La otra escena / La poética textual de la puesta en escena
- Miguel Ángel Quemain quemain@comunidad.unam.mx - Saturday, 29 Aug 2026 22:55
El conjunto de piezas que conforman las obras inéditas de David Olguín, Amor y rabia (La Rana Ediciones, 2025) transitan en distintas dimensiones temáticas, de orden poético, dramatúrgico en lo que toca a la manera de nombrar, caracterizar y organizar a sus personajes, los tiempos y su plasticidad en el orden también de lo simbólico. Logra poner en contrapunto el flujo narrativo con la poética de lo teatral y plantear ideas a veces de consistencia onírica, pictórica, que por su diversidad siempre sorprenden aún en la reiteración de temas y hallazgos de estilo en la dirección de escena.
El dramaturgo posee una profunda comprensión del personaje que le permite saber, más allá de la ficción, que estará habitado en la piel de un actor. Una forma de vida para el personaje que complementará su vida textual, insuflado por el aliento del director que asumirá su facultad de reescribir la vida que le ha deparado al personaje con nombre o simplemente designado por una inicial.
Puedo ver el universo de Olguín ahora en una dimensión textual que fue abarcadora y envolvente como espectador. Sus puestas en escena con una riqueza vivencial distinta a la que tienen los textos en su silencio primordial, y que ahora ya no pueden separarse de los buenos recuerdos que quedaron como una sustanciosa reminiscencia. Una experiencia personal única, desde que uno se propone ir a la función hasta que la comunión de aplausos nos da certeza de que la experiencia única ha sido compartida.
Pasan los años y uno comparte, con otras almas afines al teatro, lo vivido, y se reconoce en los demás mucho de la experiencia que se tuvo en común entonces. Cuarenta años de vida escénica que cada lector tuvo oportunidad de compartir y hacer de este volumen una experiencia singular en lo que tiene también de historicidad la imaginación transhistórica de Olguín, sostenido como buen shakespiriano, en la observación puntual de la naturaleza humana que nos comparte en sus textos y puestas en escena.
Hay que reconocer en su obra la hondura de sus visiones sobre lo femenino, sea como atmósferas, representaciones en el universo masculino, en el imaginario de las propias mujeres representando lo femenino y lo que el propio dramaturgo, deslumbrado por su misterio, columbra en personajes tan poderosos como las propias actrices que han modelado su quehacer. Creo que la fundamental es Laura Almela, a quien el propio Olguín reconoce como un centro de flotación y gravedad.
En este teatro, junto con lo ya publicado por supuesto, se observarán con el paso del tiempo las anticipaciones, la sedimentación y el obligado registro de la diversidad sexual, las posibilidades del amor, las dimensiones del odio, el amor originario y desinteresado de muchos personajes que Olguín nos permitió observar en ellos cómo se despliega el amor por primera vez. La fuerza ígnea del sexo y el declive de la vida, incluido el del actor que vive, hasta convertirse en pavesa, como lo hizo Davison, su amor por la escena.
La edición apuesta por ver el teatro de Olguín desde nuestro presente, desde las obras más recientes. Para quien se proponga hacer el viaje de regreso, cuarenta años atrás, para encontrarse con las primeras obras, se sorprenderá con formas de ilusión muy diversas.
Está presente ya el acompañamiento de Laura Almela, muchos años antes de formar parte de su vida. Un material señero de lo femenino que condujo al director a los mejores rumbos de lo femenino: un amor decidido por la poesía que orienta un estilo de actuación, de distancia de sí mismo o de sí misma, de la emoción y la realidad del personaje, y conduce sin pretensiones a Olguín a apostar por una vía donde lo femenino adquirirá un estatuto crítico, rebelde y de perspectiva feminista. Lo mismo sucederá con la vitalidad de sus personajes jóvenes, reverenciados a su propia parentalidad y trabajo docente. Dos tomos profundamente radicales.