Bemol sostenido / Oriana Gidi, iloteca
- Alonso Arreola @escribajista - Saturday, 29 Aug 2026 22:59
Hace mucho que no lo hacíamos: reseñar un disco track por track. Pero esta obra nos obligó. Iloteca, se llama. Es de la artista mexicana Oriana Gidi. Leemos créditos que la sitúan musicalizando series, películas y momentos museísticos con gente como Patti Smith. Su talento es inmenso. Todo sobra al escucharla.
El tema de inicio, “Frozen Spiderwebs”, cuenta con la colaboración del bajista Joe Dart. ¿Le suena el nombre, lectora, lector? Puede conocer su trabajo buscando a Vulfpeck, banda en la que muestra brillantes ejecuciones y ‒como al lado de Gidi‒ su gran sensibilidad. Cantada en inglés, esta pieza fluye entre percusiones exóticas, teclados, sampleos y voces variopintas. Una obertura que introduce a la perfección el ludismo por venir. Digamos, además, que la producción y la mezcla del álbum entero son encomiables. Corrieron a cargo de la intérprete y de Alejandro Yelin. Juan García Petri fue quien masterizó.
“Madriguera”, abordada en español, fortalece la personalidad vocal de Oriana, así como un concepto que apuesta por la Naturaleza (sí, el mundo natural), tanto en lo lírico como en lo sonoro. Para ella se acompaña con las cuerdas de Rodrigo Duarte y Karina Cortés. La letra es inteligente y provocadora, cinemática como el score que le da sustento. Allí algo fundamental en el arte que despliega el proyecto: su huella narrativa; la “historia” como base y centro. Un coqueteo con la Esperanza Spalding de Emily’s D+Evolution y que, obviamente, responde a los estudios parisinos y la experiencia laboral de Gidi en torno al séptimo arte. A la buena influencia de su madre, actriz y cantante.
“Blue Bin Boy” vuelve al inglés de manera natural, pero ahora combinando compases irregulares, sobriamente dosificados. El mandato de su entramado se halla en la voz. No hay compromiso con patrones convencionales. Todo cabe en su imaginería gracias a una criba pertinente. A su alma vieja. “Recado”, de vuelta al castellano, confirma la brillantez (en doble sentido). Cita: “El mar se lleva todo tipo de cosas, no distingue entre feas y valiosas; en el fondo yacen anclas, en la superficie chanclas”. Surrealismo poético y sofisticación armónica llaman nuestra atención. Asimismo, las transiciones y el espectro estético, enorme para alguien tan joven. Luego suena “Gambler”, con otro texto en inglés. Nos gusta la trama orgánica entre el bajo de Valeria Cruz y la batería de Daniel Cuevas. Propone un cambio sustancial de tímbrica, mas continúa exhibiendo los arreglos isorrítmicos que permean el arreglo general. Es sólido. Da unidad.
Cita: “Sale del horno un pastel, después de un rato lo pasan a un plato. El molde se queda vacío, pero sigue caliente, se acuerda, lo siente. Le quedan migajas y miel. Horas después, aún sabe a él.” Pablo Neruda festejaría esta oda elemental y cotidiana; la mirada penetrante que Gidi consigue en la bella estampa de “Molde”. Nosotros aplaudimos su contención vocal. Su intimidad. La prioridad que otorga a su oficio, sin narcisismo.
“For Better” cambia su ambición instrumental, ahora inclinada a las virtudes del violín. Al mismo tiempo, empero, la interpretación de Oriana alcanza cumbres más elevadas. De su garganta surge un terciopelo sutil, confiado, frágil. Es una preparación de despedida que, finalmente, se cumple en “Verde”. Cierre de alternancia idiomática en el que, escuchamos ‒¡bendita sinestesia!‒ el crecimiento y clamor de plantas, árboles, flores. Sin letra. Epílogo instrumental capturado con gran sensibilidad. Y ya. Tremendo. Seguimos digiriendo. Corra. Escuche a Oriana Gidi. Será grande. Lo anunciamos. Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos.