Anécdotas / Morelos: su decreto de 1813 y los sesgos algorítmicos
- Beatriz Gutiérrez Müller - Sunday, 06 Sep 2026 00:46
En el mes de la Patria, querida amiga, hay que festejar que somos una nación independiente, libre y soberana. Parece estribillo de canción, pero si nos remontamos en el tiempo, aquella lucha iniciada por Miguel Hidalgo y Costilla en 1810 marcó un antes y un después en la historia nacional. Al cura Hidalgo se le iniciaron dos procesos: uno eclesiástico y otro militar: en el primero, además de formularle ser cabecilla de una herejía y apóstata a la vez (es decir, predicar en contra de la fe católica y negar sus dogmas), lo excomulgaron; en el segundo, fue señalado de insurrecto, traidor a la corona española, sedicioso e incitador a la violencia. Fue ejecutado a los cincuenta y ocho años el 30 de julio de 1811, en la ciudad de Chihuahua.
No menos radical en la lucha insurgente fue su discípulo José María Morelos y Pavón, quien, como su mentor, también fue ejecutado. Pero mientras estuvo al frente de la rebelión independentista, emitió algunos ordenamientos como el de la abolición de la esclavitud “y todo lo que a ella huela”, la supresión de las castas y que los mexicanos pudiesen elegir con libertad a sus autoridades. El documento está fechado en Chilpancingo, el 5 de octubre de 1813. Me he detenido a analizar este histórico decreto que contiene, a su vez, tres grandes males que nos siguen aquejando. Esclavos viejos o modernos, de un modo u otro, nos hallamos sometidos a un sistema donde no son los que vemos quienes mandan o intentan ordenar, sino entidades sin rostro que deciden sobre la subordinación humana a múltiples actitudes: esclavizan no con cadenas como en siglos pasados; incitan al marcaje de castas y no creen en absoluto en el poder popular de elegir a las autoridades que habrán de gobernar. En su estrategia, basta un dedito haciendo click para que un algoritmo como el de Euclides impulse, detone, reste, maximice, reduzca, anule, desaparezca o haga existir a pueblos, naciones y personas.
Me quiero referir a esta avanzada propuesta de Morelos en 1813: que los mexicanos elijan a sus autoridades. El gran soñador recomendaba, con relación al sufragio libre que los organizadores de la elección (párrocos y jueces territoriales) “no los coartarán a [escoger a] determinada persona”. Admite que, ya electa, puede ocurrir que no tenga aptitudes para el cargo; entonces, sugiere que ante la falta de idoneidad se tienen que exhibir pruebas de lo anterior para que se repita la elección. Hay un país de América (a lo mejor, doña Clofis, pronto descifra de cuál se trata) que en su Constitución se establece lo siguiente: una persona electa y en funciones puede ser juzgada por “incapacidad moral o física”, y la mayoría del Congreso nacional determina la “vacancia”. En el concreto caso de esa nación, la “vacancia presidencial”. Debe ser destituido. Causa sospecha este procedimiento. Un grupito de parlamentarios, sin probar, y no como sugería Morelos, con pruebas y para que se realice una nueva elección, da paso a la vacancia. ¿Qué es “incapacidad moral”? ¿Cómo o de parte de quién se determina la “incapacidad moral”? ¿Se puede ser incapaz moralmente? ¿Bajo qué precepto o diagnóstico?
Pero no la distraigo con mis preguntas porque quiero homenajear al gran cura Morelos, quien no creo que estuviese concibiendo tal “ineptitud” en una autoridad electa por el pueblo a banderías politiqueras. No. Lo asentó así porque, quizá como todos los grandes hombres que lucharon por las independencias en las Américas, eran idealistas: la libertad expulsa por sí misma a la esclavitud, pulveriza a las castas y a la autocracia y hace del pueblo el poder soberano. Nuestros ancestros del XIX, mi querida Clofis, tuvieron que dar muchas batallas más para defender la soberanía, la independencia y la libertad. Aún a la fecha. Por ello hay que tener cuidado con el inofensivo dedito que se mueve para elaborar de manera perversa un algoritmo falso o verdadero; un “sesgo algorítmico”. ¡Aguas con la mano peluda!
¡Que le quede muy sabroso su pozole! ¡Felices fiestas patrias!