sin habérselo propuesto porque más bien iban tras del Cholo Iván, uno de sus lugartenientes. El Chapo y el Cholo lograron huir por un túnel que conducía a las alcantarillas y ya sea verdad, verdad oficial o pura leyenda, se supone que salieron por una coladera, a punta de pistola se robaron un automóvil, éste fue reportado por robo, de chiripa un par de policías federales los interceptó y, según se mire, éstos se sacaron el premio mayor de la lotería o el tigre en la rifa: tenían en su poder al jefe de jefes y a su brazo derecho. Una vez más leyenda, verdad oficial o verdad a secas, lo que se ha dicho es que los policías federales retuvieron al par de narcotraficantes en un motel y allí esperaron hasta que llegara la Marina, se los llevara y tan tan.

Como es inevitable en un hecho de este calibre, son más las dudas y las imprecisiones que las certezas y éstas, fuerza es insistir, son tan elusivas como el número y la fuerza de los intereses de quien las sostenga: la Marina dice una cosa, la Policía Federal otra, el Gobierno central una más, y los medios sostienen decenas o cientos de certezas que, aunque relativamente unificadas, jamás van a coincidir a plenitud.

Verdades a elegir

Esa duda razonable, para decirlo con un concepto jurídico, es el forzoso punto de partida para dar o no por buena cualquier versión de los hechos relativos a la OCN. A la productora Draco Films y al cineasta Salvador Chava Cartas –en su filmografía obran Mirreyes contra Godínez, Sobreviviendo a mis XV y cosas así– les pareció bien atenerse a lo publicado en prensa por Héctor de Mauleón, así como pedirle a éste y a Bernardo Esquinca que escribieran el guión correspondiente para filmar La captura (2026), largometraje de ficción de ésos que, más que en cualquier otro aspecto de forma o de fondo, sustentan su valía en la frasecita “basado en hechos reales”.

Es inevitable insistir: aquí el problema radica en qué tan reales son los hechos que se suponen reales una vez vueltos guión de cine. Si lo fueran, deben darse por buenos despropósitos, francas torpezas o decisiones equívocas cuando no turbias, de los policías que fortuitamente aprehendieron al Chapo y al Cholo, como la suprema de llevarlo a un motel y no directo a una comisaría o a un cuartel de la Marina. También habría que dar por cierta una serie de casualidades definitivamente imposibles de creer –verbigracia que, de pura suerte, un policía amigo estuviera cogiendo en ese mismo hotel y terminara echándoles la mano–, pero sobre todo algo que considerado en perspectiva histórica sólo puede entenderse como la intención de reivindicar a la hoy extinta Policía Federal, demostradamente la corporación de “seguridad” más corrompida de nuestra historia moderna, creada por Felipe Calderón en 2009 y dirigida por el narcotraficante preso Genaro García Luna.

Que La captura esté bien o mal hecha es lo de menos: lo de más, lo que realmente cuenta, es entender por qué y para qué –o para quién– se le quiere lavar la cara al brazo armado de uno de los bandos de la falsa guerra contra el narco cuyos efectos hasta la fecha tanto está costando revertir.

Versión PDF