Anticapitalista e insumiso: Raoul Vaneigem, el último situacionista

- Miguel Ángel Adame Cerón - Saturday, 29 Aug 2026 22:14 Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp
Autor de una extensa obra de reflexión filosófica y crítica política sobre la vida en el capitalismo y la sociedad del espectáculo y el consumo, el pensador belga Raoul Vaneigem (1934- 2026), recientemente desaparecido, “proponía la necesidad de hacer una nueva forma de vida, alejada de la espectacular primacía de lo económico, poniendo la atención prioritaria en las necesidades de una vida no sometida a las constricciones sistémicas que permitiera el desarrollo libre de la individualidad”.

Alos noventa y dos años de vida intensa, Raoul Vaneigem ((Lessines, Hainaut), Bélgica, 1934) falleció el pasado 28 de julio de 2026. Fue un filólogo, escritor, filósofo y activista de izquierdista, ingresó a la Internacional Situacionista (I.S.) después de conocer al marxista francés Henri Lefebvre, quien había trabajado el tema de la crítica de la vida cotidiana, el que lo recomendó con Guy Debord (autor de La société du spectacle y uno de los líderes de esa organización). Éste, a su vez, lo invitó a integrarse en 1961 y desde este año hasta 1972 en que presenta su renuncia formal, Vaneigem participa activamente.

La Internacional Situacionista

La Internacional Situacionista se forma en 1957 a partir de la reunión de varios colectivos y vanguardias artísticas e intelectuales como la organización más radical que plantea unificar:

1. la construcción de situaciones críticas y lúdicas de vida colectiva.

2. La superación del arte mediante su desmercantilización y su plena integración a la vida cotidiana.

3. La crítica y superación a la arquitectura capitalista y funcional, mediante la construcción de ciudades y espacios diseñados para el juego, la sorpresa y las interacciones humanas libres.

4. La crítica y praxis ideológica, política anticapitalista y antiburocrática a nivel individual, grupal y societal para superar las enajenaciones múltiples basándose en el marxismo abierto y crítico, y en el socialismo y el comunismo de consejos.

Cabe destacar el impacto político-ideológico y práctico de la Internacional Situacionista en el movimiento juvenil y estudiantil de 1968, pues fue definitivo e integral, como un impulsor estratégico, estético y de movilización de protestas innovadoras y de vanguardia. Aunque la Internacional Situacionista era pequeña, en varios movimientos logró desplazar las viejas doctrinas estalinistas de los partidos “comunistas” tradicionales para proponer los comités de acción, los lugares de situación, la formación de comunas, los consejos de trabajadores, etcétera, para ejercer desde allí una crítica radical a la vida y al vivir cotidiano, al consumismo alienante y burocratizado y a la sociedad capitalista de masas y del espectáculo. Fueron muy importantes tres textos que circularon y se discutieron en dichas movilizaciones que comenzaron desde 1967:

1. La Sociedad del espectáculo, de Guy Debord, que plantea que en el capitalismo moderno la vida real ha sido reemplazada por su representación visual, transformando las relaciones sociales en un mero intercambio de imágenes mediadas por el consumo, de modo que las personas se definen más por lo que aparentan.

2. El Tratado de saber vivir para uso de las nuevas generaciones, de Raoul Vaneigem.

3. “La Miseria del medio estudiantil”, una crítica reflexiva del papel de los estudiantes y profesores en las universidades con orientación capitalista.

Por otro lado, frases como “la imaginación al poder” o “no trabajéis nunca” fueron influencias de los núcleos de la Internacional Situacionista en dichos movimientos juvenil-estudiantiles.

El Tratado del saber vivir…

En el mismo 1967, cuando se publicó en Francia el libro de Guy Debord, se publicó también el Tratado del saber vivir (Traité de savoir vivre á l´usage des jeunes générations) Vaneigem proponía la necesidad de hacer una nueva forma de vida, alejada de la espectacular primacía de lo económico, poniendo la atención prioritaria en las necesidades de una vida no sometida a las constricciones sistémicas que permitiera el desarrollo libre de la individualidad y, con él, la organización de una forma de cooperación social sustentada en la autonomía y en la autogestión generalizada: priorizar la vida y acabar con las formas en que se articula la supervivencia, como revolución auténtica y, además, como única revolución en sentido pleno, como afirmación de la autonomía y la libertad contra todas las formas de la mediación.

A partir de del Tratado del saber vivir, Vaneigem va a reflexionar sobre las experiencias y alternativas subjetivas-intersubjetivas que ofrece la vida cotidiana ante las miserias que generan las múltiples alienaciones capitalistas. Esto se va a reflejar, entre otros, principalmente en sus siguientes textos: El libro de los placeres (1979), Aviso a los vivos sobre la muerte que los gobierna y la oportunidad de deshacerse de ella (1990), Por una internacional del género humano (1990), Declaración de los derechos del ser humano (2001), Del amor (2010) y Carta a mis hijos y a los hijos del mundo por venir (2012), entre otros. El hilo conductor de estas obras –sin perder nunca su politicidad crítica y revolucionaria contra la opresión mercantil– es el propósito de desarrollar, desde la subjetividad vital y desde el despertar de lo viviente (y de su conciencia práctica), una confrontación contra la muerte (que también está en uno mismo); es decir, el principio de vida en oposición al principio de muerte, la efectivización de la “alquimia de la felicidad” y de la “vida festiva”.

Escritos y actitud final

Coronavirus/Insurgencia Viral (2020). Textos sobre la pandemia y revueltas (2020-2021), El libro de los placeres (2022); Retorno a la vida y Sólo nos gobierna el miedo (2023); Texto sobre los disturbios en Francia y los Chalecos Amarillos (2023); Abrir lo imposible: el revoloteo de las alternativas (2023–2024); Abolir la depredación, volver a ser humano (2024), Vivir (2024); Acracia y autogestión (2024); Prefacio a “Le Petit homme du rien” (“El hombrecito de la nada”, 2026); Grimoirer: journal d’une alchimie du moi (Grimorio o libro de fórmulas mágicas: Diario de alquimia de mí, 2026).

En general, en sus escritos de los últimos años, Vaneigem siguió reflexionando radical y críticamente sobre la transformación del vivir cotidiano, los placeres, sobre los movimientos (Neozapatistas, Rojava) y procesos de autogestión comunitaria, entre otros; así como sucesos históricos como la pandemia, reivindicando la soberanía de la vida frente al miedo institucional y global, y mostrando su insumisión y radicalización vital frente a la mercantilización del mundo. Raoul Vaneigem mantuvo hasta sus últimos días en Barcelona, donde vivió sus últimos años, la postura de no negociar con las estructuras institucionales, promoviendo en su lugar la desobediencia civil y la creación de redes de agricultura y servicios de gestión local totalmente emancipadas.

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