Biblioteca fantasma / Las mujeres y Cervantes
- Evelina Gil - Sunday, 06 Sep 2026 00:51
Quizá el nombre de Martha Bátiz no sea demasiado familiar para algunos, pero lleva toda una vida consagrada a la escritura, con una docena de novelas y colecciones de relatos en su haber. Abandonó una prometedora carrera como actriz en Televisa para marcharse a cursar un doctorado en la Universidad de Toronto y ha escrito la mayoría de sus libros en su lengua adoptiva. Las Cervantas (Hatchette, México, 2026) no es la excepción (A Daughter’s place, su título original), aunque ella misma se encargó de traducirla al español.
A Las Cervantas la respalda una investigación exhaustiva y de muchos años. La autora se propuso aproximarse a la realidad en lo posible, prohibiéndose idealizar o sublimar a sus personajes. Asombra su habilidad para hacerlos profundamente humanos y verosímiles, eliminando arquetipos de “buenos” y “malos”. Su Miguel de Cervantes es un buen tipo, a quien los traumas por la guerra han ablandado, tal vez demasiado. Incapaz de imponérsele a su mujer, Catalina; responsabilizándose con devoción de las mujeres de su familia: su sobrina Constanza (personaje interesantísimo), su cuñada Andrea y su hermana mayor, Magdalena, costureras de oficio todas ellas. Posteriormente manda traer a Isabel, una hija ilegítima que no tenía idea de que su madre, tabernera ya difunta, hubiera tenido una relación extramarital con un soldado destinado a convertirse en precursor de la novela occidental. Entre Miguel y su hija de trece años, que habrá de madurar en el transcurso de la narración, surge una relación sumamente complicada no exenta de cariño, pero también de mucho resentimiento por parte de la joven.
De patético soldado que retorna en lastimosas circunstancias, pasa a convertirse en el autor más leído y admirado del reino, por supuesto gracias a Don Quijote de la Mancha, obra redactada en el español del vulgo (como casi todas las obras maestras), generadora de loables críticas, y de la que se realizan lecturas en plazas públicas. Pese a que Cervantes parece un tanto obsesionado con Lope de Vega, el exquisito rival que públicamente desdeña su trabajo, éste sólo es referido en conversaciones, mismas que reflejan una de las más intensas rivalidades literarias. Hay que señalar que la “cervanta” protagónica ‒si bien todas ellas, incluida Catalina, la esposa, aportan emociones, sentimientos y lecturas de hechos varios‒ es, sin duda, Isabel, quien, a decir de la propia Martha, la impulsó a indagar en la vida doméstica del más grande autor en lengua española. Isabel es uno de los personajes femeninos más ricos de la literatura mexicana reciente. No es propiamente una heroína. Tampoco se le aborda como a una feminista sin conciencia de serlo, error en el que se cae a menudo al reconstruir personajes históricos femeninos. Es, eso sí, una muchacha terca, orgullosa, que todo lo cuestiona, sin perder esa esencia de mujer del Renacimiento; mujeres expertas en salirse por la tangente; en rebuscar por soluciones en las circunstancias más desventajosas y en explotar lo que la sociedad entendía por “argucias femeninas”. “Por demasiados siglos se ha juzgado a Isabel como una ingrata, una mujer rencorosa y desagradable. Algunos incluso la han llamado ‘la bastardilla’.” Bátiz construye a una Isabel de tremenda inteligencia que sortea las más crueles vicisitudes con pasmosa elegancia. Aunque al final nos sorprenda con una maniobra que, no por comprensible, deja de ser cruel.
Las Cervantas es, asimismo, una novela cargada de sensualidad. Las mujeres de Cervantes, desde la mayor hasta la más joven, incluida su virtuosa mujer que pasa la mayor parte del día orando por la salvación de su alma, traen consigo un temperamento arrebatado que las hace más sólidas como personajes femeninos de su tiempo. La historia de amor entre Miguel y Catalina, narrada por ella misma a través de cartas en apariencia piadosas, es un verdadero deleite y un giro radical respecto a cómo se ha representado al genio hasta este punto.