1954-2026 Vicente Quirarte: retornar tras los combates

- Mario Bravo - Saturday, 29 Aug 2026 22:16 Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp
Esta semblanza rinde un breve y merecido homenaje a uno de nuestros escritores contemporáneos más destacados. Poeta, narrador, historiador, ensayista y cronista, dejó una obra versátil y merecedora de varios reconocimientos, entre ellos, el Premio de ensayo literario José Revueltas 1990, el Premio Xavier Villaurrutia 1991 y el Premio Iberoamericano de Poesía Ramón López Velarde 2011. Fue miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.

 


 

En pleno invierno, aprendí por fin que había en mí un verano invencible”, escribió alguna vez Albert Camus. Esta frase puede fungir como epígrafe de la vida de Vicente Quirarte (1954-2026). Nacido en el entonces Distrito Federal, fue el segundo de los cinco hijos de Martín Quirarte y Luz Castañeda. Ella fue un contrapeso a la figura paterna, un complemento imprescindible: “Mi obsesión por vencer el lado oscuro de la Fuerza no existiría de no ser por la constante lección de optimismo de mi madre frente a la melancolía paterna, ante la culpa experimentada por estar lejos”, dijo Quirarte en el libro Luz armada. En la novela La invencible destaca la figura de su madre: “su feroz inocencia era espada invisible, eficaz, contra la sombra”.

La infancia de Vicente Quirarte transcurrió en el Centro de la capital mexicana, entre los abarrotados libreros de la biblioteca paterna y un hábito materno: “Mamá nos hizo de los de a pie. Convirtió la necesidad en oficio y arte. Una forma de ser y meditar.” Entre los libros del padre –historiador y profesor en la UNAM– y el andar por las calles de la ciudad, aquel niño recibió dos aprendizajes decisivos de cara a su futuro.

II

Al desembarcar en la juventud, dirigió sus inquietudes intelectuales hacia la Universidad Nacional. Allí se graduó en Lengua y Literaturas Hispánicas, en 1982. Hasta aquí, esta semblanza reconstruye una biografía sin tribulaciones ni heridas. Pero la vida no opera así. Dos años antes, el 13 de marzo de 1980, su padre impartió clase en la Facultad de Filosofía y Letras, salió del aula y se suicidó al lanzarse desde un puente en Ciudad Universitaria. Así definía Vicente Quirarte a su progenitor: “contradictorio pero apasionado, insolente mas honesto, olvidadizo y genial, distante y próximo. Siempre en llamas”.

“Mi padre, que era un gran profesor, de pronto se dio cuenta de que ya no podía escribir. Podía haber seguido viviendo mediante la enseñanza, pero lo venció esa soberbia terrible del escritor que es ‘si yo no escribo, no vivo’”, dijo el miembro de la Academia Mexicana de la Lengua en entrevista con Ignacio Ballester Pardo. Un golpe tan bestial, ¿cómo configuró la escritura del futuro poeta y ensayista? El dolor, la muerte y la incertidumbre ante los avatares de la vida atravesaron buena parte de la escritura de Vicente Quirarte. Lejos de sucumbir ante la tragedia familiar, hizo que la pena habitara en la poesía: “El poema es lo que queda a aquellos que quedan”, escribió la francesa Claude Ber. Años después nació Razones del samurái (2000), poemario en el cual su autor reabrió la herida. Y la limpió, con paciencia: “Y mientras yo pensaba que la vida/ era para mi sed un mar pequeño,/ te tirabas –sereno– de aquel puente/ para dar comienzo a las preguntas.”

III

“Los hijos de suicida conocemos un camino de salida. Nuestro doble trabajo consiste en explorar otros senderos. […] Aunque no se lo proponga, el suicida traza para los suyos un camino”, elucidó en la novela La invencible. A la muerte de su padre se sumó, en 1998, la pérdida de su hermano mayor, Ignacio: “Se suicidó a la edad de Lovecraft, de Pessoa, de Musset. Temprano todavía para irse. Tarde para empezar de nuevo”, reflexionó Vicente Quirarte en la revista Luvina. Tras esas pérdidas, el escritor eligió otros senderos y forjó su carrera académica: cursó estudios de maestría en Letras Hispánicas y de doctorado en Literatura Mexicana, ambos en la UNAM. Además, volcó sus inquietudes intelectuales y las heridas del pasado en decenas de libros de poesía, prosa, teatro, novela y ensayo.

IV

Continuó en la vida, no sólo sobreviviendo sino combatiendo en favor de la belleza alojada en la amistad, el amor, la escritura y el hábito materno de caminar la ciudad. La escritura de Vicente Quirarte parece operar como una forma de reelaboración del pasado: una manera de reescribirlo. “La memoria es un barco de papel/ donde puedes guardar una ballena./ Armado en astilleros del pupitre,/ lo doblan manos frescas de muchacha,/ navega sin que nadie lo bautice/ y resiste las peores marejadas”, dejó asentado en el poema “La piel del mar”.

V

El pasado 11 de agosto, a los setenta y dos años, el miembro de El Colegio Nacional murió en esa urbe a la que dedicó el profuso ensayo Elogio de la calle. Biografía literaria de la Ciudad de México. 1850-1992: “Pensar en la ciudad, vivir en ella con plena conciencia, es también una forma de escribirla”, enfatizó en aquel libro. Ganador del Premio Xavier Villaurrutia en 1991, lector constante de Luis Cernuda, Gilberto Owen y Moby Dick, alguna vez recordó Quirarte, citando a Juan Rulfo, que la tranquilidad “puede ostentarse […] cuando se está de vuelta de todos los combates, cuando se ha tenido valor para ser arrastrado por la ola de la gran pasión que nos está destinada”.

Vicente Quirarte ganó su derecho a la tranquilidad. Justo en esta época del año, en verano, ha retornado de sus combates.

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