Marginales / Eduardo Soto Millán, homenaje en la Fonoteca Nacional

- Gonzalo Valdés Medellín - Saturday, 08 Aug 2026 22:50 Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp

 

 

 

Hemos sido, desde que nos conocimos a inicios de los años ochenta, Compañeros de ruta, así definía José Antonio Alcaraz a esa especie de amistades, de afinidades selectivas que iban caminando por la vida siempre nutriéndose recíprocamente, apoyándose, impulsándose, dándose cuerda para proseguir los caminos, y eso es lo que hemos sido Eduardo Soto Millán y yo, Compañeros de ruta, discípulos de Alcaraz y amigos mutuos de otros tantos personajes de la vida cultural de aquellos inolvidables ochenta: Alicia Urreta, Manuel Enríquez, Mario Lavista, Emmanuel Carballo, Eduardo Neri Chaires… Ya todos desaparecidos.

Para Soto, Urreta, la gran compositora, fue presencia fundamental en su formación de joven músico, al igual que Enríquez y Lavista, creadores del espectro musical vanguardista del México del Siglo XX.

Eduardo ha sido imparable: compositor, maestro, difusor, musicalizador de teatro (magistral su música para La Bolivariada de Graciela Henríquez, a principios de los noventa) y funcionario cultural en el área musical de indistintas instituciones, en una trayectoria de ya casi medio siglo, que no ha dejado de lado la investigación, la musicología, el periodismo cultural, la crítica…

Soto Millán no se limitó a explotar un solo aspecto de su talento primordial, la música, sino que rastreó, buscó, halló vertientes para explorarse como creador de nuestro tiempo, artista del siglo XX, y que hoy, avanzado el XXI, ha cosechado un gran catálogo de obra musical que lo coloca siempre en la proa de la música nueva, experimentando formas acordes a la evolución del arte sonoro mundial.

Imposible no recordar con gratitud los sensibles aportes de Eduardo Soto Millán a mi trabajo teatral: musicalizó en 1994 mi obra A tu intocable persona ‒por la que mostró siempre gran entusiasmo‒ con una partitura entrañable; y para mi montaje de Los huesos del amor y de la muerte de Hugo Argüelles, en 1997, concibió un fondo musical imponente, una auténtica dramaturgia sonora.

La Fonoteca Nacional ha rendido un justo Homenaje para el gran compositor y difusor cultural. Nada más acertado y loable que este reconocimiento a Eduardo Soto Millán que, por cierto, es mi amigo de toda la vida.

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