Bemol sostenido / Dolly Parton contra el prejuicio

- Alonso Arreola @escribajista - Sunday, 06 Sep 2026 00:58 Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp

 

 

Nos pasó muchas veces. No podíamos evitarlo. En la niñez y adolescencia sentíamos animadversión por personajes como el de Dolly Parton, salidos del ruralismo estadunidense, allí donde suelen anidar la intolerancia, el racismo o la ignorancia. No éramos conscientes de todo ello, desde luego, pero la sentíamos artificial, preocupada por asuntos que nada tenían que ver con nuestra vida. Estábamos equivocados.

A ver. De pequeños matamos el ocio con series televisivas ‒hoy repudiables‒ como Los Dukes de Hazzard. Estábamos lejos de comprender el terrible simbolismo que desarrollaba un automóvil pintado con la bandera confederada y cuyo nombre era el del esclavista General Lee. Pero una cosa era ver carros coloridos volando por caminos de terracería, y otra escuchar música country, última en nuestras preferencias mundanas.

Hoy, tras el reciente fallecimiento de la nacida en Tennessee, podemos recordar, haciéndole justicia y reconociendo el propio y bobo prejuicio, que las cosas cambiaron cuando en la juventud vimos la película Steel Magnolias (1989). Allí comenzamos a sospechar la complejidad de Dolly Parton. Luego, si se nos aparecía, la escuchábamos con atención, fuera en entrevistas o sobre el tinglado. En años recientes entendimos mejor su dimensión como cantautora. No nos volvimos seguidores, mas celebramos ángulos de su inteligencia creadora y social.

Dolly Parton evitó etiquetas sin revelar por qué partido votaba. No es difícil imaginarla republicana, pero en distintas películas y canciones abogó por causas progresistas (defendió el matrimonio homosexual y el movimiento Black Lives Matter; fundó bibliotecas y la creación de vacunas durante Covid-19, verbigracia), lo que hoy nos permite perfilarla distinto. ¿Por qué? Porque el mundo está en llamas, lectora, lector, y posiciones intermedias como la suya serán urgentes en los tiempos por venir.

Algo similar optó ante el feminismo. Dolly Parton tomó distancia del movimiento, pero abogó por los derechos de las mujeres y la igualdad en filmes como 9 to 5 (1980) y en composiciones como “Just Because I’m a Woman” (1968). Así, lo que para algunos parecía tibieza en realidad era una partida lenta de ajedrez. Allí causó intercambios y presiones valiosas. Digamos que, siendo venerada por millones de sureños conservadores, podía ejercer influencia positiva sobre la realidad con acciones de apariencia ligera. “Parezco una mujer, pero hago negocios como un hombre”, dijo alguna vez.

Dicho ello, clarificamos: no buscamos enaltecer súbitamente su legado aprovechando la muerte. Tampoco nos interesa compartir biografía (muy interesante, hay que decir). No somos ni seremos expertos en su huella. Deseamos, simplemente, señalar su presencia cultural y “unificadora” (así la acaban de describir, acertadamente, en un tributo de la cadena CBS), al centro de la cultura estadunidense, gracias a su sensibilidad y a sus dotes musicales. Algo innegable.

Por otro lado, aprovechando su fallecimiento, la mandarina podrida que habita la Casa Blanca ha ordenado que todas las banderas de gobierno bajen a media asta durante una semana. ¿Exagerado? Tal vez, pero muy pocos cuestionarán la decisión. El amor de Estados Unidos por Dolly Parton es inmensurable. Dicho ello, de este lado de la frontera también es buen día para escuchar uno de sus cincuenta discos. Comience con el temazo “Jolene”, eso no es negociable. Y que pervivan su sensibilidad e inteligencia. Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos.

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