Artes visuales / Tres milenios de Barro y cerámica en México
- Germaine Gómez Haro - Sunday, 06 Sep 2026 01:04
En el Palacio de Cultura Banamex-Palacio de Iturbide en el Centro Histórico de nuestra ciudad, está por concluir el 13 de septiembre una exhibición imperdible: Barro y cerámica en México. Poéticas de lo utilitario, integrada por 670 piezas que marcan un alucinante recorrido que va desde la época prehispánica hasta nuestros días. Este proyecto es el resultado de cuatro años de trabajo de dos destacados investigadores: Ana Elena Mallet, especialista en diseño moderno y contemporáneo, y Juan Coronel Rivera, escritor, fotógrafo, coleccionista e historiador del arte mexicano, cuya colaboración ha hecho posible la realización de otros importantes proyectos de revisión y divulgación de temas fundamentales, como diseño y vida cotidiana, platería e indumentaria y moda en México. El guión curatorial de la presente muestra se desarrolla a partir de la siguiente premisa: “¿Existe una continuidad iconográfica en la loza indígena; en el barro surgido del arte popular; en la cerámica de estudio?” El visitante elaborará su propia respuesta al final del sorprendente recorrido por las tres etapas de la alfarería mexicana: la histórica (1810-1910), la moderna (1911-1986) y el período contemporáneo (de 1987 a la actualidad).
La primera sorpresa nos atrapa al ingresar al majestuoso patio del palacio virreinal, en esta ocasión transformado en un laberinto que invita al espectador a perderse en el sinuoso camino que tiene como objetivo presentar las piezas de las distintas épocas en un dialogo que las entrevera. El diseño museográfico de Rodrigo Luna consiste en una elegante plataforma de madera recubierta de mármol, que serpentea por toda la superficie del patio y es el hilo conductor del visitante a lo largo de la extravagante propuesta curatorial. Decimos extravagante en el sentido de que rompe con cualquier diseño convencional de exhibición y resulta en sí misma una experiencia propositiva muy acertada. El piso original del recinto fue recubierto con losetas artesanales de barro, creando también un diálogo estético con la muestra.
Tuve el privilegio de hacer el recorrido con Ana Elena Mallet, quien hace énfasis en que “la vasija es el eje conductor de toda la exposición” y en el hecho de que las migraciones han jugado un papel preponderante desde tiempos originarios. “La cerámica se hizo para contener. Las tribus nómadas tenían que llevar sus granos de un lugar a otro”, añade para subrayar el carácter utilitario de la producción de barro y cerámica, y cómo las migraciones y el intercambio cultural han sido constantes en la historia de la humanidad. En el caso de la época virreinal, el impacto del comercio entre Asia, la Península Ibérica y la Nueva España a través de la Nao de China fue determinante para entender la influencia de las porcelanas orientales en las producciones locales que dieron lugar a la transformación de materiales, técnicas y estilos decorativos mestizos. Con la Independencia surge una nueva etapa marcada por los proyectos ilustrados que abren la brecha hacia la modernidad y el surgimiento de la industria cerámica y los talleres regionales que en la primera mitad del siglo XX despliegan una extraordinaria producción de temas nacionalistas y folclóricos, tanto para el consumo local como para el creciente turismo internacional. A partir de la introducción de técnicas de alta temperatura en 1955 y el establecimiento de talleres y centros de formación, la producción cerámica en México da inicio a un boom expansivo que se puede apreciar en la vastísima selección de diseñadores de cerámica contemporánea provenientes de muy diversos rincones de nuestro país. Uno de los aspectos fundamentales de este proyecto es mostrar que no existen fronteras entre arte, artesanía e industria, y que el barro conforma un lenguaje cultural ininterrumpido desde que el hombre primigenio tuvo la necesidad de “contener” sus alimentos hasta las prácticas artísticas de la actualidad