La ciudad y el pulso del poeta. Entrevista con Vicente Quirarte

- Ricardo Venegas - Saturday, 29 Aug 2026 22:20 Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp
El reconocido escritor Vicente Quirarte (1954-2026) fue poeta, investigador, especialista en literatura mexicana, catedrático, dramaturgo y miembro de El Colegio Nacional. Títulos como Elogio de la calle. Biografía literaria de la Ciudad de México 1850-1992 (2004). Teatro sobre el viento armado (1980), Fra Filippo Lippi: cancionero de Lucrezia Buti (1982), Vencer a la blancura (1982), La luz no muere sola (1987) y El ángel es vampiro (1991), forman parte de un itinerario que sus lectores recuerdan de un polígrafo que aseguraba: “Vivir es escribir con todo el cuerpo.” Realizada en 2005, esta entrevista hasta hoy inédita es un mínimo homenaje.

 

 

–¿Cómo aprecias la tradición de la ruptura en México, esta tradición de poetas latinoamericanos desde el Boom, y con una serie de fenómenos que nos dan obras de otros géneros como Rayuela. ¿Cómo observas estos mecanismos de ruptura en la poesía?

–Creo que la gran revolución en el lenguaje se da desde finales del siglo XIX, y lo que nos ha traído un aire renovador es la inexistencia de los géneros, quiero decir, los géneros comienzan a entremezclarse, de tal manera que Juan José Arreola tiene que acuñar el término “varia invención”. Claro que en nombre de esta varia invención se cometen muchas ligerezas; hay quienes dicen esto es un hai-kú nada más porque está chiquito. No se trata de eso, pero sí creo que con la ruptura se dio toda esta gama de literatura. De pronto llama Octavio Paz “arenas movedizas” a sus poemas en prosa, que de pronto pueden también ser cuentos, o lo que mencionas de Julio Cortázar, la escritura de Julio Torri... es una tradición tan larga, un compás temporal tan extendido que viene desde antes de lo que se llamaría la ruptura. Yo creo, para recordar una frase de Octavio Paz, Los hijos del limo, que es un verso de Nerval, son los que realmente consuman esa ruptura, que comienzan a ver la literatura como algo más que un ejercicio de retórica, como un impulso creador que va unido totalmente a la vida y que también modifica todas las maneras de apreciar los géneros literarios. Por eso es que hay una literatura tan intensa, tan variable; digo. Veamos algunos ejemplos en el caso de mi generación. Un libro como Conferencia de vampiros, de Francisco Segovia, que es aparentemente una narración pero que es un texto escrito con todas las armas del ensayo, con toda la erudición oculta, con todo el temblor y el temor de la poesía; la escritura de Guillermo Samperio en Gente de la ciudad, en donde te encuentras desde hai-kús hasta pequeños ensayos; la escritura de Fabio Morábito, en textos como Caja de herramientas, que también son cuentos, son ensayos, son poemas. Yo creo que la gran lección de la ruptura ha sido esa combinación de géneros que confluyen en una escritura, no poligrafía, porque también la poligrafía es dispersa, sino aquí en una escritura de una gran intensidad, de una gran altura.

–¿Perteneces a una estirpe de poetas que han logrado conciliar el aspecto académico con el de la práctica literaria? ¿Cómo le toma el pulso a la ciudad un poeta como Vicente Quirarte, heredero de una tradición como la de López Velarde o Efraín Huerta, que también le toman el pulso a la ciudad?

–Bueno, tú mencionas a dos maestros fundamentales para mí, López Velarde y Efraín Huerta. Cuando uno escribe poesía y escribe también trabajos académicos, no puede dejar de sentirse un tanto fuera de lugar. Yo creo que es un síndrome común, tú lo has observado muy bien con respecto a mi generación, como lo vio también Gabriel Zaid en el prólogo a los Nuevos poetas en México, que es una generación que tuvo acceso a una carrera universitaria y que se dedica en gran parte de ella a labores académicas o derivadas de su formación académica, y en mi caso creo que he logrado conciliarlo gracias a que mi trabajo de investigación cada vez se orienta más a alternar el análisis con la creación. Una colega me decía que yo todo lo inventaba, que mi trabajo no era de investigación sino de invención, y un muchacho una vez que leí un texto en Estado Unidos me preguntó: “¿dónde va a publicar su novela cuando la termine?”, y yo le dije, no pues si no es una novela, es un trabajo de investigación, pero si tú la escuchaste como una novela pues qué bueno, entonces por eso mi libro Elogio de la calle. Biografía literaria de la Ciudad de México, lo concebí para un lector no científico, por eso no lo quise publicar en mi querida UNAM, porque haberlo publicado en mi querida UNAM hubiera querido decir este es un libro académico, este es un libro sólo de investigación; por supuesto que es un libro de investigación, como lo es cualquier novela, o un poema ‒en un poema también tienes que investigar la vida y vivirla para poder escribir sobre algo‒, y creo que eso es lo que me ha permitido conciliar la academia, porque sí hubo un tiempo en que me preocupaba mucho no ser científico, no ser tan riguroso como esos ensayos sesudos que yo leo de algunos colegas, pero finalmente eso es lo que me está interesando mucho más, lo que es la historia cultural, la vida cotidiana, los fenómenos particulares de una sociedad a través de un escritor o de una generación. l

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