Bemol sostenido / Francisco Téllez, medalla Bellas Artes
- Alonso Arreola @escribajista - Saturday, 15 Aug 2026 23:21
Es momento de ponerse de pie y aplaudir. La Secretaría de Cultura tomó la decisión indiscutible de otorgar la Medalla Bellas Artes 2026 al maestro y compositor Francisco Téllez. ¿Ha escuchado su nombre, lectora, lector? No sólo se trata de un pianista extraordinario, de un compositor prolífico y de un investigador incansable; pocas figuras han hecho tanto por fortalecer la historia de nuestro jazz desde una labor silenciosa, cotidiana y longeva. Porque sí: a los ochenta y un años de edad Francisco Téllez sigue tocando con su Cuarteto Mexicano de Jazz.
Nacido en 1945, formado como pianista concertista en el Conservatorio Nacional, heredó una tradición familiar que tenía a la música como centro de vida. Enamorado de la improvisación, entendió luego que el jazz requería algo más que instrumentistas aislados. Necesitaba una escuela. Así, en 1980 fundó el Taller de Jazz de la Escuela Superior de Música y, dos décadas después, creó la primera licenciatura del género en nuestro país. Una verdadera hazaña en ese contexto.
Recordemos: el jazz era visto con recelo desde las instituciones. Se trataba de una música extranjera, sin arraigo en espacios académicos. Su teoría llegaba a cuentagotas, la bibliografía era escasa, conseguir partituras era una aventura y muy pocos podían viajar para estudiar desde las fuentes. Digamos que, como pasó con el rock, este arte se aprendía escuchando discos, copiando y variando solos, intercambiando fotocopias, haciendo preguntas y, sí, equivocándose con dignidad. En esas condiciones Francisco Téllez organizó una trinchera notable.
Pensamos además en otros músicos que mantuvieron viva la llama cuando el jazz se abría camino en México, como en el mítico y desaparecido Arcano. Allí vimos a Chilo Morán, al inolvidable Víctor Vitillo Ruiz, a Miguel Salas, Enrique Nery y Mario Patrón, entre muchos más que resistieron desde la obstinación. Ellos y otros prepararon el terreno que Téllez consiguió llevar a las aulas. Sin su aportación sería imposible explicar las bases y el desarrollo de un estilo que más tarde se elevaría con gente como Agustín Bernal o Héctor Infanzón.
Por otro lado, la obra de Téllez se extiende a composiciones, arreglos, grabaciones, investigaciones y publicaciones, siendo lo más importante e invisible, las centenas ‒quizá miles‒ de alumnos que pasaron por sus clases durante cuatro décadas. Muchos lo recuerdan como exigente, curioso, convencido de que el jazz podía transmitirse con el rigor de otros géneros. Si no había materiales, los producía; si no existían programas, los diseñaba; si no había festivales, los organizaba.
Finalmente, este reconocimiento honra una manera de entender la educación como labor fundamental y de largo aliento. Mientras los discursos culturales ensayan distancia frente a estéticas importadas, recordamos aquí que las tradiciones no se fortalecen levantando fronteras sino dialogando entre sí. El jazz, adaptado creativamente por músicos nacionales, forma parte de nuestra historia sonora. Muchos de ellos pasaron por la escuela de Francisco Téllez, fundada contra todo pronóstico. Así, hay medallas que distinguen trayectorias, pero esta celebra una herencia que seguirá fluyendo después de que termine el aplauso. Postdata. Francisco Téllez no es amigo nuestro. Cosa rara y pese a las veces que lo hemos visto tocar en directo, ni siquiera hemos conversado con él. Su oficio, en cambio, nos ha orbitado desde siempre. Lo felicitamos. Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos.