La otra escena / Amor y rabia, el teatro inédito de David Olguín
- Miguel Ángel Quemain quemain@comunidad.unam.mx - Saturday, 15 Aug 2026 23:13
David Olguín lo llama “mi teatro inédito, lo que hasta ahora no se había publicado”. Se trata de las veinticuatro obras que integran las más de mil 200 páginas en dos tomos titulados Amor y rabia (Ediciones La Rana, Secretaría de Cultura de Guanajuato), con prólogo de Juan Manuel García Belmonte e introducción del propio David Olguín. Son las obras que han corrido en la periferia del trabajo ordenado y puntual para la imprenta, vigilado por un estricto seguidor del proceso editorial. Estas obras, poco más de una pieza cada dos años, siguieron en su mayoría el rumbo de la puesta en escena que deja el texto abierto. Un “libreto”, así se le suele llamar también, una especie de manuscrito, engargolado en el mejor de los casos, subrayado y anotado hasta el cansancio, para marcar el aterrizaje de una obra en unos cuerpos y su despliegue en un espacio, para posteriormente abandonarlo a la espera de una posible publicación. Es un texto que ha sido transformado con esa rumia constante y feroz que los actores emprenden para apropiarse del texto hasta hacerlo respirar a su modo.
Juan Manuel García Belmonte se empeñó en conquistar, para la historia del teatro mexicano, este par de tomos que contemplan el desarrollo de unas ideas que muestran las posibilidades colectivas de una imaginación individual, que se despliega en un repertorio amplio de espacios en festivales y encuentros, pero fundamentalmente en tres espacios ígneos, de enseñanza: uno es el Centro Universitario de Teatro, el CUT; el segundo es la Escuela Nacional de Arte Teatral del INBAL y, el tercero, el Teatro El milagro, donde se materializaron gran parte de los sueños escénicos reunidos en estos dos volúmenes, con ese compañero que es el iluminador y escenógrafo Gabriel Pascal.
Las publicación rememora con fotografías las puestas en escena y al final de cada obra se anotan ampliamente los créditos de quienes hicieron posible los montajes. No se trata de una edición crítica pero, entre las cosas que plantean estos volúmenes, sí son las formas de acompañamiento que la prensa cultural y de espectáculos ha hecho del trabajo de este autor y director. Me parece importante puntualizarlo, porque la fotografía forma parte de este quehacer y las reunidas aquí fueron en gran parte provistas por los propios participantes.
La crítica y la prensa cultural se pondrán a examen con el tiempo, por su forma de acompañar, escuchar y dar voz a uno de nuestros dramaturgos más importantes y diversos de la escena nacional. Olguín es un artista flexible y amigo de la prensa cultural y de la crítica teatral, siempre dispuesto al diálogo. En el caso de El Milagro, las personas que han atendido la prensa tienen un respeto evidente por el trabajo periodístico y siempre han sido mucho más que un equipo de relaciones públicas, y se han asumido como un puente que permitirá indagar en la recepción mediática de este trabajo artístico.
No todas las obras se han llevado a la escena y eso también le da su carácter de inédito. Son un guiño para quienes busquen la posibilidad de montar un texto mexicano, contemporáneo, vivo, y que tenga la transversalidad en su lenguaje, la capacidad de atravesar varias capas de significado que den cuenta de lo que somos los que hablamos en este territorio. Pongo el acento en esta posibilidad de búsqueda porque, a pesar de que en Olguín hay un tratamiento singular de personajes universalizados, también está presente un registro de la historicidad que data la escritura y la puesta en escena. Eso sólo se logra con un oido finísimo para poetizar y transcribir el habla hasta que el fraseo o el diálogo vuelven indistinguible dónde empieza el oído del dramaturgo y dónde su imaginación verbal. La edición es fina y precisa: el texto puede ser muy ameno, divertido, aleccionador, ejemplar, pero si no hay ese punto fino que distingue la dramaturgia de la narrativa, la lectura es un fardo.