Cinexcusas / Quién filma qué y para quién: apuntes para entender inercias (I de II)

- Luis Tovar @luistovars - Saturday, 15 Aug 2026 23:02 Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp

Nunca se sabe cómo y en qué preciso momento nace la cinefilia: puede ser que a uno le haya sucedido ver películas desde que tiene uso de memoria, e incluso antes, cuando los padres de uno lo llevaban al cine o, en casa, lo ponían frente a una película aunque la memoria no lo registre, y cuando menos se dé cuenta ya tiene inoculado ese dulce veneno que mueve al protocinéfilo a ver una y otra y otra, cosa que tan pronto pueda habrá de hacer por su cuenta, sumando títulos hasta llegar al punto en que serán incontables, y esa costumbre/adicción no consistirá en ver y listo sino que, ya sea de manera voluntaria y consciente o todo lo contrario, paso a paso, filme a filme, habrá de hacerse con un acervo fílmico memorioso necesariamente personal, con abundancias, escaseces y carencias dictadas por esa otra condición, de suyo y por principio tan azarosa y esquiva, conocida como “gusto”, mismo que, también inevitablemente, es visto por quien lo posee en calidad de non plus ultra: si la película me gusta quiere decir que es buena; por consiguiente ninguna que no me guste lo es, y poco o de plano nada le dicen al cinéfilo las muchas, demasiadas listas de “lo mejor” y de “lo peor”, ya sean anuales, nacionales, decianuales, internacionales o pretendidamente historicototales.

Póngase un ejemplo contemporáneo: si al cinéfilo –y, para el caso, lo mismo el cineespectador promedio– le gusta lo que filma Guillermo del Toro, no sólo no tiene empacho en declarar, porque honestamente así lo considera, que El laberinto del fauno, La forma del agua, así como los deltorianos Pinocho y Frankenstein son cuatro de las mejores películas jamás filmadas, sin siquiera imaginar lo sencillo que resulta desmentir tanta osadía, y sin hacerse cargo de la precipitación de sus entusiasmos. La realidad, mucho más escueta, es que si a Masdeuno cuatro películas de prístina medianía, como las referidas, le pueden parecer obras maestras o cosa parecida, en enormísima medida se debe al gusto, entendido como se expuso líneas arriba.

Géneros rotos y mundocabezas

Más que aceptadas, frases como “en gustos se rompen géneros” y “cada cabeza es un mundo” suelen tomarse con ánimo conclusivo, virtualmente axiomático: quienes apelan a ellas lo hacen para dar por zanjado cualquier cuestionamiento en contra del antedicho y personalísimo non plus ultra, en particular el propio, evitándose así la fatiga de explicar/se por qué le gusta lo que le gusta o, todavía más cuesta arriba, modificar sus gustos ya sea por sustracción –que me deje de gustar tal o cual película ahora que tengo clara su calaña– o por adición –que empiecen a gustarme cintas a las que antes “no les daba la oportunidad”, con todo y la chistosísima arrogancia implícita en esta última idea.

Aquí se ha abordado más de una vez
el hecho concreto, verificable y lamentable, de que el grueso de los gustos cinéfilos mexicanos no rompen muchos géneros ni suman muchos mundos que digamos: han sido creados de origen, esculpidos poco a poco y pulidos incesantemente por el aluvión de filmes con palmario formato hollywoodense: dicho de modo sumarísimo, se trata de la reivindicación, promoción, exaltación y perpetuación del individualismo triunfante y del bien contra el mal, para un optimismo absolutamente desasido de la realidad que, se supondría, el cine refleja. Poco importa el género fílmico, s
i es comedia, romance, thriller, terror, drama, melodrama, parodia y sus infinitas combinaciones, el fondo y el destino siempre son los mismos: desafíos y entuertos habrán de resolverse, el bien triunfará y el héroe volverá a casa cubierto de gloria, así sea una de pacotilla.

En particular desde hace tres décadas aproximadamente, buena parte del cine mexicano no es sino copia, sombra pálida de aquella fórmula, tanto en el mencionado formato como en otro aspecto crucial: quién filma, qué filma y para quién lo hace (Continuará.)

Versión PDF